El Campo

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El trigo enfrenta una campaña con riesgo climático y político

11|06|20 19:17 hs.

Actualmente hay tres cuestiones que generan preocupación entre los productores y por ende, desalientan la inversión en este inicio del ciclo agrícola 2020/21, ellas son, la evolución del clima (riesgo productivo), la carga tributaria y las últimas y crecientes restricciones de acceso al mercado de cambios (riesgo institucional). A continuación, se transcribe una extracción del informe realizado por Juan Manuel Garzón y Nicolás Torre del IERAL de la Fundación Mediterránea se reflexiona sobre los posibles efectos que estos factores generadores de incertidumbre y de cambio de precios relativos, pueden tener sobre el área de siembra y la producción final de trigo. 


Riesgo productivo
El riesgo productivo implica fallar la cosecha, sembrar con la expectativa de lograr un determinado resultado productivo (quintales / hectárea), pero luego terminar con un producido inferior. 

En esta siembra de trigo y en la de todos los cultivos, la variabilidad del clima es la que más contribuye al riesgo productivo, existe la posibilidad concreta de no contar con suficiente agua para un normal desarrollo de la planta, que garantice un rinde mínimo que permita el recupero de los costos. 

Actualmente, los índices de humedad en suelo son satisfactorios en algunas zonas productivas, permitiendo el avance de la siembra, pero no en otras, donde el agua en suelo resulta escasa y se está a la espera de alguna lluvia en la ventana de siembra, que de no llegar rápido imposibilitará el cultivo. 

Riesgo de mercado 
El riesgo de mercado es otro de los frentes con que debe lidiar habitualmente el productor. Cuando se siembra se conocen los valores actuales del cereal y los de sus insumos principales, pero no se tiene certeza respecto del precio que prevalecerá al momento de cosecha, ni tampoco la dinámica que pueden tener los insumos, particularmente aquellos que se irán necesitando a lo largo del desarrollo del cultivo. Si bien, y a diferencia de lo que sucede con la restricción de agua, existen mecanismos de cobertura, como la posibilidad de realizar ventas a precio cerrado en mercados forwards (no institucionalizados) o de futuros (institucionalizados), es imposible una cobertura completa bajo incertidumbre productiva; se puede cubrir una parte de la producción esperada bajo rindes normales, pero no el 100%, dado que no hay certeza que se vaya a alcanzar el éxito productivo. 

El trigo viene cotizando muy bien en este año, en la mayoría de los mercados y proveedores de referencia global, particularmente en los últimos dos meses. En relación a mayo 2019, los valores de las últimas semanas han sido iguales o superiores en todos los exportadores importantes, casos de Australia, Rusia, Ucrania, Estados Unidos o Canadá. Lo mismo aplica para Argentina, con un FOB promedio de US$ 239 que compara contra US$ 219 de mayo de 2019. 

Los fundamentos de mercado indican que las existencias globales, dejando fuera a China, se encontrarían bastante estabilizadas, en un volumen equivalente al 23 / 24% del consumo, y que en el caso del gigante asiático (que se autoabastece del cereal), por el contrario, los stocks estarían en franca suba y se aproximarían al 123% del consumo interno en el ciclo 2020/21, de acuerdo a las últimas estimaciones de USDA (mayo). 

El contexto en materia de existencias a comienzos de mayo no parece, a priori, un factor que permita explicar precios ascendentes o muy diferentes a los de años previos; la suba en las cotizaciones de las últimas semanas debería responder entonces a otros factores, por caso, problemas “en tiempo real” en exportadores relevantes (Rusia, Ucrania, Kazajistán), asociados a políticas de desaliento a la exportación (o a restricciones logísticas) y/o el anticipo de una producción que será finalmente menor a la que están proyectando hoy organismos internacionales de referencia (caso del USDA).

Otra hipótesis podría ser una demanda de países importadores que, por efecto del Covid-19, sorprendió al mercado y fue “más alta de lo habitual”, reflejando un mayor consumo real y/o un alza estacional por motivo precautorio a los efectos de garantizar un abastecimiento suficiente hasta tanto se supere la Pandemia (nótese que este segundo motivo es reversible). 

