Sociales

Por Valentina Pereyra

Un gran recurso humano: está testeado

24|05|20 09:46 hs.

        Joaquín Lasaga tiene 33 años, es tresarroyense y hoy vive en Buenos Aires. Se desempeña en CentraLab como gerente de Recursos Humanos, lugar al que llegó mientras trabajaba y estudiaba. Un camino de búsqueda y capacitación desde el campo a la gran ciudad. Su relato, en primera persona

La Estación Carranza está vacía, la parada del 152 retrata el distanciamiento social y los acotados permisos de circulación. Arribar a Núñez lleva unos minutos por la avenida del Libertador, la cuarentena trajo silencio. 

Tengo autorización para llegar a la oficina porque es un servicio esencial, me paran en algunos retenes, muestro la documentación y sigo en auto hasta Palermo. Es un camino conocido, lo hago siempre, algunas veces con variantes por Congreso, antes, por la avenida Lugones. 

Pero encontrarme tomó tiempo, rectas, curvas, atajos, hasta que finalmente la búsqueda interna llegó a potenciar al máximo -aunque siempre hay más- a Joaquín Lasaga y, a los 33 años, transito mi historia sin olvidar la vida en el campo, o mis primeras pinturas sobre papel en la salita del jardín rural al que asistí, las aventuras en el Jardín 901, los recuerdos de la Escuela N°1, mi paso fugaz por el Colegio Holandés y el encuentro con mis amigos en el ex Colegio Nacional.


Joaquín se crió en el campo en Tres Arroyos


En mi casa me inculcaron que no estaba bien quedarse “haciendo nada”, así que, cuando nos dejamos con la carrera de medicina, supe que tenía que trabajar. Esta gran ciudad ofrece muchas oportunidades, pero al mismo tiempo su grandiosidad se impone. Llegué a Buenos Aires en 2005 porque quería ser médico, tiempo después descubrí que no es fácil saber a los 18 años qué querés hacer para toda tu vida. 

Determinado a encontrar mi destino recurrí a la ayuda familiar, mi mamá tenía un amigo en una empresa relacionada con la perfumería que me empleó, y así, empecé a andar. 

Rumbeado, elegí cubrir una suplencia en una empresa multinacional donde laburé en marketing y luego en recursos humanos, cuando se estaba por terminar el tiempo de contrato empecé otra búsqueda laboral a través de diferentes portales webs. 

Así llegué a CentraLab sin ayuda de nadie y con el desafío de profesionalizarme, por lo que al mismo tiempo comencé a cursar la carrera de Administración en Recursos Humanos en la Universidad de El Salvador a la que le debo mi formación académica, como persona y como docente. 

En la empresa empecé bien de abajo en cuestiones básicas de recursos humanos como altas en AFIP, o tareas de archivo. Poco a poco me dieron la posibilidad de poner en práctica aquello que iba aprendiendo y así me fui desarrollando dentro del área. 

Unos meses después de ingresar me hice cargo de selección de Recursos Humanos que me permitió conocer el negocio y sus servicios de bioquímica clínica, diagnóstico de análisis clínicos, investigación clínica de medicina laboral y agronegocios, entre otros. Hace dos años me promovieron a gerente que es un cargo que excede al de Recursos Humanos porque formo parte de la estrategia del negocio junto con las restantes áreas.

Pandemia 
Los añejos árboles de Núñez no se parecen a los del campo en el que crecí, pero me recuerdan con sus sombras y sus hojas bien verdes en verano, bien amarillas en otoño que pasé por toda esa gama de colores en cuarentena. La pandemia nos tomó por sorpresa, tuvimos que reestructurar todo lo conocido hasta el momento aunque CentraLab -la empresa para la que trabajo- se caracteriza por tener múltiples acreditaciones reconocidas mundialmente, pero, ante esto, no existía mucho protocolo y la experiencia iba mutando. La blancura de los ambos de los profesionales médicos y bioquímicos, de los camisolines y los barbijos, el azul pálido de los guantes y las conservadoras que vienen y van con las muestras hasta el laboratorio central son parte de mi vida, pero en las últimas horas, son esenciales, tanto como el crisol de verdes que nutren las plantas de mi balcón y mi alma cada vez que las respiro. La jardinería, la botánica, son amores que heredé de mi padre.


El tresarroyense junto a su grupo de trabajo de Recursos Humanos. La foto fue tomada antes de la pandemia


El enorme ventanal que trasluce la sala de espera y mesa de entradas de la sede central del laboratorio dejó pasar luz y calor intenso durante marzo y ahora entibia el lugar con el sol de mayo. Lo primero que decidimos fue formar un comité de emergencia sanitaria multidisciplinario, cerramos el 70% de las unidades ambulatorias para lograr el aislamiento del paciente y cuidar a nuestros empleados. Todavía a fines de marzo no sabíamos bien cómo cuidarnos. 

Pusimos foco en los laboratorios en los que tenemos atención ambulatoria -que es un enorme servicio que brinda la empresa- y en los efectores de salud en los que hay internación como el Sanatorio Otamendi, Medicus, la Clínica Bazterrica, el Centro Médico Nordelta, Lomas de San Isidro, la Clínica del Sol, Santa Isabel, donde llegaba el paciente agudo al que había que aislar y atenderlo personalmente. 

No hubo tiempo para el asombro y enseguida una cantidad de información ocupó nuestro interés, y el trabajo extra de seleccionar y aprender. 

