Uno de los logros. Con el seleccionado argentino fue campeón Sudamericano en 2008

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Informe Especial

Locatelli: un campeón de aquí y allá, dentro y fuera de la cancha

19|05|20 09:31 hs.

Por Jorge López de Ipiña


- ¿Cómo pensás que la gente te recuerda; o cómo te gustaría que la gente te recuerde? 
- Eso depende de cada club por los que he pasado; pero por lo que se ve en las redes sociales, uno llega a palpar lo que puede haber dejado... Y de las instituciones que más quiero y más recuerdo, verdaderamente siento que dejé una buena imagen como deportista y fundamentalmente como persona que, en realidad, es lo que más me importa. Eso no sólo es lo que me hacen ver, es también lo que siento; aunque está mal que lo diga yo... pero me tratan así, coseché muchos amigos entre quienes fueron mis dirigentes, técnicos o compañeros, y hoy en día mantenemos una muy buena relación. 

Así de simple, directo, profundo y amplio es Juan Manuel Locatelli, un basquetbolista de excepción que durante 18 años se movió en el máximo nivel de la Liga Nacional; que fue campeón de la Liga de las Américas con su querido Peñarol de Mar del Plata bajo la conducción de Sergio Hernández; el mismo que luciendo el inigualable escudo de Atenas de Córdoba en la tradicional camiseta verde y junto a Rubén Magnano fue campeón argentino. Ese “flaco” de 1,98 metros que en Chile fue monarca Sudamericano con la celeste y blanca pegada en su cuerpo; o aquel que en el primer Mundial de 3x3 en Italia se trajo la medalla de bronce para nuestro país. Pero que también fue el máximo triplero en varias competencias, el que dejó su sello en innumerables Juegos de las Estrellas siendo el MVP en una de ellas, o aquel mismo que comenzó a escribir su historia, a desarrollar su pasión y su hermosa vida deportiva con un Globo a la altura del corazón, al que hizo volar hasta el título en repetidas ocasiones, llevando a su Huracán amado a la consagración de manera invicta allá por 1993. 

Ese es el Manu Locatelli deportista, figura con la cual en estas páginas iniciamos una serie de notas con destacados atletas de la ciudad; pero su otro perfil, el del esposo, padre, hijo, amigo, vecino y hasta ídolo, aparece tan de exitoso, como humilde y querible. Sumergirnos en su carrera, recordar su gran campaña, fue volver a transitar un camino soñado que él fue construyendo con habilidad e inteligencia, pero también con mucho esfuerzo y gran entrega. 

El valor de una herencia 
Su padre, Miguel, entre tantas cosas, le traspasó una doble herencia: la pasión por el básquet y el amor por Huracán. “Está más que claro que yo arranque a jugar al básquet y empecé a ir al club por mi viejo. A los 4 ó 5 años comencé a ir a Huracán y al vivir frente a la Plaza Italia me la pasaba jugando ahí; también tenía a mi tío Marcelo (Dalimier) que jugaba al básquet, y al medir todos cerca de los 2 metros no cabía otra elección.... pero mi papá no sólo fue importante en mis inicios, sino también en mi desarrollo”, asevera Manu mientras se mete en el padre DT. 


En Huracán, su primer amor. En el Globo, “Manolo” dio sus primeros pasos, forjando grandes equipos. Junto a él están su padre -en aquella época DT del club-, Leandro Fjellerup y “Lucho” Granda


“Fue el técnico más influyente que tuve en el Globo, los dos últimos años míos en el club fueron con él como conductor; y en esa parte se armó en Primera un gran equipo que venía compartiendo cancha desde chicos. Se formó algo lindo y bueno, fuimos campeones de la ATB invictos; después disputamos con buen suceso un Regional, hicimos un buen papel ante equipos buenos de Bahía Blanca. Esa era una formación juvenil con algunos mayores” recuerda con nostalgia y orgullo.

