La Ciudad

Día del Bicicletero

Son unos “Carlitos”

29|05|20 11:51 hs.

“Estoy muy agradecido con mis viejos por haber confiado en mí el laburo de toda la vida, que es el negocio, y de haberme educado con la cultura del trabajo y la honestidad”, dice Juan Prieto en el cierre de la charla con LA VOZ DEL PUEBLO generada en el marco de la celebración del Día del Bicicletero. 


Hijo de Carlos y Marta, Juan desde que nació ve cubiertas, cámaras, cuadros, pedales y bicicletas y hoy con orgullo sigue el proyecto empezado por su padre hace 52 años, la famosa “Casa Carlitos”, una de las bicicleterías más tradicionales de Tres Arroyos.

El nacimiento 
A los 20 años a Carlos Prieto le surgió un problema que terminó transformándose en una gran oportunidad. Evitó el servicio militar porque se sacó número bajo en el sorteo, pero ya había renunciado a su trabajo de peón de albañil pensando que se iba a hacer la colimba. Entonces de la noche a la mañana debió generarse un empleo. 

“¿Qué podía hacer? Yo competía y la bicicleta me la armaba yo; en la misma cuadra había una bicicletería del padre de un amigo, que me había enseñado algunas cosas. Entonces me dije: ‘¿y si pruebo con esto?’”, recuerda Carlitos sobre aquellos días de 1968. 

Así fue que, con la aprobación de su padre, liberó el viejo garaje de la casa de Paso al 600, puso un cartel en la puerta, y abrió su bicicletería. “Empecé sin herramientas ni nada. Después un vecino me regaló algunas, y cuando tenía que hacer ciertos trabajos iba a la bicicletería del papá de mi amigo, pedía permiso y laburaba ahí”, cuenta Carlitos que así, casi sin querer, comenzó su trayectoria en el oficio que terminaría siendo su medio de vida y también el de sus hijos y todo parece indicar que lo será de algunos de sus nietos. 

La crisis 
Juan no terminó el secundario y se metió de lleno a trabajar con su viejo en el armado de bicicletas. Todo iba sobre ruedas hasta que la crisis de 2001 hizo que “Casa Carlitos” tuviera que reinventarse para seguir con vida. “Yo tuve el privilegio de fundirme tres veces y volver a empezar las tres veces. Con los militares en la década del ‘70, con Menem en los ‘90 y con De la Rúa en los 2000”, dice Carlitos. 

De las tres, la más profunda y la que más fuerte le pegó fue la que terminó con el gobierno de De la Rúa. “En 1996 abrimos una bicicletería en avenida Belgrano. Alquilamos un salón y pusimos un negocio como no había en Tres Arroyos, con todo. Mientras que acá, en Paso, hacíamos los arreglos. En esos tiempos recién estaba apareciendo la mountain bike”, recuerda. La crisis que se empezó a gestar a mediados de 2000 demolió el exitoso emprendimiento. 

“Tuvimos que cerrar el local de Belgrano y volver a la calle Paso. Casi que no teníamos nada y la bicicletería no daba para los dos. Así que me tuve que buscar otro trabajo”, indica Juan. 

Casi una década anduvo entre acoplados, porque se desempeñó primero en Aiello y después en La Atómica. “Pero siempre que salía de la fábrica venía a armarle bicicletas a mi viejo”, dice. Hasta que en 2010 Carlitos entendió que ya era hora de dar un paso al costado y le ofreció a su hijo hacerse cargo de la bicicletería. 

La oportunidad 
Poco dudó Juan en aceptar el convite de su viejo. Y volvió a meterse de lleno en el oficio. 

“Y le estamos metiendo pilas desde ese momento. Acá apuntamos a darles soluciones a todos. Tenemos de todo para lo que es competición, que es un fuerte nuestro, pero también al cicloturismo. No dejamos a nadie afuera, tenemos de lo más barato a lo más caro. La idea es darle repuesta a todos los que tengan una bicicleta”, cuenta Juan. 

“Casa Carlitos” hoy tiene una organización bien aceitada. Juan es la cabeza y quien se encarga fundamentalmente de las ventas y la reposición; su hijo Alexis está a cargo del taller y hace las reparaciones; y su hijo Julián maneja todo lo relacionado con la indumentaria y arma bicicletas. “Así venimos funcionando muy bien”, asegura Juan. 

Y todos los días el equipo de trabajo recibe la visita de Carlitos, que disfruta y se enorgullece al ver que el proyecto que arrancó él en 1968 hoy esté en manos de su hijo y de sus nietos. Son todos unos “Carlitos”.