Opinión

Editorial

Como al comienzo

07|06|20 16:29 hs.

"…Tiempos de rara felicidad, son aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo…" (Frase del historiador romano Tácito, lema de la Gazeta de Buenos Aires) 


 “…¡Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego…!” (Saavedra al conocer la muerte de Moreno) 

 Cuando pocos días luego de establecerse la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, todavía ejerciendo el poder en nombre de Fernando VII, aunque la mayoría de sus miembros albergaba otra idea en relación a la dirección que le querían imprimir al nuevo gobierno, usualmente conocido como Primera Junta, de la mano de Mariano Moreno se crea la denominada Gaceta de Buenos Aires. 

Un día con el mismo número y mes que hoy, en medio de la incertidumbre, tomando decisiones casi a ciegas, con innumerables problemas y dificultades por delante, con divisiones aflorando entre los mismos actores, sin recursos y con varios enemigos, criollos afines a España y realistas, afines a sus privilegios, aprestándose a reaccionar y sofocar la marea revolucionaria americana, nace el periodismo en este vasto territorio que a fuerza de ilusiones y desencuentros, a costa de sangre y de fuego, incluso entre compatriotas, termino llamándose República Argentina. 

Era la Gaceta un órgano de propaganda de las acciones de gobierno y de difusión de ideas afines a la revolución, que fue levantando temperatura en sus palabras a medida que la agitación tomaba forma, encontrando en Moreno, al hombre justo, al temperamento preciso, para entusiasmar e incentivar el camino y la dirección tomada por el órgano que el mismo integraba como secretario. Moreno fue radicalizando su visión a la par de los acontecimientos, creyendo rápidamente, como los primos Castelli y Belgrano, que no había lugar para medias tintas y que el destino prefería otra cosa, al igual que ellos. Pero muchos de los hombres públicos del momento eligieron otro sendero, más pequeño y mezquino, a contra pelo de los fuertes ideales hijos de la Ilustración, y más ancho para sus pretensiones personales de vanidad e intereses económicos, postergando la independencia hasta 1816 y el comienzo, lento, accidentado, indómito por momentos, de la definitiva organización nacional a partir de la sanción de la Constitución de 1853. 

El nacimiento del periodismo gráfico pos dominio español (existieron publicaciones anteriores a 1810), incluso con su particularidad, producto de las circunstancias extraordinarias del momento, de ser afín a un grupo político, marca todavía el sendero del genuino ejercicio de esta profesión: la pasión por la verdad de los hechos; la desconfianza hacía el poder político y económico o a la forma que este tome o en el modo en que se manifieste, cuando constituya una amenaza o un peligro para el ejercicio de las libertades humanas en su sentido más pleno; junto con la obligación irrenunciable e irremplazable de convertirse siempre en un foro disponible y amplio para la expresión de las voces más plurales, sobre todo y en forma especial, para aquellos o aquellas que no puedan ejercerlas, por las razones que fueren. 

El malogrado destino de Mariano Moreno, su pronta desaparición, un cuatro de marzo de 1811, en alta mar, sin haber pasado un año del comienzo de la etapa independiente, no le privó la posibilidad de expresar lo que sentía y decir al mundo las verdades de lo que deseaban los hombres y mujeres de mayo, siendo coherente con las palabras de Tácito, elegidas, suponemos por él, para presidir cada uno de los números de la Gaceta de Buenos Aires. Tenía razón el romano, no hay tiempos más felices que aquellos en donde el pueblo dice y expresa lo que siente sin limitaciones, ejerciendo el fundamental derecho de la libertad de expresión. Base sobre la cual se construye la democracia, el sistema fundamental e imprescindible para solucionar los problemas materiales de la ciudadanía y el territorio más apto para que puedan perseguir sus sueños. 

Desde el diario queremos recordar en su día a todos aquellos y aquellas que lo ejercieron y ejercen en esta casa, a los otros medios colegas de la ciudad y a su personal y sobre todo a las nuevas generaciones, para que contribuyan con su oficio periodístico, como lo hizo Moreno en su tiempo, a la ampliación constante, continua y cada vez más plena, del predominio de la libertad. Como al comienzo, todos los días.