Sociales

Arnaldo Gugliemetti

“Un nudo central” en la Revolución de Mayo

25|05|20 10:14 hs.

Arnaldo Guglielmetti, a partir de su tarea docente y los conocimientos sobre nuestra historia, fue invitado por La Voz del Pueblo para -en una entrevista- pensar acerca de la Revolución de Mayo. 


Con una formación profesional como abogado, ejerce la docencia en el Instituto Superior 167, en las carreras Profesorado en Historia y Tecnicatura en Administración Contable; y en la Universidad Nacional del Sur, en este caso en Derecho Constitucional, del Departamento de Derecho.

Una construcción 
En el inicio del análisis, observó que “el proceso de construcción de la nacionalidad no tiene un nacimiento puntual, como si fuese el acta de nacimiento de una persona física. Hay hechos que son más significativos en ese ámbito; obviamente la Revolución de Mayo es uno de ellos y por otra parte, se lo ha tomado como fundacional”. 

 Expresó que hay que tener en cuenta que “es un acontecimiento con una enorme densidad. La Revolución de Mayo no es solo lo que pasó, hagamos el corte de tiempo que hagamos. Es todo lo que hemos pensado sobre la Revolución de Mayo desde 1810 hasta ahora”. 

En este sentido, indicó que “cuando nosotros pensamos la Revolución de Mayo, la estamos pensando como una especie de estrato geológico, como si estuviésemos haciendo una excavación en Arroyo Seco donde no solo está Mayo de 1810, sino todo lo que hemos querido pensar desde distintas circunstancias en décadas y generaciones posteriores”. 

Desde la mirada del presente, al buscar darle un significado, “cambia la interpretación que se puede hacer de ese acontecimiento. Los hechos son los que son, pero se modifican los mensajes que vas encontrando de lo sucedido”. 

Por tal motivo, se puede evaluar “desde muchas perspectivas. No es únicamente lo que pasó en 1810, sino lo que todos nosotros hemos pensado que ocurrió y como lo hemos usado para legitimar acciones en la actualidad o por el contrario, para impugnar muchas decisiones y situaciones contemporáneas”. 

Un legado 
Es importante ubicar la Revolución en el marco de un ciclo, “que podemos darle la extensión que queramos. Va de 1810 a 1820, va de 1808 a 1824 con la Batalla de Ayacucho, en el caso de Argentina hasta el tiempo de Rosas, que inicia otra etapa”. 

Puntualizó que dentro del legado de Mayo de 1810 se encuentra “la reivindicación de la política. Es el inicio de la incorporación de sectores que estaban excluidos o no interesados en la política, entendida como la decisión colectiva de ‘hacia dónde vamos y que queremos ser’. En ese sentido, la Revolución tiene un sentido inaugural y eso es algo que me parece importante que todavía lo sigamos pensando”. 

El contexto 
El mundo estaba en los inicios del Siglo XIX atravesando una crisis, por distintas razones. España no era ajena a un período convulsionado. Cuando fue destituido el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y se formó la Primera Junta, “se te está derrumbando el mundo alrededor -explicó-. Formábamos parte de un imperio, esto de que éramos argentinos no lo sabíamos y podíamos haber terminado en cualquier otra cosa. Pero comenzó un proceso que va a terminar en conformar los Estados de América como son hoy y España, como es en la actualidad”. 

Al respecto, valoró los aportes de historiadores argentinos como Tulio Halperín Donghi o José Carlos Chiaramonte, que dijeron “las naciones no son la causa de la revolución sino la consecuencia. Y este grupo de gente que se mete a discutir, a meterse en política, lo hace porque el mundo se les está cayendo a pedazos. O se dejan arrastrar sin saber hacia dónde o lo toman en sus manos sin saber cómo va terminar, pero al menos interviniendo”.

Se trata de “la crisis del imperio español, de una sociedad jerarquizada, del antiguo régimen o como elijamos llamarla. Es la irrupción de la modernidad en el mundo. Que no está sucediendo solo en América, pero que acá adopta la forma de Independencia, en Francia la Revolución Francesa y en España son las revoluciones liberales”. 