Empezamos a escribir nuestro propio protocolo para cuidar al personal -casi 600 empleados- y a los pacientes. 

Primero decidimos cerrar las sedes -atendemos diariamente unas seis mil personas- y hacer foco en los elementos de protección personal y a medida que las normas se fueron afianzando incluimos todo lo imprescindible para la protección contra el Covid.

Otro tema fue conseguir los insumos que escaseaban y luchar contra los sobreprecios, cuestiones que tratamos de ir resolviendo. 

Era la hora de hacer honor a mis profesores de la Universidad que me formó, a los pilares educativos que me dieron empuje como Eugenia Echarry, Teresa Vespa y a Mariana Etcheto con quien aprendí inglés, tan útil cada vez que llega un nuevo paper y hay que leerlo para aprenderlo ¡ya! 

La maquinaria de recursos humanos contuvo a todos priorizando la comunicación fluida que fue lo trasversal, ante las decisiones dinámicas hubo que poner muchas horas y mucho el cuerpo, algo que anduvo gracias al equipo consolidado y a la cercanía, por lo que el comité de emergencia sanitaria -que comanda el director de operaciones- se volvió muy ordenado y efectivo. 





Procesar muestras de Covid 
Durante los primeros días de cuarentena volver a casa fue un paseo solitario. El bullicio permanente que viste la avenida Cabildo y su movimiento comercial, la gente peleando un lugar en el metrobus se cambiaron por controles policiales y gestos adustos. La frondosa vegetación me avisa que estoy cerca de casa y que en pocos minutos alimentaré a mi gata cascarrabias. 

CentraLab es un laboratorio de avanzada, uno de los que tiene la acreditación del College of American Pathologists (CAP), autorizado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) para procesar test de Covid -19 con el método de PCR como laboratorio privado, lo que aceleró mucho la atención del paciente. Hasta ese momento, las personas con síntoma sospechosos quedaban aislados mientras se tomaban las muestras y se mandaban al Malbrán y podían pasar 72 horas sin saber el resultado. Hoy los conoce a las 24 horas lo que aceita el proceso, el tratamiento, lo mismo que el cuidado del personal que atiende. 

Tuvimos que capacitarnos porque las solicitudes de la gente son variadas por eso se elaboraron cuestionarios, turnos, protocolos de limpieza, de distanciamiento, de estado febril, por lo que hay que aprender y comunicar, además de reformar la atención al público. Pudimos reabrir colocando blindex en todas las recepciones e impedir, así, el contacto directo. Hicimos hasta el momento cuatro mil muestras por PCR y la tasa de positivos fue del 6%, y no hay empleados contagiados. 

En casa cambio el rociador de alcohol al 70% por otro con agua que descargo con precisión sobre mis plantas. Me siento y llamo a mis amigos, saludo a sus hijos con los que me encanta jugar y pienso en caminar o correr a pesar de que son actividades que no hago seguido, sin embargo, ahora extraño. 

Las conversaciones telefónicas fluyen y me escucho repitiendo mil veces que hay que respetar las normas, cuidarse, lavarse las manos con alcohol, cumplir con el aislamiento, hacer caso al médico y ante la menos duda, consultarlo de la forma que sea. 

Otro amanecer me llama a trabajar, desayuno, saludo a Helena que ronronea y viste su negro y blanco reluciente mientras pasea por el balcón cerca de las macetas, me siento un rato en el patio y dejo que la brisa me despierte. Le doy un último rocío a las suculentas, me coloco el tapaboca y de nuevo a rodar por Libertador hasta Palermo, un camino que encontré y que siempre me devuelve a casa.  

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Joaquín, el gerente 
Joaquín Lasaga tiene 33 años y es gerente del área de Recursos Humanos de la empresa CentraLab, una compañía de salud, abocada a brindar servicios bioanalíticos, médicos y farmacológicos confiables y precisos. “Trabajamos con los más altos estándares de calidad nacionales e internacionales, lideramos el mercado de análisis clínicos en Argentina y hemos extendido nuestra actividad a diversas áreas relacionadas con la salud”. 

En este contexto de Covid 19 el laboratorio proyecta desde el área de Medicina Laboral brindar el servicio a las empresas que quieran ofrecer a sus empleados la posibilidad de hacerse el testeo de PCR y también, para detectar a aquellas personas que tengan los anticuerpos. Es muy importante el sector de biología molecular y es la red de laboratorios más grande del país y el primero en incorporar la automatización total. 

En el laboratorio se realizan testeos para dengue, gripe A H1N1y cargas virales, de hepatitis y HIV, como de otras virosis, a partir del coronavirus “el laboratorio incluyó al equipamiento automatizado el reacitvo para detección de Covid que cuya calidad debió validarse para luego empezar a procesar, para ello recibió la autorización de ANMAT y del Ministerio de Salud nacional”. 

Los testeos ambulatorios de PCR los realizan en un solo lugar por el riesgo de contagio, “es un piso aislado, la gente que trabaja allí tiene un comedor aparte y mucha seguridad porque el mayor miedo es que se contagie el personal de salud”. 

El área que Joaquín gerencia identifica su tarea bajo la premisa de respeto y confianza, escucha y diálogo, la formación y aprendizaje como pilares, el trabajo en colaboración, por procesos y en equipos. El joven tresarroyense predica con su ejemplo, un desafío que llegó sin aviso, pero que lo encontró muy bien preparado.