En el Puente La Noria, Sergio Berni ordenó a la Policía Federal, sobre la que no tiene autoridad, de

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Berni: cómo ocuparnos de lo que no es importante

05|07|20 19:53 hs.

Por Roberto Barga


No sabremos con exactitud por qué los medios de orden generalista, priorizan noticias, como la del campeonato clandestino de paddle o las apariciones circenses del ministro provincial de seguridad Sergio Berni, sobre informaciones del calado de la caída del PBI en abril del 26,4% o el descenso de la recaudación en junio del 15,2%. 

Un servidor, puesto a aprendiz de brujo, especula con la idea de matriz psicológica, de darle un orden prelatorio a los acontecimientos menores y dejar para el final a los lacerantes, porque el clima de desesperanza es cada vez mayor. Y a veces es mejor anestesiarse con zarandajas varias, que hacerse el harakiri con una realidad que tarde o temprano, inexorablemente vendrá a buscarnos. 

Pero aceptemos las escalas establecidas por las terminales mediáticas de carácter nacional y diseccionemos a una figura contradictoria como la de Berni. El personaje en cuestión ofrece distintas miradas e interpretaciones. 

Sus apariciones relámpago en el lugar de los hechos, siempre van acompañadas por una desbordante puesta en escena. Citemos algunos ejemplos para graficar mejor: fusil en mano, participa del operativo que detiene a los homicidas de un gendarme en Zárate. 

Este suceso acontece de madrugada. Dos días después, el ministro, de cuerpo presente, negocia con los vecinos de una barriada humilde de la Matanza, el despeje de un corte sobre la autopista Ricchieri. Los vecinos acceden al pedido de Berni y este se va entre aplausos y vítores. Por último y en la que parece su jugada de mayor volumen por lo que está en juego, Sergio Berni, como un cowboy moderno, al mando de su moto BMW, se apersonó en el retén inaugural de esta nueva cuarentena, en el Puente La Noria, una de las fronteras sur de la capital y el Gran Buenos Aires. 

Este último “mise en scene”, está rodeado de significantes y no precisamente vacíos. El ministro de Seguridad bonaerense, con gestos ampulosos, ordena a otra fuerza (Policía Federal) sobre la que no tiene autoridad, despejar uno de los carriles obturado por el operativo. Lo hizo a los gritos y sin el menor temor por el posible escándalo. El argumento que utiliza es de sentido común: “la gente ya está bastante complicada, como para que le compliquemos más la vida con controles interminables” o “las ambulancias no pueden esperar 20 minutos para pasar”. 

¿Pero, qué busca realmente Sergio Berni con estas irrupciones, que luego completa con un intenso raid televisivo? Por cierto es tan intenso que ya no se sabe si Berni es la televisión o la televisión es Berni.

Las interpretaciones sobre sus objetivos son variadas y muchos de esos objetivos lejos de ser contradictorios, se potencian. 

Hace tiempo que circula la versión de que Berni cuenta con el aval de Cristina Fernández de Kirchner para ser candidato a diputado nacional el año que viene. Él en privado amplifica esta especie y agrega: ser candidato a presidente. Vale destacar que Berni dice por activa o por pasiva que reconoce un solo liderazgo y es el de la actual vicepresidenta. 

Algunos suponen y no sin razón, que en realidad Sergio Berni quiere forzar un pedido de renuncia por parte de su superior, Axel Kicillof. La lectura que hace Berni de lo que viene, es francamente pesimista en materia económico-social y en consecuencia, la deriva en materia de seguridad ciudadana en territorio bonaerense será lo más parecido al infierno. 

El ministro en cuestión acaba de admitir que por primera vez en mucho tiempo se está deteniendo a personas sin antecedentes policiales que delinquen para comer. A confesión de parte… 

Pero especular con la idea de que Berni es un verso suelto que va por libre, es por lo menos una simplificación. A este cronista le informan de una reunión en el Instituto Patria entre Cristina Fernández, Berni y otro invitado que no viene a cuento. Allí la vicepresidenta expuso que de la crisis del Covid-19, se saldrá con todo el argumentario de la antipolítica y por tanto se necesitarán candidatos fuertes, capaces de chapalear en el barro y lejos de los escritorios institucionales. Todo, para mayor gloria de los oídos de Berni, que se siente un primus inter pares en esto de estar en el territorio. 

No hay estudios demoscópicos serios sobre la valoración que hace la gente del desempeño de Sergio Berni, pero algo queda claro sobre el “éxito” de sus puestas en escena. Beni agita con fruición algo que demandan las sociedades modernas: la trasparencia. 

Como bien señala el filósofo Byung Chul-Han estamos en presencia de la era del dataísmo, pero también de la transparencia. Todo se exhibe, todo se muestra. Berni, no tiene intermediarios, ni reuniones secretas para pedir levantar un piquete o un retén. Lo hace él mismo, en vivo y en directo y siempre con la televisión como testigo. No tiene morbo en tanto acciones ocultas, todo es trasparente, todo se ve. El público feliz, Berni espectaculariza la vida. 

Cabe preguntarse qué opina el otro Fernández ante todo este show. Sabemos que el Presidente de la Republica, marcó las diferencias públicamente con Berni antes de la pandemia y que durante este tiempo se queja ante Kicillof en privado un día sí y otro también. Lo que no sabemos es cuándo exigirá su renuncia, que esta opere a un tiempo como disciplinador y como ejercicio de autoridad presidencial. 

En simultáneo, todas las semanas conocemos cifras de la economía que nos acercan al espanto. En esta se difundieron los números del PBI, que comentamos al comienzo de la columna. En abril el desplome fue -26,4%. Pero miremos en el mismo periodo cuánto cayó la economía de otros países: Uruguay -1,5%, Chile -5,3%, México -10,5%, Alemana -7,8%, Brasil -9,1%, U.S.A -7,1, Italia -12,8%, España -12,8 y por último Inglaterra -10,2 

Salvo Uruguay, a todos estos países, hasta ahora les sacamos enormes ventajas positivas en el manejo de la pandemia, sobre todo en el número de muertos. Es probable que estemos cerca de llegar a la famosa inflexión en la curva de contagios. Ya es hora de presentar un plan económico integral y realista, no hay más tiempo para dilaciones. Lo que viene es complejo.     


Roberto Barga