La Ciudad

Los 40 años de Pampa Fértil

Raúl Antonio Elías: “La vida fue muy buena conmigo”

17|05|20 10:57 hs.

En una de las paredes de las oficinas de Pampa Fértil, en la parte inferior de un cuadro, se puede observar la fotografía de un carretón antiguo. A la derecha de la imagen, una leyenda descriptiva indica lo siguiente: “Carruaje de reparto y venta de mercadería. También conocido como ‘mercachifle’ de Izhaia Elías”.


Raúl Antonio, hijo de Izhaia, le muestra el cuadro a La Voz del Pueblo. Es un verdadero testimonio histórico sobre el camino recorrido por la familia, con un legado de “honestidad y trabajo”. 

El sábado 2 de mayo, la empresa cumplió 40 años, y su director ejecutivo compartió con este diario un análisis de la trayectoria, los logros, las adversidades que pudo superar y las perspectivas de seguir creciendo. Subraya, con convicción, que “estoy agradecido a la vida, fue muy buena conmigo, a pesar de que tuve varios achaques de salud. Pero –reitera- fue muy buena”.

Desde Beirut 
Izhaia nació en Beirut, la capital del Líbano. Raúl Antonio Elías relata que “primero vino mi abuelo, que se llamaba Domingo Elías. Llegó en 1910, con un grupo de hombres. Al año trajeron a las mujeres, entre las que se encontraba mi abuela, con mi papá en los brazos”. 

La familia se radicó en José Guisasola (El Perdido). “Mi abuela tuvo la mala suerte de que en el camino le agarró la fiebre amarilla, junto a otras personas. Estuvieron tres meses fondeados en el barco, afuera de Francia. Un viaje que duraba un mes, se extendió cuatro”, observa. 

El Hotel de los Inmigrantes era el lugar de recepción de los recién llegados al país. Como el marido había venido a José Guisasola, ella tuvo el mismo destino; “había un tren hasta Azul, desde donde tomó una diligencia. Tardó quince días para arribar a Guisasola”. 

No sabían castellano, y si bien el abuelo provenía de una familia que “tenía bastante dinero”, dejó todo en Beirut. “Mi abuela cuando vino tenía quince años, en ese momento no había buque de pasajeros con las comodidades que hay ahora”, señala. 

Sus antepasados vinculados al comercio parecieron guiar los pasos de Domingo Elías, quien recorrió Quequén Salado y “quería poner un molino harinero aprovechando la fuerza del agua, pero murió a los 35 años”. 

Por ser el hijo mayor, Izhaia -aunque todavía era muy chico- quedó a cargo de la familia. “Le tocó andar por los campos vendiendo, el clásico turco mercachifle -afirma-. Tuvo que agarrar las carretas y salir, vendía lo que podía, ropa, fruta, leche”. 

Raúl Antonio Elías rememora que su padre le contaba que “a veces lo agarraba un temporal y a lo mejor estaba diez o quince días en un campo, porque no podía volver. No había galpones, mi viejo dormía debajo de la carreta para que no le robaran la carga. Tuvo trece hermanos, de los cuales vivieron nueve”. 

 En 1939, Izhaia se casó con Adela Moreno en Oriente, de donde era su flamante esposa. Tuvieron seis hijos, tres varones y tres mujeres; “soy el cuarto de la serie”, comenta sonriendo.  



Evolución 
Tiene en claro lo principal que le dejó su padre: “Nos transmitió honestidad y trabajo. Los hermanos nunca le tuvimos miedo al trabajo, es lo que sabemos hacer, trabajar. Siempre lo hicimos”. 

Reflexiona que “vinieron con lo puesto y un poquito más. A un país que no conocían, sin saber hablar, un país que estaba en formación. Mi papá no tenía prácticamente escuela, fue hasta cuarto grado ¡Y como sumaba!”. 

En Oriente, tenían un almacén de ramos generales llamado “Don Antonio”, porque a su padre -si bien no era su nombre- lo llamaban con tal apodo. 