“Me acuerdo como si fuera hoy, en el equipo estaba Lucho Granda, Leandro (Fjellerup), yo, el Pato (Fiorda) y el Masa (Stallone)”, en lo que era la formación inicial; “después venían el Chilenito Menna, Rannelli, el Zulu (Bastián), Santiago Risso, Panchito Morán, Ricky Fernández, Silvio Caló, Pablo Decechis… ese fue un gran equipo y a mí me marcó mucho esa etapa”, reconoció. 

A emigrar y probar suerte 
Con 18 años llegó el momento de partir de Tres Arroyos, había que afrontar el gran desafío y ver si su sueño de ser basquetbolista se podía hacer realidad. “En el ’93 jugué el Argentino de Juveniles para Buenos Aires (Córdoba fue el campeón y Fabricio Oberto el MVP) y ese fue el disparador para decir ‘me voy a dedicar al básquet’. Me había llamado Estudiantes de Bahía pero yo no quería hacer el quinto año de la secundaria allá; y en el ’94 me fui a Peñarol de Mar del Plata. Era toda una incógnita, yo lo deseaba pero no sabía si podría ser jugador, de hecho tuve un par de años con altibajos. En Peñarol arranqué muy bien pero me costaba jugar porque armaban tremendos equipos y costaba ganarse minutos; cuando llegué el equipo estaba jugando semifinales y terminó siendo campeón. Yo iba a los entrenamientos, ahí empezó mi sueño conociendo a mis ídolos; Marcelo Ricchotti lo era y de repente compartía practicas con él”. 

En la Liga 94-95 Locatelli comienza a tener minutos, mejora y aprovecha la posición como juvenil, pero un problema con un dirigente y su deseo de seguir en La Feliz para completar sus estudios lo llevan a pasar a Quilmes. “Ahí estuve dos años, la pasé bárbaro; jugaba el torneo local, en la selección de Mar del Plata, selecciones de Provincia, pero con poca participación en la Liga. En mi segundo año armaron un equipo lleno de figuras (Dominé, Esteban Pérez, Racca, dos extranjeros de gran nivel) pero se van al descenso. Viendo que no iba a tener minutos decido irme”. 

Una fuerte apuesta 
Impulsado por las ganas de jugar, queriendo ser protagonista y medirse para ver si podía seguir y probar nueva suerte, Locatelli decide bajar al TNA y es fichado por Siderca de Campana en el ‘97. “En ese lugar recuperé la confianza; volví a creer en mí. El año anterior yo había jugado con Mar del Plata un Provincial Sub-22 en Zárate, donde fui el goleador; me vio el DT de Siderca, así que cuando me llamó lo hizo prometiéndome que iba a ser titular. Nadie te ofrecía algo así; y nos fue bárbaro. Llegamos a la final y yo me reimpulsé porque conseguí tener el protagonismo que necesitaba tener, aunque en esa época eran poquitos los juveniles que tenían protagonismo en la Liga”, destacó. 

La vuelta al Milrayitas
Tras ese paso por Siderca y con el tresarroyense Belza como presidente, Locatelli volvió a Peñarol en 1998. “Me ofreció un contrato de 3 años; yo ya era medio hincha por mi paso anterior pero con el tiempo se fue formando una relación con la gente que resultó increíble” valoró. 

Ese regreso fue de mayor a menor porque tras un gran inicio el equipo terminó salvándose del descenso. “Era un equipo austero, antes de arrancar la Liga la revista Básquet Plus nos daba por descendidos (en la pretemporada jugó ante Estudiantes de Olavarría un amistoso en Tres Arroyos), pero zafamos; creo que terminamos 12. Ese fue el primer año de Pittman en la Liga, yo terminé con el mejor porcentaje de triples; fue una buena temporada. Después se armó un gran equipo y al año siguiente perdimos en semifinales con Atenas de Córdoba con el Negro Romano como DT, tras vencer en cuartos al Boca de Magnano, Montecchia, De la Fuente y Wolkowyski”. 

