Mariano Moreno

Sociales

25 de Mayo de 1810

Hombres que sembraron la patria

25|05|20 11:14 hs.

Por María Cristina García

Ellos no eran perfectos. Tampoco mártires, ni mucho menos héroes inmaculados. Tenían sus grandezas y tenían sus miserias. La historia que por generaciones se ha contado en la Argentina los eleva a un podio inaccesible. Pero ellos, que supieron trascender, eran simplemente hombres. 

Ninguna historia de la Historia puede ser lineal, aséptica o sugerir una lectura unívoca. Las historias de la Historia son mucho más que eso: están moldeadas por hechos. Y esos hechos se desencadenan en un contexto de época, de circunstancias y de geopolítica.

Ante el hecho iniciático de nuestra historia, mucho del mismo, lo conocemos, lo hemos aprendido o escuchado año tras año en nuestra vida escolar. Ensayaré responder algunas preguntas que me iniciaron en este saber fascinante que es la Historia, a fines de los años 60. 

No se nos educa para que aprendamos a preguntar. Se nos educa para que aprendamos a responder. 

A 210 años del primer grito de libertad en el Rio de la Plata me pregunto: 

 ¿Qué derecho tiene una minoría pensante y activa para imponer revolucionariamente sus ideales a una mayoría pasiva que los ignora, a veces les teme y otras los repudia? 

Toda la filosofía política podría concentrarse en torno a esa pregunta, a la que darán respuestas contradictorias los progresistas y los conservadores. 

Los argentinos que aceptamos como legitima la situación creada por la Revolución de Mayo, no podemos desconocer el derecho de la exigua minoría que en 1810 la inició desde Buenos Aires, fracasando en su intento de extenderla a todo el virreinato. 

La capacidad de realizar ciertas transformaciones o progresos necesarios, suele ser un privilegio de pequeñas minorías que se anticipan a su tiempo, y que luego serán aprovechados por el resto de la sociedad. 

 ¿Fue una revolución los sucesos que se iniciaron el 25 de Mayo de 1810? 

Considerando que solo merece el nombre de revolución un cambio de estructuras de poder que importe hondas transformaciones de las ideas entre las clases que coexisten en el Estado, Mayo de 1810 fue una Revolución. 

El virrey fue sustituido por una Junta Provisional, los oidores de la Audiencia enviados a España, son ejemplo de cambios sustanciales en la estructura política. La apertura del comercio, significaba el fin del monopolio español (ya atenuado por las Reformas Borbónicas), y el comienzo de una política económica afín al liberalismo económico. 

¿Que decía Mariano Moreno, el vocero de este proceso?

Sabemos que el nuevo poder utilizó algunos medios de difusión tradicionales, como la Iglesia, para hacer conocer las nuevas ideas (31). El peso de las instituciones tradicionales se manifestó asimismo en la decisión por parte de Moreno de suprimir, de la publicación del Contrato Social de Jean Jacques Rousseau, el capítulo y los principales pasajes que trataban sobre materias religiosas. 

Sin embargo, por decisión de Moreno, quien redactó el prólogo, se imprimieron doscientos ejemplares del Contrato para su utilización como libro de texto en las escuelas primarias, con el fin de instruir sobre “los inalienables derechos del hombre”. 

Del conocimiento de este “nuevo lenguaje”, que anunciaba la ruina del “despotismo”, se iban a beneficiar por igual “todas las clases”, “todas las edades” y “todas las condiciones”. La insistencia por parte de Moreno en hacer conocer a los pueblos sus derechos para conquistar su libertad, se revela así como uno de los rasgos centrales de su discurso.

Para Mariano a Moreno, separarse de España o de su rey no bastaba, era necesario proclamar la república inspirada en principios liberales igualitarios. 

Solamente una constitución firme podía ser la garantía contra el despotismo de los gobernantes. Pero tampoco resultaba suficiente el establecimiento de principios jurídicos, era igualmente necesario sostenerlos “con energía”.


Juan José Castelli




El 3 de diciembre, una circular de la Junta redactada por Moreno dispuso la exclusión de los cargos públicos de todo español europeo. Esta medida aceleró la ruptura entre Moreno y Saavedra. Los revolucionarios moderados consideraron que Moreno y los suyos habían ido demasiado lejos. La noche de la conmemoración de la victoria de Suipacha por el ejército patriota, se le niega a Moreno el ingreso a la fiesta. En el curso de los festejos, un oficial obsequió una corona de azúcar a la mujer del presidente de la Junta y ésta se la pasó a su esposo. 

En consecuencia Moreno publicó, el 8 de diciembre, su célebre decreto de supresión de los honores que el presidente de la Junta conservaba aún del depuesto virrey, estableciendo así una absoluta igualdad entre todos sus mlembros (1). 