La incorporación de Raúl Antonio en las tareas comerciales se produjo a los 18 años, cuando finalizó los estudios secundarios en el Colegio Don Bosco de Bahía Blanca. Recuerda que “fui pupilo del colegio de los salesianos, estuve cinco años. Mi idea era estudiar medicina, pero empecé a trabajar. No me empujaron para que fuera a la universidad, no me arrepiento”. Junto a sus hermanos Osvaldo y Néstor, armó un supermercado en la localidad. 

Por entonces, a mediados de la década del ’60, “Oriente contaba con entre 4000 y 5000 habitantes. Reformamos el almacén e hicimos el supermercado. Nos compramos un camión y yo con 18 años iba a Buenos Aires -sin conocer- para comprarle mercadería a un mayorista”. 



Pero como eran muchos para vivir del supermercado, su padre abrió una estación de servicio Isaura, algo que el pueblo no tenía. “Un hermano se quedó en la estación de servicio y dos en el supermercado”, explica y agrega que “yo estaba con mi hermano mayor en el supermercado”. 

Sin embargo, compraron un camión de combustible y él era el encargado de manejarlo; “lo hice durante siete años. Transportábamos desde Bahía Blanca a Oriente tres veces por semana, luego empezamos a hacer fletes de combustible a San Cayetano, además llevábamos a la cooperativa de Cascallares, a la empresa Genovesi en Tres Arroyos”, enumera.

Raúl Antonio se casó en Oriente con Graciela Amado y en forma reciente, cumplieron cincuenta años de matrimonio, las Bodas de Oro. En este momento de la entrevista, hace una pausa y vuelve a mostrar agradecimiento: “Me casé muy bien, tengo una muy buena señora e hijos”. 

Sus dos chicos eran pequeños cuando decidió separarse de su hermano Néstor en el supermercado. “Tenía 30 años, le dije me voy a poner un negocio a Tres Arroyos y así lo hice, vine prácticamente seco”, sostiene. 

Como se dice en términos coloquiales, debió remar. Hace referencia a circunstancias económicas difíciles, pero en un salón ubicado en Derqui y Vélez Sarsfield, “que se lo alquilé a Cuchara Fortunato” -indica-, empezó a sentar una base con la idea de avanzar en la venta de semillas. “Me fui haciendo de a poco, contraté un ingeniero agrónomo. Fui apechugando, no fue fácil, pero de a poco me comenzó a ir bien”, manifiesta. 

Transcurridos tres años, su hermano Osvaldo se sumó al emprendimiento en Tres Arroyos. Raúl Antonio accedió a fondos porque “teníamos ocho camiones en Oriente, me agarré tres, era lo que me correspondía. Los vendí. Alquilaba una casa, adquirí un coche como pude, empecé a salir a comprar y vender en otros lugares, me fue muy bien”. 

En octubre de 1980 se incorpora a la empresa, que estaba dando sus primeros pasos, una colaboradora que aún integra el equipo. Se trata de Mary Nuñez, quien “se quedaba en el negocio y yo iba a trabajar afuera, salíamos a vender con mi hermano, nos distribuíamos los lugares. Empecé a viajar, tuve resultados, pero no andaba tanto en semillas, el negocio mío era comprar y vender maíz, avena, cebada para forraje”.  



Orgullo 
En 1984, compró un galpón ubicado en avenida Caseros 668, en un terreno de 10 por 20 metros y construyó en la parte delantera una oficina, lo que sería la sede de Pampa Fértil durante poco más de tres décadas. 

 Nuevas generaciones iniciaron su participación en la firma. Al respecto, Raúl Antonio Elías explica que “mi hermano trajo al hijo mayor, que se había recibido en comercio exterior, yo hice lo propio con mi hija mayor Ileana, como contadora; después se incorporó mi hijo más chico Marcos; y otro de mi hermano. Dos de cada uno”. 

