En la etapa final del siglo XIX, la agricultura llegó para quedarse al distrito

Opinión

Historia

Istilart y los orígenes de la siembra del trigo

12|07|20 12:51 hs.

Por José Mariano Pérez


El campo y la industria eran para Istilart los pilares del desarrollo de la ciudad. Su aproximación al mundo campero se había dado por su condición de contratista rural, especialmente explotando trilladoras en los campos aledaños a Tres Arroyos. 

En un artículo que fuera publicado en el “Álbum del Cincuentenario de la ciudad de Tres Arroyos”, nuestro prócer escribía sobre los orígenes de la siembra del trigo y recordaba que “recién en 1887, un núcleo de familias agricultoras, originarias del norte de Italia, lombardos para mayor precisión y procedentes del vecino partido de Juarez, abrió los primeros surcos en la parte noreste del ejido de las chacras, casi lindera del ángulo formado por su intersección, con los campos de Candia, Valerio Rodriguez y Santamarina. Este núcleo lo componían las siguientes familias: los hermanos Galli, los hermanos Rizzi, José Dubini, Pablo Giudici, José Tagliabúe y José Cavayanni”. 

El grupo de agricultores se amplió con la llegada de otros inmigrantes de diferentes orígenes, teniendo ellos un principio difícil, pues había que improvisar todo, la habitación, los cercados, los pozos, las herramientas. Además se estaba a la buena de Dios en cuanto al clima, siendo muy reiterada la caída de granizo, que destruía totalmente o en parte, los sembrados. Aún no existían los seguros agrícolas por esta zona, circunstancia que Istilart comienza a vislumbrar como necesaria para ampliar las hectáreas a sembrar y evitar las importantes pérdidas económicas que ocasionaban las inclemencias climáticas. Por tal razón adquiere libros sobre seguros y cooperativismo, comenzando a pergeñar por entonces la creación de una entidad aseguradora. Ello fue el preludio de su vital participación en la fundación de La Previsión en 1904. 

Los imprevistos climáticos, no impidieron que hacia 1888 varios ciudadanos tresarroyenses se volcaron a la siembra del trigo. “Los dilettantes locales, que ejerciendo diversas profesiones y oficios, fueron atraídos por el miraje de la fortuna, por medio de la multiplicación de las espigas, fueron los siguientes: Dr. Adolfo Sánchez y León, médico, Pedro Foussats, juez de paz y talabartero, Miguel Fígaro, carpintero y capo de la banda de música, Juan Chidichimo, sastre. Palavecino y Chappa, que tenían un boliche en el paraje denominado Puente de Ceferino”, relata Istilart en el citado artículo. 


El taller que instaló Istilart frente a la plaza San Martín


La primera trilladora, a la que hice alusión en mi crónica anterior, una Clayton, con motor Garret, fue la que desgranó la primigenia cosecha durante cuatro meses para reunir unos 9000 quintales de trigo. Sobre el final de la trilla, llegó una nueva máquina que recogió unos 2000 quintales más. 

Durante la campaña 1889-1890 se amplió sobremanera la cantidad de personas que se volcaron a sembrar el áureo cereal. Comerciantes, industriales, rentistas, almaceneros, médicos, joyeros, zapateros, panaderos y sobre todo especuladores. Casi todo Tres Arroyos. 

El año 1890 tuvo un invierno “parco en lluvias”, pero la esperanza estaba presente en todos los nuevos agricultores, hasta que llegó una tremenda helada que cayó en la noche del 8 al 9 de diciembre, reduciendo a la nada tantas esperanzas, tantos esfuerzos y tantos sacrificios. 

Pese a los infortunios, la agricultura había llegado para quedarse en esta parte del sudeste de la provincia de Buenos Aires. El propietario del mayor sembradío de trigo en esa época fue Teófilo Gomila, uruguayo de nacimiento que había arrimado a esta zona por indicación de Máximo Paz, entonces gobernador de la provincia. 

A Gomila se le encomienda la entrega de las tierras a los que la hayan adquirido, cobrar su precio y otorgar los títulos de propiedad. El enviado de Paz se conoce con Istilart en razón que ambos poseían máquinas trilladoras y es Gomila quien le cede en préstamo un terreno de grandes dimensiones frente a la plaza San Martín. Allí instalará un taller para reparar máquinas trilladoras y motores a vapor, comienzo de lo que sería, con los años, su reconocida fábrica.