Alejandra Lucci dice que “vender por Internet fue un salvavidas” (foto Marianela Hut)

La Ciudad

Alejandra Lucci, emprendedora

Tinajas que moldeó el tiempo

05|07|20 12:00 hs.

Por Valentina Pereyra


Se estaban por cumplir treinta años del fallecimiento de su bebé y había pasado los cuarenta días de cuarentena en absoluta soledad, encerrada en su casa.

Sintió que la tristeza la envolvía y que si no hacía algo pronto sus manos quedarían atrapadas en esa tela invisible de dolor e incomprensión. Recordó tiempos pasados en los que la madrugada la acobijaba y la falta de sueño movía sus dedos para pintar, moldear, decorar tinajas. Uno tras otros los cachivaches la empujaron de la cama, de las malas sensaciones y la abrazaron para siempre. Hace un tiempo pensó en crear una tienda online para poder vender durante los meses en que su local de temporada permanecía cerrado, sin dudas había llegado el momento.

Alejandra Lucci fue a ver el local de Colón 639 y le pareció perfecto para poner su depósito y, por qué no, un buen showroom. 

De a poco empezó a pintar estanterías de blanco, a forrar con papel madera las enormes cajas que contienen el stock de artesanías, mercadería variada, a colocarlas una encima de la otra en perfecto orden en los estantes de la parte trasera del depósito de ventas. 

Por fin tomó la decisión de poner en funcionamiento la venta virtual e invitar a sus amigos para que participen del emprendimiento en el que podrían mostrar sus productos, delicatesen, exquisiteces, objetos de decoración, artesanías y, entre todos, solventar los gastos del local. 

Al fondo del showroom unas cortinas bordó prolijamente colgadas invitan a ingresar a un nuevo espacio, “el aquelarre”-como lo llama Alejandra- decorado por dos silloncitos bien dispuestos alrededor de una mesa a la que adorna una fuente que contiene tres bolas de madera de delicados colores pastel, una cocina, una pequeña mesa bien pintada que luce una riquísima torta bañada con azúcar impalpable y una cereza en el centro, las tazas, el café y la sonrisa amena de la anfitriona. 

“Trabajé treinta años en la escuela con horarios, así que ahora, colaboro atendiendo el showroom algunos días y lo tomo como un espacio para cultivar la amistad y por demás colaborativo”, cuenta Alejandra mientras ofrece una taza de café. 

Apuesta fuertemente a los espacios de participación y dignificación, en los que haya un grupo de referencia como los que conoció durante su experiencia en el trueque. 

Origen y evolución 
“Tinajas” es un showroom que comenzó hace quince años como una tienda de artesanías y decó en Claromecó y, hace cinco, en Monte Hermoso. Alejandra puso en marcha el emprendimiento en una pequeña cabañita familiar en la zona del faro de la localidad balnearia hasta que un día buscó mayor espacio y otra vida. 

La docencia y su emprendimiento corrieron por sendas paralelas durante una década y media, primero fue un proyecto familiar que luego trasladó a la calle 28 entre 7 y 9. La pandemia llegó de pronto y la obligó a dejar ese espacio y pensar en bajar los gastos fijos que demanda sostener el local todo el año, fue cuando decidió traerlo a Tres Arroyos e instalarlo como depósito para la venta de la tienda online “tinajastiendadearteydeco”. 

Hace cinco años abrió “Tinajas” en Monte Hermoso que por las distancias delegó en empleados, pero ante la dificultad de supervisarla se ocupó personalmente de su atención de diciembre a abril, aunque la pandemia cortó la actividad un tiempo antes de lo previsto.


Alejandra Lucci dice que “vender por Internet fue un salvavidas” (foto Marianela Hut)


“Después de crear y gestionar tantos emprendimientos, de participar de cursos de marketing noté una carencia en el apoyo a pequeños emprendedores para que se inicien y trabajen en un lugar público y de acceso sencillo”. 

“La unión hace la fuerza” es la frase que blande de sus labios, mientras el espíritu inquieto enarbola la creación del espacio de participación solidaria que conforman unos sesenta artesanos y unos diez locales, entre ellos “Las Ciprianas”, “Sabores Gourmet”, “Mandalas y Algo más”, y otros emprendimientos personales. Alejandra atiende el lugar tres veces a la semana al estilo showroom y junto a personas conocidas y amigos de manera colaborativa promueven sus productos, sostienen el local y sus gastos.

Tiene el proyecto de crear una franquicia con la marca “Tinajas” -que registró hace dos años- para que el que quiera abrir ese local en Claromecó u otra ciudad lo pueda hacer con el mismo nombre cumpliendo algunos parámetros legales de franquicia abierta. 

“Fue un salvavidas esto de vender por Internet, aunque era una idea que rondaba hace tres años que no se concretaba porque era muy difícil la distancia hasta Claromecó –donde estaba la mercadería- para poder entregar los productos. La pandemia aceleró la cuestión y lo que antes era inviable, ahora, tras el alquiler de este depósito, se puede hacer y los emprendimientos se presentan de una manera accesible y fácil”. 

La resiliencia 
Alejandra tiene cuatro hijos, Florencia, Belén, la bebé que murió y Valentín, además de tres nietos que alegran sus días, Brandon (15), Eliseo (7) y Giovanna (8 meses) 

“Fui treinta años docente, hice las seis cabañas con mis manos, fui ama de casa, les cosí a mis hijos, les tejí, hice el vestido de novia a mi hija, crié pollitos, reciclé, pinté mi casa, hice huerta, siempre trabajé mucho”. 

Su vida sucumbió a los 25 años cuando una malformación genética se llevó la vida de su pequeña recién nacida y le dio una perspectiva diferente. “Hice el Camino de Santiago de Compostela durante 31 días caminando sola, como superación personal, esparcimiento, socialización, un momento de compartir experiencias, lo hice casi como un acto de valentía que terminé agradeciendo a la vida a pesar de los movimientos dolorosos porque siempre hay un crecimiento atrás de cada dolor”. 

Alejandra siente que venció el dolor tras la aceptación de la muerte que visitó su vida por primera vez a los tres años cuando falleció su padre y más de dos décadas después, su hija. “Me di cuenta que la vida te pone piedritas que uno las va sorteando, pero en la medida que no hagas el crecimiento o no tengas la resiliencia para evolucionar del dolor y aceptarlo, se vuelven a repetir, el universo te sube el volumen, te aturde para que lo escuches, que fue lo que me pasó cuando murió mi hija”. 

El camino de crecimiento metafísico que transitó casi sin darse cuenta la puso en un lugar de mayor compasión, solidaridad y de valoración de la vida. Ese poder de reciclaje y recuperación, sus manos como antenas que la sintonizan con la humanidad, la conectan. 

La sonrisa, los anillos que bailan al son de los gestos que cubren el aire en círculos para completar lo que las palabras profesan, dibujan la figura de Alejandra entre sus tinajas.