La doctora Elisa Hospitaleche y, a su lado, Carla Barroca

Policiales

Juicio por el caso "Geriátrico del Horror"

Más testimonios describieron el estado de la casa de Güemes y sus habitantes

05|06|20 09:04 hs.

Texto y fotos
Quique Mendiberri 

Más testimonios describieron el estado de la casa de la avenida Güemes 1336 y el de sus seis habitantes, durante la segunda jornada del juicio oral que se le sigue a dos tresarroyenses acusadas de “abandono de persona y abandono de persona calificado” en el Tribunal Oral Criminal de nuestra ciudad. 

En la segunda audiencia del juicio al que son sometidas desde el miércoles una madre y su hija, Liliana Mabel Sánchez (55) y Carla Mabel Barroca (40), en el marco del caso conocido popularmente como “el geriátrico del horror”, a raíz de los detalles que oportunamente trascendieron a través de la prensa y que, en este debate, están ratificando los denunciantes, declararon ocho testigos: cinco profesionales de asistencia sanitaria (dos médicos, una miembro del equipo de Caminemos Juntos, una acompañante terapéutico y un auxiliar gerontológico), un electricista y dos familiares de los adultos mayores que habrían sufrido las consecuencias del supuesto abandono denunciado y que el fiscal Carlos Lemble busca probar ante la doctora Verónica Vidal, miembro unipersonal del Tribunal Oral Criminal para esta causa. 

María López fue la testigo que abrió la jornada. La auxiliar gerontológica confirmó la descripción del lugar que, el miércoles, había efectuado en su declaración Aldana Zalasar, la última denunciante que motivó el allanamiento y posterior clausura de la polémica residencia. Tras ella, Cristian Jensen, un técnico que fue convocado para inspeccionar la parte eléctrica de la casa, reconoció que existía peligro en el estado de la antigua instalación, “estaba todo en muy mal estado, con cables a la vista y expuestos a todos los que quieran tocarlos. Todo salido, cualquiera puede meter los dedos. Es peligroso”, una observación frente a la cual la defensa, a cargo de la doctora Elisa Hospitaleche, se encargó de atacar haciendo alusión a la posibilidad de que, “todo lo observado puede ser consecuencia de una construcción vieja, más antigua que la casa allanada”.

Problemas de convivencia 
La tercera testigo de la jornada fue María Seoane, una miembro del equipo profesional de la ONG Caminemos Juntos, quien estuvo a cargo del cuidado de Cristian Aguilar, el paciente con un retraso mental moderado que estaba alojado en la residencia de la avenida Güemes. Según recordó, Aguilar padece estados de excitación psicomotriz y un retraso generalizado en las áreas cognitivas (trastorno de la atención), “ahora está adaptado a la dinámica institucional de manera satisfactoria y se apuesta a la inserción social, y desarrollo de sus actividades psicopedagógicas”, agregó al actualizar su estado de salud. 

La profesional dejó claro que el paciente requiere asistencia a raíz de su retraso mental moderado y recordó haber constatado la existencia de escabiosis (sarna), en la época en que su higiene y aseo personal cotidiano se realizaba en la pensión.


La doctora Elisa Hospitaleche y, a su lado, Carla Barroca


La profesional terapéutica que lo conocía desde el año 2000, hizo referencia a los factores que su familia habría argumentado al momento de internarlo, “empezó a vivir en (distintas residencias en) el 2000, porque su hermana adujo problemas económicos y de convivencia, ya que presentaba situaciones violentas de convivencia. Por eso, el (titular del Juzgado Civil N°2) doctor Piovani lo manda al hospital. Luego va a la residencia. Fue cambiando numerosas pensiones a lo largo del tiempo y ahora está en lista de espera para entrar al hogar de residencia de Caminemos Juntos que está en construcción”, indicó, antes que, frente a una pregunta de la Defensa, reconoció que la patología requería que esté alojado en la residencia y no en su casa. 

Por su parte, el doctor Marcelo Di Rocco hizo alusión a las condiciones de salud que observó en Hilda Scapa, una de las residentes que falleció tiempo más tarde. 

En su testimonio, advirtió el riesgo a su salud que significaban las condiciones de vida que constaban en fotografías del expediente y calificó como “el principio del fin”, la existencia de escaras como las que tenía la señora en un paciente de esas carácterísticas, “presentaba un estado físico complejo y problemas psicológicos. Es encontrada en posición fetal, con escaras en su cuerpo, con déficit circulatorio. A veces se puede hacer algo al respecto, pero al paciente añoso lo complica más. Las escaras están en contacto con los tejidos profundos y eso propicia infecciones”, explicó, antes de aclarar que, al momento del hecho que se está juzgando, “no corría riesgo su vida, dependía de la evolución”. 

El otro médico que declaró fue el doctor Alejandro Bronzieri, médico de Hilda Scapa en anteriores oportunidades. El profesional la recordaba como “una paciente con deterioro cognitivo”, que falleció hace poco y no volvió a ver.

Sin poder brindar precisiones acerca del estado en que se encontraba al momento de su traslado a la casa de la avenida Güemes, ya que según argumentó, hacía tiempo que no la veía, no pudo reconocer una foto de ella cuando se lo invitó a observar el expediente, “es irreconocible por las condiciones en las que se encuentra”, dijo antes que el fiscal Lemble le recuerde la descripción sobre la mujer ofrecida por la médica de policía, Victoria Meroni, en el informe realizado a fines de enero de 2018, “presentaba escaras, lesiones por rascados , pediculosis y lesiones de carácter grave”. 

“Yo en esas condiciones no la vi nunca”, comentó Bronzieri, antes de indicar que hacía un año (con respecto a enero de 2018) que no tomaba contacto con ella. 

“Quiero volver con Carla” 
Por su parte, Rodolfo Diez, hermano de dos internos de la casa de Güemes, uno de los cuales falleció poco después, fue el único que declaró claramente a favor de las imputadas. 

Su hermano, un paciente con problemas mentales que fue derivado a la pensión por discapacidad, luego de haber estado en el hospital Pirovano, dijo que la atención de Carla Barroca para con él “fue impecable” e incluso, en la actualidad, tiene a su otra hermana al cuidado de la imputada, “Sandra (su hermana) me dijo 'yo me voy a vivir con Carla'”, y añadió, acerca del supuesto estado de desnutrición que observó la Fiscalía, “es flaca, pero por su enfermedad. Siempre fue así de flaquita, más flaquita estaba cuando salió de mi casa y se orinaba en la cama. Por decisión propia ella siempre quiso estar ahí. No conoce otro lugar. Fue a lo de la señora Carla, porque la conocía”. 

Luego de un fallido intento por recibir el testimonio de la ex directora municipal de Higiene, Veterinaria y Bromatología, Lucía Gardey, que pasará para hoy por la mañana, llegó el turno de la última testigo de la jornada, Alejandra Duchosal. 

La acompañante terapéutica se encargó de visitar por cuenta propia el hogar donde trabajaba Aldana Zalasar, quien según declaró, le transmitió su preocupación acerca del estado en que supuestamente vivía la gente que debía cuidar en su nuevo trabajo. 

Cuando se le pidió una breve descripción general de lo observado, lo calificó como “horroroso, tenebroso, inhumano”, antes que la defensa cuestione la legitimidad de su participación, por no ser parte de un organismo oficial encargado de tal acción. 

Hoy a partir de las 9 se recibirán los últimos 4 testimonios y, posteriormente, se estima que se realizarán los respectivos alegatos.