Por el mismo decreto se determinaba que el comando superior del ejército pasaría del presidente a la Junta. Las consideraciones del decreto enseñaban las reglas de virtud republicana que debían ser practicadas por todos los funcionarios públicos. 

El secretario de la Junta explica el decreto en los siguientes términos: “La libertad de los pueblos no consiste en palabras, ni debe existir en los papeles solamente… Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad. ¿Si me considero igual a mis conciudadanos, porque me he de presentar de un modo que les enseñe que son menos que yo?”.(2) 

La libertad no es nada sin la igualdad y la igualdad sólo cobra toda su dimensión material en el lazo que instaura con la libertad. 

Con este enunciado la voluntad de transformación de Moreno alcanza sus límites históricos. Y cabe aquí una pregunta, ¿fue el dirigente revolucionario más moderado cuando se trató de modificar las desigualdades e injusticias sociales en Buenos Aires? 

En el mismo decreto del 8 de diciembre Moreno retomó un fragmento anterior de su propio discurso dándole un nuevo sentido, “pero ya he dicho en otra parte que el pueblo no debe contentarse con que seamos justos sino que debe tratar de que lo seamos forzosamente”. El pueblo “debía aspirar a que nunca obren mal” (3). 

Moreno entendió que la influencia de los diputados que comenzaban a llegar sería negativa para el desarrollo de la revolución. A partir de una maniobra de Saavedra, estos diputados se fueron incorporando al Ejecutivo, y no al prometido Congreso Constituyente. Moreno se opuso y pidió que se respetara la disposición del 27. Pero estaba en minoría y sólo recibió el apoyo de Paso. 

Saavedra había logrado imponerse sobre Mariano Moreno. Para desembarazarse de él lo envió a Europa con una misión relacionada con la compra de armamento. Moreno aceptó, quizás con la intención de dar tiempo a sus partidarios para revertir la situación, y quizás también para salvar su vida. 

El 24 de enero de 1811 Moreno partió a altamar. Al poco tiempo de partir hacia Londres se sintió enfermo, murió de forma sospecha por una medicina suministrada por el capitán del barco. Saavedra se libraba de Moreno, quien falleció presumiblemente envenenado con arsénico. 

Otro de los hombres que sentaron doctrina en Mayo de 1810 fue Juan José Castelli. En el Cabildo abierto del 22 de mayo fue expuesta con claridad: 

-Con la disolución de la Junta Central había caducado el gobierno soberano de España y se producía de acuerdo a la tradición española la reversión de los derechos de la soberanía en los pueblos mientras durase el cautiverio del monarca. 

-El 6 de setiembre de 1810, Castelli fue nombrado representante de la Junta en la expedición libertadora al Alto Perú. Sin embargo, su pretensión -reafirmada en cada documento emitido desde ese cargo- de continuar manteniéndose dentro de los límites de la legitimidad monárquica, no oculta su convicción de que Fernando VII no volvería jamás a reinar, y que España estaba irremediablemente perdida. “No podéis ignorar -afirma Castelli- que arrebatado por la perfidia del trono de sus mayores el señor Fernando VII suspira inútilmente por su libertad en un país extraño, y conjurado contra él, sin la menor esperanza de redención”. (4) 

Así, la preocupación de los líderes criollos, cada vez más convencidos de la divergencia de destinos entre ellos y las autoridades coloniales, se dirigió hacia la urgente cuestión de quién decidirá la suerte de América: 

“No podéis en fin ignorar que los mandatarlos de este antiguo gobierno metropolitano que han quedado entre vosotros ven decidida su suerte, y desesperada su ambición si la América no une su destino al de la Península..,¨ .(5) 

Pero la instalación del nuevo gobierno constituyó para Castelli mucho más que un cambio de personas: significaba el inicio del reino de la “naturaleza” y de la “razón” frente al despotismo de las autoridades coloniales. De esta manera, su noción de Revolución se inscribe dentro de esa concepción encaminada a la restitución de los derechos naturales que Moreno había esbozado.

Los antiguos súbditos americanos, convertidos ahora en ciudadanos de las “legiones” de la patria y la guerra hasta el “exterminio” de los tiranos, es proclamada por Castelli en este encendido discurso en Tihuanaco. 

En efecto, la política flloindigenista propuesta por Castelli amenazó el estatuto sólidamente arraigado de las castas altoperuanas.(6) 

La liberación indígena constituyó sin lugar a dudas un arma de guerra necesaria para un ejército que requería hombres y recursos, pero asimismo formó parte central de la concepción de la revolución de los morenistas. En las Instrucclones secretas redactadas por Moreno para la expedición al Alto Perú se estableció que debía levantarse a la “indiada” (7). 

