Los viernes, en Buchardo al 1000, todo es actividad en el garaje de la familia de Claudia Córdoba y

Sociales

Primero Escuela de Pesca, ahora apoyo escolar y viandas

En tiempo de pandemia, amasan ilusiones

05|07|20 11:32 hs.

En junio de 2019, LA VOZ DEL PUEBLO había estado en contacto con Claudia Córdoba y José Rodríguez ambos integrantes y promotores de lo que fuera la creación en 2015 de la Escuela de Pesca del Barrio Los Ranchos a la que decidieron ponerle el nombre Un Mundo Divertido con Vos. 


Por esto y a través de la situación de la pandemia nuevamente nos pusimos en contacto con ellos viendo como todos se habían reconvertido. 

En el garaje de su casa, en la calle Buchardo al 1000 todo es voluntades y tareas constantes. Es que allí es numerosa la presencia de chicos y madres del barrio, la razón es más que evidente pues allí, la casa de Claudia y José, es el lugar que los convoca. 

Tiempo atrás era la pesca y ahora además se trata de la ayuda escolar, las viandas que los viernes preparan y la enseñanza de costura, la provisión de ropa o simplemente prestarles la oreja cuando la situación emocional o económica aprieta, fundamentalmente a los más chicos. 

Es que Claudia Córdoba es una mamá de “familia grande” o la “seño” como la llaman muchos de los chicos que se pueden ver por toda su casa, y damos fe que es así porque salvo su dormitorio -cuando el diario estuvo- no había lugar que no estuviese con chicos y adultos dándoles una mano. 


José Rodríguez y Claudia Córdoba (fotos Horacio Arbasetti)


Mientras tanto en un lugar del garaje en una gran olla se iba haciendo el tuco de pollo al que se le iban a incorporar los ñoquis que se estaban preparando para armar las viandas que todos los viernes entregan y que, a decir verdad, invitaban a hacerse un lugar en esa mesa para sentarse a comerla. 

Directo al corazón 
Claudia y Jorge son de palabra simple pero de procedimiento directo pero también junto con ellos hay un montón de “manos anónimas” que acercan de todo para que allí, en pleno corazón del Barrio Los Ranchos y Colegiales no falte nada. 

José es trabajador de empresas que realizan tareas viales y Claudia es empleada doméstica, pero aún así y no sobrándoles mucho siempre tienen un rato para dedicarse a esto. “Antes de la pandemia, los chicos venían de lunes a viernes 8 a 11.30 por la mañana y después del colegio por la tarde, les enseñábamos a armar líneas de pesca, a aprender a pescar, a escribir, mientras tomaban la leche con algunas masitas. Hasta íbamos a las lagunas donde hacíamos concursos con premios para cada uno y por supuesto es pesca con devolución. Nadie se quedaba sin traerse algo -dice y nos muestra la cantidad de chapas de copas que ambos han ganado y ‘sacrificaron’ para que los chicos tengan una ‘en serio’ y sino un juguete-, pero ahora con esto de la cuarentena todo se modificó” cuenta Claudia. 


Los viernes, en Buchardo al 1000, todo es actividad en el garaje de la familia de Claudia Córdoba y José Rodríguez. El último fue la preparación de ñoquis con tuco para las viandas que entregan a familias del barrio; el anterior fue un suculento plato de lentejas con chorizo, panceta, papas, arvejas. “Comidas contundentes para pasar el frío” dijo José mientras amasaba


José Rodríguez es pescador de raza, de sólo ver el mueble que hay en el garaje, él gomón y la cantidad de trofeos y “cheques” ganados en los concursos lo certifican. Pero Claudia no le va a la zaga, pues por acompañarlo en esta pasión y su propia dedicación de a poco se fue ganando su espacio en el mundo de la pesca. 

Ella, con más de treinta años de vivir en el Barrio Los Ranchos siempre se hizo un lugar para no sólo criar a las cuatro hijas del matrimonio sino que además fue promotora de salud “y todavía manzanera” dice con gran orgullo. “Imaginate que a veces ni tiempo tengo para ir a caminar… mi vecina me viene a buscar y me dice vamos…”, agrega. 



Hombro con hombro 
De esta manera uno fue contagiando al otro, Claudia en su pasión por los más chicos, el buscar darles apoyo, contención, un plato de comida o simplemente una caricia es su modo de vincularse. En tanto José y su pasión por la pesca fueron haciendo que los chicos participaran, armaran sus propias líneas primero y luego hasta se las vendiesen a algunas casas de pesca locales. 

“Sabés la cara de felicidad que tienen cuando vamos a entregarlas, porque yo los llevo pero son ellos quienes cobran por su trabajo y se reparten lo ganado”, cuenta. “A mi me encanta trabajar con los chicos y lo que uno aprende lo vuelca, porque el futuro van a ser ellos. Que desde chicos aprendan lo que antes nuestros viejos nos enseñaban. El padre de José estaba en el campo y con él iban a pescar, así aprendió él. Y por acompañarlo aprendí además de él, debuté en un Grand Prix del Sudeste, éramos sólo dos mujeres”, dice Claudia entre risas recordando porque es algo que nunca se va de su cara. 

