La Región

El recuerdo de Pablo Salvai

El afectuoso adiós a Miguel "Semilla" Curual en Bellocq

25|06|20 18:30 hs.


El lunes se produjo la desaparición física de Dalmacio Miguel Curual, conocido en San Francisco de Bellocq como "Semilla". Tenía 50 años de edad y quienes son seguidores del fútbol local, lo recordarán como un jugador destacado de Recreativo Echegoyen.

En la localidad su fallecimiento generó una gran tristeza y muchas expresiones de acompañamiento y cariño con la familia.

En Facebook, ingresando en San Fran de Bellocq, se puede leer un escrito realizado por Pablo Salvai con mucho afecto. Lo compartimos a continuación:

Semilla, pequeño gigante

Con Miguel empezamos a compartir cosas desde nuestra niñez, nos llevábamos un año y medio de diferencia y nos unía una profunda pasión por el fútbol. 

 Apenas asomaba del piso y con ese flequillo que dajaba ver su cara regordeta, ya se destacaba como un gran futbolista que llamaba la atención de propios y extraños. 

Así juntos, con Alejandro, “Checonato”, Toni, Sergio, Patricio, Tato, acompañados por mi viejo, el “Negro” Mendoza, Ruben y otros, nos condujeron a la más hermosa de las aventuras: Jugar y compartir con chicos de otros lugares y la gente del pueblo acompañando. 

 Las zapatillas “Flecha” gastadas, la precariedad de nuestra vestimenta, los sandwichs a cualquier hora, los primeros sabores inolvidables de la “coca” y el alfajor triple, casi desconocidos para nosotros. 

 Ese “gurrumin” hacía pasar de largo a los grandotes, se deslizaba con una frescura y un desparpajo, que nos hacía agrandar al resto y competíamos de igual a igual con cualquiera. 

 Su papá, empleado rural; su mamá, ama de casa, familia numerosa: 5 hermanos y una casa donde no debe haber pibe del pueblo que no haya pasado tardes de verano en esa pileta de natación de “dos por dos”, donde hacíamos cola para entrar, porque no cabíamos todos a la vez. 

 Rápidamente empezó a escalar en el Club: inferiores, reserva y llegó a la segunda con apenas 15 años. Todo tan vertiginoso como el paso de la adolescencia a la adultez, porque empezó a trabajar a los 14 años, a cumplir horarios con responsabilidad y eficiencia. En los ratos libres entrenaba buscando la excelencia. 

 No fumaba, no tomaba alcohol y ya su personalidad empezaba a dar indicios de cuales eran sus objetivos: jugar hasta que el cuerpo lo permitiera, trabajar a destajo y formar una familia. Vaya si lo logró! 

 En Echegoyen se retiró a los 37 años, en la estación de servicio estuvo hasta su cierre y como empleado municipal hasta el último de sus días. 

 Y lo más importante de todo: junto a Gladys, Tania y Juan Cruz construyó su bien más preciado, su familia. 

 En distintas etapas de la vida solíamos tener charlas enriquecedoras, interminables y reparadoras. Tal vez no fuimos lo suficientemente amigos (si nos adentramos en la profundidad de lo que esa palabra encierra), pero sí, no tengo dudas, que fuimos compañeros de la vida. 

 Podría resaltar miles de virtudes de su personalidad, entre ellas: su honestidad, fidelidad, perseverancia, tolerancia y amabilidad. 

 Pero a partir de este momento paso a contarles lo que más me deja como enseñanza el paso de “Semilla” por esta vida. No tiene que ver con aquella niñez y adolescencia en un San Francisco de Bellocq que nada se parece al de ahora, no tiene que ver con el trabajador incansable y mucho menos con el extraordinario futbolista que llevó la bandera del Club Echegoyen a todos lados. 

 Me voy a quedar con algo que nos cuesta a todos (en mayor o en menor medida), aunque es lo más deseado: entregarse por completo, lanzarse sin red al vacío, darlo todo, hasta la última sonrisa, a sus seres queridos: sus hijos y su señora. 

 No logro apreciarlo en muchas personas, pero a Miguel le salía con naturalidad, no escatimaba esfuerzos, no había días y horarios, él le ponía el cien por cien de su energía. 

 Se nos ha ido una persona entrañable, un pibe 10, un amante de su pueblo...por eso no habrá Belloquero en esta tierra que, cuando hable de vos o simplemente te recuerde, no se le explote el pecho de alegría, simplemente, por el hecho de haberte conocido. 

Pablo Salvai

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