Lucía Camejo, coordinadora de Turismo de San Cayetano, en su lugar en el mundo

La Región

Lucía Camejo y su amor por Ochandio

¡Lindo haberlo vivido! para poderlo contar

12|07|20 10:06 hs.

Había una vez…, que vivió en un emplazamiento rural llamado Ochandio, en el cual recorrió cientos de veces su calles “en bici, caminando, pateando toscas…” y hoy aquellos días siguen siendo el recuerdo más vivo, como aquel verso inmortal y simple que la lleva a poder contar entre emociones fuertes su amor al pueblo que vuelve “ni bien puedo” para seguir reafirmando que ese lugar es el suyo en el mundo. 


Hoy Ochandio tiene unos sesenta habitantes, de aquellos 300 que supo tener en las épocas que los pueblos tuvieron en el llamado “esplendor” que les trajo el ferrocarril. 

Pero nada hace que para Lucía Camejo cambie sus sentimientos por el lugar donde nació y se crió, donde vive su familia y vuelve cada día que puede, separada por unos 15 kilómetros de su residencia actual en San Cayetano, pero que le parecen 100, como ella misma confiesa. 

Es que en Ochandio hasta “en cuarentena se vive totalmente diferente a las grandes ciudades, aún cumpliendo con todos los protocolos se vive de otra manera, donde los chicos pueden salir a andar en bici o jugar en la calle, los patios son inmensos, hay muchos terrenos…”, y entonces pareciera que el problema no fuera tanto, que está muy lejos, “totalmente, aunque esto se hizo muy largo y los chicos extrañan la escuela, el jardín, los amigos, pero lo viven de otra manera, se pueden encontrar en algún lugar abierto y aún en la distancia tener ese contacto tan lindo con seres de su misma edad, de su mismo sentir, esas grandes diferencias a una gran ciudad y disfrutar de distintas actividades al aire libre porque el lugar lo permite”, y ahí se disfruta, se vive y se siente en absoluta libertad de tiempo y espacio, también el adulto “vive de otra manera, es otra realidad, hasta diferente a San Cayetano y ni hablar de grandes ciudades donde las libertades en estos tiempos son más que limitadas”.

Aquí el zoom es reemplazado por la distancia que separa una vereda de otra, por el espacio que se debe guardar dentro del bendito protocolo, donde las visitas por internet se suplen con un saludo presencial a un poco más allá. Todo es diferente, es simple, como la vida misma en un pueblo donde se valoran los sentimientos, los vecinos, los amigos, la familia, el arraigo, el canto de los pájaros, el murmullo del viento y el sonido del silencio. 


Lucía Camejo


Y como todo lugar de estas características tiene como punto de encuentro el almacén donde abastecerse, y el paseo o salida como programa es recorrer unos quince kilómetros hasta San Cayetano para encontrar algo que en el pueblo puede que no haya, con riesgos de contagio muchísimo menor que en cualquier gran ciudad. 

“Es un lugar privilegiado en estos tiempos”, afirma Lucía, y porqué no siempre, aunque alguna vez hace falta que algo pegue un sacudón para sentir lo mucho que se tiene y lo poco que se valora, aunque quien vive en un lugar así, es porque realmente lo elige a sabiendas de su calidad de vida. 

“Cuando el ferrocarril deja de funcionar la gente empieza a buscar trabajo en la ciudad”, dice Lucía que le contó su gente y es una frase que se escucha a lo largo y ancho de la Pampa Húmeda por cada quien habitó un pueblo, y por lo que muchos desaparecieron. 

Pero Ochandio no ha sido el caso, al contrario, y en ese afán de sobrevivir “tuvo un nuevo auge cuando empieza a contar con escuela secundaria y completa la educación básica, con su jardín de infantes y la escuela primaria, salita de primeros auxilios, una plaza cuidada, Patrulla Rural, le dieron otro movimiento al pueblo”, y Lucía siente y hace sentir que su lugar en el mundo lo será siempre.