Con la pesca no basta 
Refiriéndose a esta reconversión Claudia cuenta que “con la pesca no basta. Son chicos inquietos, que necesitan de nuevas opciones, siempre algo surge y con esto ellos se sienten atrapados. Hay juegos de letras, rompecabezas, porque hay días que los chicos vienen mal por la situación que viven. Vos tenés que transmitirles que podés, entonces jugamos a algo y todo cambia”, dice. 

Sumado a esto aparece la ayuda escolar, enseñarles cocina y también costura. En tanto José no ve alterada su vida, porque justamente una de las principales virtudes del pescador es ser paciente, “a los chicos los acostumbrás. Vos les das tarea para hacer y no los sentís, ellos se olvidan de todo si les das algo que los mantenga entretenidos”, cuenta.

“Vos los ves, ponen las sillas y van armando sus líneas. Ellos se ayudan entre todos además de pedir permiso para hacerse un mate y vos lo compartís con ellos”, recuerda orgullosa Claudia. 



Son unos 25 chicos los que concurren a la casa de los Rodríguez de lunes a viernes. “Somos un equipo grande atrás nuestro, es lo que nos hace no bajar los brazos porque siempre hay alguien que nos ayuda, que nos da un empujoncito para llegar más lejos” dicen felices Claudia y José en el final. Es algo que lo merecen porque para ella la felicidad es “cuando viene alguno, te golpea la puerta y te dice simplemente gracias seño. Tengo un trabajo…” y los ojos de Claudia se vuelven a poner brillosos. 

El caso de Claudia y José no es hacer asistencialismo, sino como ellos cuentan y demuestran “devolver algo de lo que aprendimos. Por esto es que tratamos de hacer buenas comidas, contundentes. Lo que nosotros pensamos y esperamos para el día después es que los políticos se pongan las pilas. A nosotros no nos gusta el asistencialismo, a la gente hay que darle herramientas y trabajo, ganarse la plata dignamente, no con un plan. Vos viste el otro día como ayudaban las mamás a preparar la comida, eso es lindo, y bueno, yo siempre les digo: necesito una mano… ¿me ayudás?”.  

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Estar, siempre estar
Hay muchas anécdotas que cuentan pero la más reiterada es la consabida “que pueden venir un sábado o un domingo y decirte: seño tenemos hambre” y ahí es Claudia quien se pone a hacerles algo de comer. “Es duro”, dicen los dos, “aparte los chicos vienen y te cuentan lo que viven, ellos confían en nosotros… A veces solo quieren que los escuches”.


Parte de los integrantes del grupo que trabaja con y para los chicos y las familias del Barrio Los Ranchos junto a Claudia Córdoba y José Rodríguez


La casa de los Rodríguez también es como un ropero comunitario, “son muchos los que nos donan cosas. El otro día vinieron dos chicos mojados, en alpargatas porque habían ido al campo a agarrar una liebre. Ahí nomás les hice lavar los pies, saqué medias y en casa siempre hay algún par de zapatillas para dar”, cuenta Claudia. 

El diario vio la cantidad de ropa que tienen, “y eso no es nada -cuenta José-. Sabés la cantidad de frazadas que entregamos hasta ahora, el frío se siente mucho. Preparamos los bolsones y salimos con los chicos a repartir por el barrio”. 


El apoyo escolar y ayudar a hacer las tareas es otra de las premisas por las que hay hasta “premios”


Es duro “cuando vas al domicilio -señala Claudia-. A veces las asistentes no pueden salir de la salita por la cantidad de trabajo que tienen, pero yo que pateaba el barrio sí lo he visto. Nosotras trabajábamos en conjunto, desde 2010 hasta el 2018, y de manzanera llevo 18 años, con el Plan Más Vida, si les faltan las vacunas, si están golpeados. Cuando veo algún caso se lo paso a la asistente o los mando a la sala. Yo ad honorem pero todo lo que pueda ayudar y dar para los chicos es poco. Para nosotros es una forma de vida, voy a morir así mientras tenga salud lo voy a seguir haciendo. El de allá arriba ve todo porque cuando vamos a Las 24 algún premio traemos, hasta por sorteo el ganó un auto”. 

En Las 24, el mejor regalo 
Acá José recuerda ese día tan feliz del verano de 2019, más precisamente la noche del 10 de febrero; “gané un Chevrolet Prisma Joy en el concurso a la pieza de mayor peso de las 24 Horas de la Corvina Negra. Estábamos pescando en las piedras pero era de noche y decidimos cambiar de lugar y nos instalamos en el Campamento. Sacamos piezas chicas hasta que en un momento le digo ‘vieja levantá la línea porque me picó algo grande’. Con un chucho de 17.860 kg, estuvimos ‘paseando’ más de dos horas desde las once de la noche hasta pasada la una de la mañana, en el agua manda él y había que cansarlo. El resto fue felicidad”. 

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