Después de la temporada 02-03 en Peñarol, Locatelli acepta la propuesta de un histórico: Obras Sanitarias de la Capital Federal. “Fue un año muy bueno en un club con mucha historia, con gente valiosa en el equipo. La pasé bárbaro, fui dirigido por el Tola Cadillac, una leyenda del básquet argentino, un tipo increíble, espectacular. El equipo anduvo bien, perdimos un playoffs de semi ante Boca que podríamos haber ganado…”.

Indudablemente debería haber muchas diferencias entre un equipo de la capital y otro del interior y sumamente popular. “Estar en Obras era cruzar Libertador y prácticamente ya no te conocía nadie; capital era otro mundo, totalmente distinto. En Mar del Plata era otra cosa, en cada calle te saludaba alguna persona porque le gente es muy fanática del básquet y la pasión es increíble. Pero mi experiencia en Obras me fortaleció como jugador y también me permitió renovar el aire en Peñarol tras 5 intensos años” asegura, dándole un gran valor a su paso por el “Tachero”. 

Regreso con gloria
Tras ver en peligro su continuidad en la Liga, Peñarol decide en 2004 armar un gran equipo y repatriar a varios jugadores. “El técnico era Narvarte, tuvimos una buena temporada venciendo en playoffs a Quilmes en el quinto partido. Esa es una de las mayores alegrías deportivas y uno de los mejores recuerdos que tengo, porque un clásico de este tipo, máxime siendo un playoffs, es incomparable, histórico, increíble”. 

En el 2006 ya era otra historia, el club había vuelto a ser protagonista y para terminar de dar el salto de calidad los resultados comienzan a verse rápidamente de la mano del Negro Romano, ya que Peñarol se consagra campeón del Súper 8 y cae en la final de la Liga ante Boca. 

2008, un año increíble
En 2008 la historia cambia radicalmente para Manuel Locatelli. En febrero de ese año la gloria con Peñarol es internacional al consagrarse campeón de La Liga de las Américas, ya con Sergio Hernández como entrenador. “Haberlo logrado con Peñarol fue increíble; que un club de barrio llegue a eso fue maravilloso. Para mí fue el título más sentimental de todos, ganarlo con el club del que soy hincha (sacando a Huracán, por supuesto) es especial. El recibimiento, la caravana que se armó por las calles de la ciudad, fue tremendo. Fue un gran torneo, no sólo el Cuadrangular ganado en México, fue una competencia de alto nivel donde jugamos un básquet espectacular”.


En Peñarol, club del cual es hincha, Locatelli obtuvo la Liga de las Américas


En esta competencia, Manolo fue el mejor triplero con el escalofriante promedio de 63,9% de efectividad. “Todos recuerdan el cuadrangular final, y la verdad que nos fue muy bien, a mí me tocó jugar muy bien; pero ante Sporting de Montevideo disputamos un playoffs increíble que ganamos 2-1. Ellos tenían media selección de Uruguay y al estadounidense Jackson que después jugó en Peñarol. En la fase de grupos le ganamos a un equipo de Chile y a Libertad de Sunchales que tenía una gran formación y que nos ganó la Liga ese año”. 

Después de esa consagración, Hernández lo convoca para el Sudamericano de Puerto Montt, Chile. “A mí me agarró en un momento físicamente no muy bueno porque tenía una tendinitis en la rodilla; el Oveja me dio toda la confianza, pero no me pude poner del todo bien. Me hubiese gustado estar pleno, pero lo disfruté mucho, ser campeón con la selección tras ganarle a Uruguay la final era un sueño que estaba haciendo realidad”, valoró. 

Atenas, un salto a la historia
El Griego cordobés le dio al tresarroyense, quizás el salto de calidad para cerrar el círculo de una carrera brillante. La historia de Atenas, el romanticismo de Córdoba y la magia de Rubén Magnano como DT, transformaron su vida como basquetbolista. 