En 2008, adquirieron un predio en Lisandro de la Torre al 5500 y tres años después iniciaron la construcción de una nueva planta y oficinas, “con capitales propios, sin bancos. Iba medio lento, pero no teníamos apuro. El traslado se concretó en 2015”. 

Su hermano Osvaldo no lo pudo ver terminado, porque enfermó de cáncer de pulmón y falleció en 2012. El mismo año, Raúl Antonio tuvo una grave afección de salud que lo llevó a estar un mes en coma y tres meses internado en el Hospital Alemán de la ciudad de Buenos Aires. 


Los hijos de Osvaldo tomaron la determinación de retirarse en 2018, por lo cual desde entonces, Raúl Antonio continúa al frente de Pampa Fértil con sus hijos Ileana y Marcos. Desde hace algunos años, Ileana reside en Pilar, donde formó una familia. 

“No sé hacer otra cosa que trabajar. Estoy muy acostumbrado a mi negocio, no puedo faltar un día. Con la pandemia no paramos, por supuesto tomamos todas las medidas de prevención y seguimos los protocolos”, sostiene. 

A partir de la experiencia de vida, plantea que “nunca es tarde para empezar, hay que ponerle ganas” y con énfasis, dice que “con la dificultad me agrando, ante la adversidad sé que salgo, me afirmo y voy para adelante”. 

Hace un año, Pampa Fértil comenzó a exportar a través del puerto de Buenos Aires. Tiene un depósito en Urdinarrain, provincia de Entre Ríos, por razones de logística debido a que comercializan en una importante cantidad de provincias. 

Pampa Fértil siempre mantuvo un perfil familiar. “Cuando empecé, era como un jugador de tenis que estaba fuera del ranking. Hoy tenemos un liderazgo en Tres Arroyos, mientras en el país en el rubro semillas nos ubicamos en el sexto lugar -afirma-. Nos hemos puesto la meta de estar, en dos años, entre los tres primeros exportadores”. 

Finalmente, muestra satisfacción por “la planta que tenemos. Era un terreno, la hicimos cien por ciento nosotros. Visito muchas plantas, veo que contamos con muy lindas instalaciones. Estamos muy orgullosos y contentos con lo que hacemos”.  


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El ejemplo de Pedro Moreno 

“Tenía como ejemplo a mi tío Pedro Moreno, de Oriente”, dice Raúl Antonio Elías. 

Pedro, hermano de su mamá, era “un cerealista muy fuerte, vendía muchas semillas”. Tiene muy presente cuando “jugábamos a las escondidas con mis primos entre las bolsas, en un galpón grande”. El tío fundó cuatro empresas, entre ellas Oleaginosa Moreno Hermanos. 

Cuando todavía estaba en la adolescencia, a los 15 o 16 años, Raúl Antonio lo fue a ver; “me dio un solo consejo, tenés que ir a un lugar donde haya puerto, porque el puerto es todo. Elegí como destino varios años después Tres Arroyos, no terminé haciendo lo que él me aconsejó. Pero se aprendía mucho escuchándolo”.  

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Referente en semillas 

La expansión de Pampa Fertil se puede apreciar al tener en cuenta que posee clientes en la mayoría de las provincias del país, especialmente en el centro y norte, pero también en lugares ubicados hacia el sur. 

Su actividad principal es la producción, acondicionamiento y comercialización de una amplia variedad de semillas forrajeras, trigo, avena, cebada, sorgo, soja. 

Posee una flota propia de camiones, para garantizar una logística que permita acercar los productos al destino. En la planta ubicada en Lisandro de la Torre al 5500, dispone de “la infraestructura necesaria para el completo procesamiento de las semillas”. 

Destacan que “recepción, acopio, acondicionamiento, embolsado y despacho de la mercadería se realiza íntegramente en instalaciones propias”. 

Un aspecto que consideran central es “el gran equipo humano” y la “visión de futuro” basada en los valores y objetivos que siempre guiaron a la empresa.