Los hombres de Mayo se encontraron con que “el mundo conocido les despareció, los valores con los que fueron criados desaparecieron, las reglas cambiaron y tuvieron que decidir: ¿Qué hacemos?, lo tomamos en nuestras manos o esperamos a ver qué pasa. Y decidieron tomarlo. La reivindicación de la política en la Revolución es un nudo central”. 

Identidades 
Desde hace décadas, la historiografía se encuentra trabajando en el tema de las identidades. Volvió a mencionar, en este punto, a José Carlos Chiaramonte.

“Dice que poner en primer plano que existía una identidad argentina en 1810 es un error histórico. Es mirarlo desde los que armaron el relato en un momento donde llegaban inmigrantes de todos lados y querían que la cosa quedase muy clarita”, argumentó.

Los relatos se generaron en nuestro país y en toda América. Pero “la identidad no era una, había muchas. 

Sigue sucediendo ahora, somos una especie de mamushkas rusas. En ese momento eras súbdito del rey, pero eras porteño o tucumano, eras americano frente a los españoles, blanco frente a los negros o los indios, eras criollo frente al blanco de España. Al pensar un orden político, esas identidades empiezan a jugar, algunas tomando mayor importancia y ahí comienza a surgir lo que después sería Argentina”. 

En esta línea de pensamiento, puntualizó que “la guerra civil entre unitarios y federales no es sino la discusión de cuál es la identidad más fuerte”. 

Los protagonistas de Mayo “tenían cada uno su lectura de la realidad. Tampoco todos compartían los mismos valores, intereses económicos, sociales ni políticos. Decir que todo esto terminaba en la República Argentina es contar la historia cuando ya sabés el final. 

Ellos no lo sabían y de hecho manejaron otras alternativas. Hay política cuando hay distintos caminos y varios puntos de llegada, tenemos que decidir qué sendero tomamos y hacia donde vamos”. 

Nuevos desafíos 
Valores como la soberanía popular, por citar un ejemplo, llevó mucho tiempo llevarlos a la práctica. La Ley Sáenz Peña, del voto obligatorio, se sancionó 102 años después.

“Los sectores que accedían al pensamiento ilustrado tenían incorporados estos valores, de los que se hablaba por ejemplo en Francia”, indicó. 

Los ideales de Mayo están presentes muchas veces en la historia. “Esteban Echeverría en 1837 cuando quiere plantear la organización del país, lo hace fundando la Asociación de Mayo; cuando Alberdi habla del proyecto de Constitución lo hace refiriéndose a Mayo; Sáenz Peña con la Ley vuelve a plantear lo mismo”, enumeró Arnaldo Guglielmetti. 

Del mismo modo, “cuando el peronismo reivindica la línea San Martín-Rosas-Perón, habla de la Revolución de Mayo. Y cuando Alfonsín tiene que dar su primer discurso, elige el Cabildo, el símbolo de Mayo”. En el cierre de la entrevista, afirmó que “no está mal que sea así. Esos valores no se terminan de construir nunca, siempre hay un nuevo desafío que nos plantea el presente que estamos viviendo”.  
 
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El Cabildo 

Abierto Para Arnaldo Guglielmetti, el Cabildo Abierto del 22 de Mayo de 1810 es una expresión valiosa de incorporación de pobladores al debate público. “Surge de una reunión donde se discutió racionalmente y para los cánones de la época, era amplia en cuanto a participación”, manifestó. 

Marcó la generación de un espacio y la apertura de “un camino que hemos ido transitando de mayor intervención de sectores excluidos”. 

Sin embargo, habló de la vigencia y la necesidad de “lograr las condiciones para que todos podamos participar. Tanto en un aspecto socioeconómico, como mediante el acceso a las herramientas intelectuales que nos permiten deliberar y tomar decisiones”.