Con Rubén Magnano como DT, Locatelli se consagró campeón de la Liga Nacional en su paso por Atenas de Córdoba


Los recuerdos de Manu con Atenas se remontan al partido que el verde jugó en nuestra ciudad ante Pacífico. “Como olvidar ese equipo, a Milanesio, Campana, Osella, Cerrutti, Oberto y tantos otros. Lo mismo que el primer viaje que hice con Peñarol, que fue a Córdoba; cuando entré al estadio Cerutti, me temblaban las piernas. Fue entrar a un lugar especial, con mucha historia, donde se respiraba un aire distinto. Fue algo muy grosso, muy fuerte”.

Y fue campeón de un torneo “muy bueno, de gran nivel, donde había 4 o 5 candidatos. Pero nosotros habíamos formado un gran equipo, con un técnico muy ganador, que te saca todo lo que tenés. Nos armamos de atrás para adelante, y tuvimos un promedio de menos de 65 puntos en contra por partido. Igualamos el récord de partidos ganados con Peñarol, 17 o 18 fueron; y ellos nos ganan en el match donde íbamos por el récord en soledad. Y la final (tremenda y ‘especial’ para el tresarroyense) se la ganamos 4-2 a Peñarol”, nada más ni nada menos.


En su estadía en el Griego cordobés, Manolo debió disputar la final nada más y nada menos que contra Peñarol. En la foto, el tresarroyense es marcado por Marcos Mata, mientras observa atentamente Sergio Hernández, entrenador del Milrayitas


Ya era, también, campeón de la Liga Nacional... Fueron “dos años hermosos, muy buenos, en una gran ciudad; gente muy copada que tiene otra cabeza por el clima en que viven, disfrutan de otra alegría. Tengo los mejores recuerdos, nos fue bien a mí y al equipo, los dos años jugamos la final; estuvo muy bueno”, aseguró con orgullo el tresarroyense que fue elegido en el quinteto ideal de esa Liga 08-09. 

El inesperado adiós 
Después de Atenas, a Locatelli se le presentó una nueva oportunidad como fue ir a Sionista de Paraná, un proyecto distinto, tentador desde lo deportivo y lo económico. “Fue una etapa rara, particular; en el primer año se armó un equipo creyendo que podían acceder a las semifinales. Pero estuvo mal diagramado, con menos potencial del que realmente creían; zafamos del descenso y eso fue lo único positivo. En el segundo año, cuando mejor estaba el equipo y yo había mejorado en mi nivel y me sentía muy bien, llegó el problema de la lesión en el tobillo que desembocó en el final de mi carrera. Fue inesperado porque me sentía bien, en gran nivel; después pasaron varias cosas para nada gratas con varias operaciones y otros problemas que prefiero no recordar. Me quiero quedar con todo lo bueno que viví en mi carrera deportiva” acotó. 

Aunque ese duro golpe le permitió valorar de una manera especial a sus seres queridos. “En ese momento de dolor conocí realmente el valor de tener al lado una familia como la que construimos con mi esposa y mis hijos; obviamente que además de mis viejos y la familia de mi mujer. Fue especial lo de Yamila, todo lo que hizo por mí, y te das cuenta lo importante que es la familia. Y nada de lo que se dice es verso, yo la pasé muy mal pero siempre recibí el apoyo de ellos; después fueron dos años duros para aceptar que ya no era un jugador de básquet. Y en ese sentido, es invalorable lo que hizo mi familia por mí”, destacó desde el corazón un emocionado Locatelli, quien tras 5 operaciones no se ha podido recuperar plenamente y aún analiza colocarse alguna prótesis.

Su caso en algún caso tiene similitud con el vivido por Gabriel Batistuta; “antes del problema de esta pandemia tenía previsto viajar para ver a mi médico (el reconocido Batista), para ver qué hay para hacer”, reconoció. 

