Juan Bautista Istilart

La Ciudad

Por José Mariano Pérez

El hombre que Tres Arroyos necesitaba

28|06|20 18:31 hs.

"Nos hemos dirigido a los ricos, invitándolos a ejercer el más noble y magnánimo privilegio del esfuerzo victorioso. ¿De qué serviría a la montaña su soberbia corona de nieve si, derretida a las caricias del sol, y derramándose por la ladera, no viniera a fecundar el valle y hacer nacer allí la vida y la alegría? ¿De qué serviría la riqueza acumulada, aunque proceda de la conjunción del trabajo y de la suerte si, diluida al calor de la solidaridad humana, no pudiera crear a sus pies la vida exuberante y feliz?". 


El domingo 27 de julio de 1924 el Sr. Juan Bautista Istilart pronunció un discurso en el acto inaugural de la actual sede del Hospital Pirovano. El párrafo anterior fue parte de dicha alocución y lo pinta de cuerpo entero, demuestra su pensamiento y en consecuencia, sus procederes. 

El pasado 26 de junio se cumplió un año más del fallecimiento del “cerebro de Tres Arroyos”, del mejor vecino que ha tenido la ciudad. Soy un ferviente admirador de su obra y su personalidad, lo que me motivó a escribir una serie de artículos sobre su vida. En esta primera edición, contaré sobre su infancia, su llegada al país y sus primeros trabajos. 



 Juan Bautista Istilart nació el 29 de junio de 1867, en el pueblo Hasparren, en la región vasco francesa de los bajos Pirineos, muy cerca de la frontera con España. Era hijo de campesinos. Su padre natural de Navarra (España) y su madre de Macaye, un poblado muy cercado al lugar donde nace el hijo más famoso que tuvo este matrimonio, que tenía cinco descendientes más. En 1873 la familia se radica en Macaye. 

A los diez años Istilart emprende viaje a Argentina junto a un tío paterno, que fallece de un síncope en pleno cruce del océano. El pequeño queda desamparado, siendo cobijado por una familia que lo aloja en su camarote. Al llegar a Argentina, logra que una carreta lo lleve hasta Dolores, donde se relacionó con las familias de Graciano Etcheverry y Miguel Joaquín Galdos, que se ocuparon de brindarle a Juan Bautista la contención y el afecto que necesita el niño recién llegado del viejo mundo. Galdos se ocupó de la educación del pequeño y lo anotó en el colegio privado San Luis. En dicho establecimiento escolar conoce a Pedro Soumoulou, integrante de una familia de inmigrantes franceses con la que, con el correr de los años, entablaron una relación cuasi parental. Además de estudiar trabajó en una pobre granja, utilizando una guadaña para limpiar de malezas el rico suelo propicio para sembrar verduras. 

Cuando tenía 19 años, toma contacto con un inmigrante español, el barcelonés Félix Mayolas. Ese encuentro sería el hecho que cambia el destino de la vida del joven francés. 

Mayolas era panadero de profesión en su terruño e inició en Dolores un molino harinero en el que Istilart obtuvo su primer trabajo. Mayolas era aventurero, inquieto y anhelaba nuevos horizontes. En la búsqueda de un lugar donde abrir un novel mercado, conoce Tres Arroyos y decide instalar en esta ciudad un molino harinero, que fue fundado el 22 de marzo de 1890 constituyéndose así en la primera industria que tuvo nuestra ciudad. Juan Bautista Istilart deja Dolores y se incorpora como tenedor de libros del nuevo molino, siendo el comienzo de un largo camino que dejó marcas imborrables en la comunidad tresarroyense.