Castelli dio a este mandato una fundamentación y contenido cuyos rasgos esenciales intentaremos definir aquí. 

El representante escribió a la Junta sobre la conjura de las autoridades coloniales en el Alto Perú, en los siguientes términos:

“Ningún tirano haría progresos si no hubieran malvados que conducidos por el egoísmo y arrastrados por el torrente de las pasiones antisociales no sirviesen de apoyo al trono erigido por los déspotas entre las ruinas de la virtud y derechos más augustos del hombre…”.(8)

 El nuevo lenguaje de los derechos del hombre, fundado en el derecho natural, tuvo una traducción original en la proclama del fin de la servidumbre indígena realizada por Castelli el 25 de mayo de 1811 frente a las ruinas de Tiahuanaco”. (9).

Los derechos que Castelli proclamó recuperados por los indios fueron sociales -derogación de todos los abusos perjudiciales a los naturales como cargas e imposiciones indebidas, otorgamiento de tierras y creación de escuelas- y derechos políticos, al otorgarles el derecho de representación. 

Tras la derrota, de Huaqui, el gobierno porteño mandó a detener a Castelli. 

Se lo acusaba de “mal desempeño” político y militar en el Alto Perú. A su regreso a Buenos Aires, el Triunvirato lo procesó y encarceló, aunque el juicio nunca llegaría a su fin. 

El 14 de febrero de 1812, en Buenos Aires, comenzaron las declaraciones de los testigos. Ni uno sólo de ellos testimonió contra Castelli y muchos elogiaron su patriotismo, a pesar de las capciosas preguntas de los fiscales que apuntaban a cuestiones tan “patrióticas” como saber si Castelli le había faltado el respeto al rey español Fernando VII y a la religión católica. 

Pero en Castelli otro proceso más terrible que el judicial se había desatado hacía algunos meses. Una quemadura mal curada provocada por un cigarro, había dado inicio a un letal cáncer en la lengua. El 11 de junio de 1812 la Revolución comenzaba a quedarse sin voz.”. 

Pocos son los amigos que lo visitaron por entonces, entre ellos, Bernardo de Monteagudo, que ha asumido su defensa, y su primo Manuel Belgrano, que bajó “matando caballos” para estrecharlo en un abrazo. 

Según la partida de defunción emitida por la parroquia de la Merced, en la noche del 11 de octubre de 1812 recibió todos los sacramentos. Pidió papel y lápiz y escribió: “Si ves al futuro, dile que no venga”. Así, Castelli, “el orador de la revolución”, murió de cáncer de lengua en las primeras horas del 12 de octubre. 

El legado de estos hombres, (los cuatro murieron pobres), que se suma a los de Manuel Belgrano y Bernardo de Monteagudo, nos lleva a repensar este presente argentino dos siglos después. 

La igualdad esta cada día más lejos y con ello los derechos del hombre son avasallados por intereses políticos escandalosamente mezquinos. 

 ¿Es posible ser libre en una sociedad con enormes desigualdades? 

 Hoy hablamos de asistencialismo, mucho más que de derechos y vemos el clientelismo que siempre, siempre atenta contra la dignidad del hombre. 

Como nos enseñaba el historiador argentino Jose Luis Romero, creo en su convicción sobre “la importancia de hacer ciencia histórica, sin subjetividades militantes”. 

La capacidad de estos hombres de Mayo, sus lecturas, sus argumentos al implementar determinadas políticas, no eran improvisados, ni oportunistas. 

Las sostenían convicciones sólidas y puestas a prueba en fogosos debates. 

 ¿Podemos encontrar esa formación en los políticos argentinos del siglo XXI? 

 Andres Rivera en –“La revolución es un sueño eterno”- hace hablar a Castelli en sus últimos días. 

¿Qué nos faltó para que la utopía venciera a la realidad? ¿Qué derrotó a la utopía? ¿Por qué con la suficiencia pedante de los conversos, muchos de ellos, que estuvieron con nosotros en Mayo, traicionan la utopía?(10). 

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(1) Cf, Apéndice documental M.Moreno.doc.9 
(2).Ibid- 
(3) Apéndice documental. M.Moreno.doc. 3
(4)Ruiz Guiñazu. El Presidente Saavedra. Ediciones Estrada.1960, pag.575 
(5) Ibid.pag 577. 
(6) Apéndice documental. Castelli.doc.14 
(7) Apéndice Documental, M,Moreno doc. 1 
(8)Apéndice documental. Castelli.doc.14 
(9) Apéndice Documental. Castelli. doc 15 
(10) Andrés Rivera- La revolución es un sueño eterno- Seix Barral- pág 63