Medalla de Bronce en el Mundial 
Como para ir completando un curriculum increíble, Locatelli tuvo el honor de lucir en su pecho una medalla de bronce a nivel mundial. Fue en el torneo ecuménico de 3x3 que se disputó en julio de 2004 en Caorle, muy cerca de Venecia, Italia. “Fue algo distinto; era el primer mundial de la especialidad y el técnico Néstor “Ché” García me convocó a mí, a Salles, Cristian Romero y Juan Cangelosi. En semifinales perdimos con Italia que fue el campeón y por la medalla de bronce le ganamos 21-13 a Croacia. Eramos una delegación pequeña; siempre recuerdo que en la ida compartimos el avión con Las Leonas que iniciaban la gira previa a los JJOO de Atenas”. 

El presente nos regala a los tresarroyenses la posibilidad de disfrutar de su presencia y potenciar el básquet local desde su capacidad. 

De hecho, Manu está iniciando el curso de Entrenador Nacional para involucrarse de pleno con la formación de los más chicos. 

Entiendo que este curso debería ser “sólo un trámite”, porque desde sus conocimientos, educación, respeto, habilidades, experiencia, sabiduría y logros, Juan Manuel Locatelli es para todos nosotros un Maestro!!!. 

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Algo personal
.- Juan Manuel Locatelli nació el 28 de octubre de 1975 en Tres Arroyos. Hijo de Luz Dalimier y Miguel Locatelli. Tiene una hermana, Jorgelina. .


Juan Manuel Locatelli


- En el año 2006 se casó con Yamila, a quien conoció en Mar del Plata. Tienen dos hijos, Alma (13 años) nacida en Mar del Plata y Juan Cruz (10), que nació en Córdoba. .

- Sus bandas musicales preferidas son Las Pelotas y Pearl Jam. 

.- Claromecó es uno de sus lugares preferidos para descansar y vacacionar. .

- Entiende que a su carrera no le faltó nada. “Si me pongo a pensar o recuerdo cuando soñaba en mi habitación, siendo muy chico jugaba en la selección argentina con mis ídolos, o cuando vi los primeros partidos de Liga y creía que era imposible participar de ese juego, te aseguro que no me faltó conseguir nada; además, en mi carrera siempre pude elegir dónde jugar; y si estuve 18 años en la Liga es porque algo bien debo haber hecho. Obvio que siempre se puede conseguir algo más, pero para mí, con lo que conseguí y por todo lo que transité, mi carrera está perfecta; para mí está bárbaro”. .

- Manu fue un jugador que representó y vistió la marca estadounidense Converse. .

- Es un convencido que “a nadie se le puede quitar el sueño de jugar al básquet”. Aunque para ello sabe que hay que entregar todo, ser cien por ciento responsable en el entrenamiento y cuidado; recomienda escuchar a los mayores que enseñan con su experiencia de vida e impulsa la valiosa capacitación que puede conseguirse en internet. .

- No haber jugado más en las selecciones de Tres Arroyos fue algo que lamenta. “Lo hice en las categorías menores, pero en Primera o mayores no pude. Se dio así, en esa época la ATB no jugaba tanto esos zonales, y cuando lo hizo yo no podía por estar en la Liga”. .

- Una verdadera Estrella. Manuel participó en seis ediciones del tradicional Juego de las Estrellas de básquet. La primera fue en 1998, en la competencia de triples, ya que él había sido el mejor triplero de la Liga. “Era un fin de semana para compartir con los mejores, estaban todos los monstruos. Era un momento para nosotros, a puro básquet; hermoso”, recordó. .

- El mejor. En la edición Nº 22 del Juego de las Estrellas fue elegido como el MVP. Fue el mejor triplero de la Liga Nacional 98-99; ese mismo lauro lo consiguió en la Liga de las Américas de 2008. Y lo distinguieron como el mejor alero de la Liga en los años 2008, 2009 y 2010.