La estructura del CEPT 34 surge diferente a las edificaciones del pueblo, que alberga alumnos y estudios secundarios


“Tener los tres niveles educativos le dio un movimiento más que importante, junto al almacén, el club, su iglesia, y todo funciona, por supuesto en una medida acorde al lugar, entonces la familia que tiene que quedarse en el campo cercano o quiere vivir en el pueblo tiene todo y eso permite que quien estaba no se fuera, me tocó hacer la secundaria en San Cayetano porque en Ochandio todavía no había, y eso hace que algunas familias migren hacia una ciudad donde sus hijos puedan contar con el nivel de educación secundaria”, cuenta lo que fue esa parte de su vida y que otros que vinieron luego no lo tengan que hacer. 

El Centro Educativo para la Producción Total (CEPT 34) “con una modalidad totalmente diferente a la que nosotros estábamos acostumbrados a las escuelas secundarias”, cambió la vida del pueblo. “Es con permanencia de una semana en el lugar cada 15 días, para facilitar a los chicos que viven en el campo fundamentalmente que los traigan un lunes, los vuelven a buscar el viernes y hasta dentro de quince días no vuelven a tener que ir a clases, y en esos días los profesores van a sus casas a corroborar los trabajos agropecuarios y demás”, una modalidad aplicada a este tipo de pueblos rurales que acerca la educación secundaria a los chicos del lugar y a quienes residen en el campo. 

“Eso en algún aspecto le modificó la vida al pueblo lógicamente para bien, profesores que van y vienen, algunos puestos de trabajo, un movimiento nuevo, distinto” y que permite además interactuar a su gente con la del campo y la ciudad, en parte como era antes, en aquel tiempo que se ganó el mote de “esplendor”.

“Generó que no se fuera nadie e incluso que alguno fuera a vivir a Ochandio, o se animara la familia a quedarse en los puestos de los campos, lo que fue un antes y un después para la localidad”, asegura Lucía ya en primera persona, porque eso lo ve, lo sabe, lo siente. 

Es que trasladarse para estudiar “genera un costo y en mi caso mi padre era transportista escolar y era quien nos llevaba y traía, pero quien tenía más de un chico que mandar era complejo, parecen poco 15 kilómetros, pero hacerlos todos los días de la semana de ida y vuelta se siente y a muchas familias por costos se les complicaba el estudio secundario, hoy vital para poder continuar una carrera o bien como básico para desarrollar cualquier actividad”. 

Un edificio nuevo inaugurado en septiembre de 2019 rompe la fisonomía de las construcciones del pueblo, “y hasta entonces funcionaba en un inmueble que había prestado la familia Gardey”, apunta Lucía agradecida y como sintiendo que se debe valorar aquel préstamo para que las chicas y chicos siguieran sus estudios en donde viven. 

El edificio del CEPT 34 cuenta con 2 aulas, laboratorio, un SUM, habitaciones para los alumnos y los docentes, baños y oficinas administrativas. Incluso concurren chicos de distritos vecinos cuyos campos están cerca.

Un gran amor 
“Cuando se decide hacer la primera fiesta popular del partido de San Cayetano, que fue de la Salchicha Parrillera, mi felicidad era plena, cuando tuve que empezar a investigar algo más sobre la historia si bien sabía por lo que escuché y viví de chica hasta los 21 años, y sigo yendo, encontrar hechos que no conocía, ver cartas de mi abuelo para rehacer la historia, saber algo más del almacén de tus abuelos, de tu mamá, sentía como una aceleración de querer saber más y ya de todo el pueblo, y querer hacer algo más por el lugar donde uno nació y en el que mis padres todavía viven, donde nos criamos con mis hermanos, un sentimiento inigualable”. 


Lucía Camejo y uno de sus recuerdos más valorados, el almacén de su abuelo, Salvador Alarcón


A este punto cabe mencionar que Lucía Camejo es la coordinadora de Turismo de la Municipalidad de San Cayetano, y cuando se decidió que el distrito tenía que tener una fiesta popular y la moneda cayó del lado de Ochandio, es que dice que su felicidad “era plena”. 