Ahora bien, los precios futuros de comienzos de junio para los meses de cosecha encuentran al Trigo FOB Puertos Argentinos en una banda de US$ 207-215 / ton (posiciones noviembre 20 – enero 21) y al Trigo FAS Rosario en una banda de 164-171 dólares (posiciones noviembre 20 – marzo 21). Estos precios futuros son bastante menores a los actuales, lo que indica que la situación de relativa escasez de estos últimos dos meses se iría corrigiendo hacia fines de año. 

En síntesis, los precios internacionales de hoy entusiasman la decisión de siembra de trigo, no tanto así los precios que indican los mercados de futuros para los meses de cosecha. El mercado irá ajustándose, en una dirección u en otra, según cómo evolucione la producción en los países que están arrancando la siembra y también según qué tan golpeadas queden las economías, particularmente las de las regiones importadoras, una vez que se supere la pandemia; también serán determinantes las políticas comerciales y el trato hacia las exportaciones que apliquen los exportadores relevantes de Europa del Este e incluso la propia Argentina.

Riesgo institucional 
El tercer riesgo que enfrentan los productores, particularmente en Argentina, es el cambio en las reglas de juego con las que operan. Una de las reglas que se ha modificado reiteradamente tiene que ver con los impuestos que debe pagar la actividad. Por caso en el ciclo 2019/2020, la siembra de trigo se realizó con un esquema de Derechos de Exportación consistente en un monto fijo máximo de $4 por dólar exportado, y una tasa equivalente del 9% aproximadamente, mientras que al momento de cosecha y comercialización del grano había ya un nuevo régimen, una tasa fija del 12%. 

Dos datos adicionales generan inquietud en los productores y seguramente son evaluados en la decisión de siembra: durante las gestiones CFK, la carga de DEX sobre el trigo promedió el 23% y llegó al 28% en algunos meses; el déficit fiscal del sector público nacional, por ende la necesidad de fuentes de recursos adicionales, está creciendo en forma acelerada en los últimos meses por efecto de la Pandemia. 

Otra regla de juego que ha sufrido muchos cambios tiene que ver con el Mercado Cambiario. Actualmente no es ni único ni libre. El marco regulatorio vinculado a la compra venta de divisas viene sufriendo cambios importantes en lo que va del año, y todos apuntando en la misma dirección, una mayor restricción de acceso a divisas al precio que rige en el mercado oficial. La última modificación en este marco regulatorio tiene que ver con la Comunicación “A” 7030 del BCRA, que restringe el acceso a dólares oficiales a empresas que cuenten con “activos líquidos originados en la formación de activos externos” (deben desprenderse primero de ellos) y también lo condiciona a la evolución que hayan mostrado las obligaciones comerciales (no deben haberse reducido en nivel respecto de comienzos de año). 

Las restricciones cambiarias generan múltiples tipos de cambio. El problema para el sector agropecuario es que sus productos se comercializan al tipo de cambio más bajo, mientras que muchos de sus insumos importados formarán precio mirando el tipo de cambio más alto, el “dólar bolsa”, si el BCRA sigue profundizando restricciones y poniendo en dudas el acceso (en tiempo y en forma) a dólares oficiales. De hecho, la normativa antes mencionada del BCRA generó tanta incertidumbre que muchas empresas proveedoras de insumos (semillas, fertilizantes, fitosanitarios) decidieron directamente suspender operaciones hasta tanto no se aclare bien el alcance de la medida. 

El hecho que el BCRA vaya cerrando y entornando puertas de acceso al mercado cambiario oficial termina derivando en una doble penalización al sector, los granos valen menos en el mercado interno no sólo porque son castigados por impuestos a la exportación diferenciales (más altos que los que rigen en otros productos) sino porque van quedando cada vez más solos en el pelotón de productos que siguen al tipo de cambio oficial en su proceso de formación de precios.