Y llegó el día de la primera gran fiesta, el 14 de julio de 2019. “Ver la cantidad de gente que fue, los abrazos de reencuentros, de sentimientos, Ochandio tiene una cosa que es muy fuerte y es que la gente lo quiere mucho, quien vivió en el lugar tiene ese sentido de pertenencia del pueblo, personas que hacía muchos años que no iba al pueblo tuvo en la fiesta ese motivo para ir y me encontré mirando un poquito desde afuera, y me dije qué lindo lograr esto, porque los sentimientos del reencuentro con quienes fueron sus vecinos y su pueblo eran muy fuerte, compañeros de la escuela, maestras, Qué lindo haber podido ser parte de esto, de llevarla a cabo junto con la comunidad y el municipio, una fiesta tan linda y con tanto sentimiento visto, ver tanto reencuentro fue hermoso”, recuerda Lucía y aflora en ella una vez más lo más fuerte de su amor por Ochandio. 


La Fiesta de la Salchicha Parrillera, punto de reencuentro y emociones en Ochandio


Y sigue. “Cuando me tocó hacer las visitas guiadas por lugares que pasaste mil veces, en bici, caminando, pateando toscas, porque es así, y contarle a la gente lo que era cada lugar, lo que significaba, y por ejemplo la historia del almacén que era la historia de mis abuelos, qué lindo contar cómo fue, cómo se vive en Ochandio, fue hermoso”. 

Y sobre todo por amarlo, como confiesa Lucía, y de sus palabras y expresiones brota todo el gran sentimiento por su pueblo, el de los suyos y los que vendrán, porque lo que se quiere va a ser de uno eternamente y lo compartirá por siempre con quienes vengan aunque no lleguen a vivir en ese mismo lugar, del que “la gente se quedara admirada de lugares al que le dan un valor que quizás uno no dimensiona. Por eso esa primera fiesta fue un momento maravilloso y único que voy a recordar toda la vida, mucha pena no poder hacerla este año pero con la esperanza de que si no se puede que la segunda edición sea el año que viene”. 


La iglesia Sagrado Corazón de Jesús, inaugurada en 1950


Materia pendiente
“Cuando inicié la carrera de Turismo todos los trabajos eran referidos a Ochandio y en un momento los profesores me dijeron cambiá de destino, pero de chico uno no lo ve y valora de la misma manera que lo hago hoy”, y transmitir eso solamente se hace con la pasión que Lucía hace que fluya de sus sentimientos y se guarde en cada persona que la escucha.

“La gente que vive lo valora, su tranquilidad y la paz del pueblo es maravillosa y eso hace que uno desee estar, que le guste, y por eso las familias que tienen la posibilidad de quedarse siguen viviendo allí” porque es su elección de vida. 


Las carreras de autos que pasaban por Ochandio, y de fondo el único hotel que tuvo el pueblo, de 14 habitaciones


“Es un lugar muy buscado como destino turístico y más aún después de la pandemia, con mucha naturaleza y ojalá que más gente pueda venir, disfrutarlo, conocer su historia que es muy rica e interesante, cada lugar tiene la narración de lo que fue y como, que quien lo visite no se vaya conque es solo un pueblo sino sabiendo todo del lugar, desde cuando nació, creció, se desarrolló, sus vaivenes y todo hasta llegar a estos días”, invita Lucía sabiendo que su pueblo vale la pena ser visitado, conocido y valorado, más allá de que aclare que “no tiene grandes cosas”, pero el valor es su gente, su historia, su vida, y en ella está sembrado el arraigo, el amor incondicional al lugar, como lo hace notar Lucía, una chica de pueblo orgullosa de serlo, de llevar a Ochandio en su ser. 

“En la elección de cada uno, a los quince años mi mirada era otra y hoy busco caminar por la paz y tranquilidad de sus calles y su gente, con el canto de los pájaros que acompaña siempre y no de un motor, y para quien le guste esto, está Ochandio”.