Jorge y Ricardo de Isusi sentados delante de una reliquia, el afiche original del Campeonato Argenti

Deportes

La historia grande del deporte local

Los De Isusi moldearon su destino con la magia de la vida y la pasión por el hockey

14|07|20 10:51 hs.

Por Jorge Lopez de Ipiña 


Frecuentemente leemos, escuchamos o hacemos mención a uno de los versos más importantes del Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos, porque ésa es la ley primera…” 

Aferrándose a esa composición, potenciando las bondades del destino o simplemente porque la magia de la vida les regaló la oportunidad, Jorge y Ricardo de Isusi siguen transitando juntos por este mundo el largo y hermoso camino que en casi 70 años incluyó todo, especialmente una vida dedicada al hockey sobre patines. 

Protagonistas de la recordada epopeya del ‘74 cuando Quilmes sorprendió al país y se convirtió en campeón argentino, desatando en nuestra comunidad una conmoción inusitada y exhibiendo que la fuerza del deseo y el poder de la entrega todo lo pueden, los De Isusi se situaron en un lugar especial en la historia del deporte local; pero ese espacio tiene que estar unido, merece tener la misma conexión que estos consanguíneos se han ofrendado día a día. 


El afiche del histórico campeonato argentino


“Nosotros fuimos unos elegidos; estuvimos en el lugar justo, en el momento justo”, destacó Jorge a modo de agradecimiento tras la incomparable aventura de la cual fueron partícipes. 

Y los hechos fertilizan ese sentir, al punto de dejar a los De Isusi plenos, realizados. “En el hockey no nos quedó nada pendiente; conseguimos todo y más de lo que podíamos soñar. Cuando arrancamos, a mediados de la década del 60, en Tres Arroyos no había hockey, no existían las canchas, no se conseguían elementos y tampoco había equipos; y resulta que cuando Quilmes incluyó esta disciplina, en 5 años nos convertimos en campeones argentinos. Y como si fuera poco, nuestros amigos son del hockey, y muchos de ellos para nosotros son, afectivamente, familia”, aseguraron al unísono.


En la actualidad, en la cancha de Huracán


El destino siempre estuvo junto a ellos, fue un acompañante positivo al cual esta generación alimentó sanamente. “Nosotros tuvimos muchísima suerte, vinimos de la nada en una ciudad que ni consideraba al hockey como deporte, logramos imponerlo, hacer que perdurara y seguimos disfrutándolo ahora. Los chicos que vinieron después, en otra generación, también fueron excelentes jugadores con una gran técnica, pero no tuvieron la misma suerte ni las oportunidades que se nos abrieron a nosotros, y ahí estuvo la diferencia de todo”, reconocieron modestamente. 

El inicio
Junto a sus padres Alejandro y Elsa, la infancia la vivieron y disfrutaron en un “punto estratégico” de la ciudad como era la segunda cuadra de la calle Suipacha. Es decir, “a una cuadra y media de Huracán, y a una cuadra y media de Quilmes”. 

En su primera aparición, el destino los posicionó en un lugar donde no se respiraba otra cosa que no fuera deporte. “Imagínate, mirábamos para un lado y teníamos al Globo, mirábamos para el otro y estaba el Cervecero; pero como Huracán tenía más opciones, es decir practicaba más disciplinas, fue a donde primero fuimos. Yo practiqué básquet pero con mi altura no tenía chances, hice fútbol y no era Messi, también me inicié en natación; que se yo, de todo”, recordó Ricardo entre risas. 







Hasta que una tarde, “estábamos patinando en la cancha de paleta, descubierta por aquel entonces, y llegaron los muchachos de la camada anterior que hacía un tiempo habían dejado la práctica pero seguían activos. Nos vieron movernos con libertad y soltura y nos preguntaron si no nos gustaría iniciarnos en el hockey; para nosotros fue una sorpresa, pero como nos gustaba y sentíamos que podíamos defendernos, agarramos viaje…”, rememoró Ricardo con esa sonrisa que mantuvo durante toda la entrevista. 

“¿Y sabes quién fue uno de los que nos invitó?” preguntó Jorge, “Luis Rocha, nada más ni nada menos él, quien luego sería nuestro líder y gran estratega” para llegar a la gloria; junto a Rocha estaban Carlos Mohamed y Cacho Fantinato, a la postre dos técnicos que llevarían a los De Isusi a dar más de una vuelta olímpica.

La vida era distinta, la época también, pero el deporte siempre ofreció a los chicos un lugar de contención, un espacio más seguro y sano, donde cultivar las amistades resulta algo común. “Nosotros encantados, pero en casa las opiniones estaban repartidas”, acotó Jorge. 

Papá Alejandro apoyó la idea, mientras que Mamá Elsa la reprobó. “Con el paso del tiempo entendí a mi Mamá, ella se preocupaba por nosotros, temía que nos lastimáramos; el hockey es un juego de mucho contacto, rudo si se quiere, y ella no quería vernos mal. Además, si teníamos que ir al doctor debíamos desembolsar un dinero que no sobraba en una familia trabajadora. Tal era su negación que nos anticipó ‘yo no les voy a lavar la ropa’. Así que tras entrenar llegábamos los dos a casa y nos poníamos a lavar todo; fue un tiempito, después se le pasó”, destacó Ricardo con mucha nostalgia. 


Los hermanos De Isusi, en sus inicios


“Papá siempre creyó en que era una buena idea, pero también sufrió mucho. Recuerdo que siempre iba a los partidos pero casi siempre se retiraba en el segundo tiempo; los nervios lo podían... Si íbamos ganando por un par de goles volvía al estadio para ver el final” acotó Jorge, quien se conmocionó al recordar: 

“Cuando jugábamos en la federación de Mar del Plata era común que tuviéramos partidos los domingos a la noche, así que el regreso era de madrugada. Muchísimas veces llegábamos y el Viejo estaba ahí, esperándonos en la ruta, esa era una gran demostración de amor que aún palpitamos y sentimos”. 

Por ser el mayor, se pensaría que Jorge fue quien impulsó a Ricardo, pero no, el andar por el hockey fue de la mano para ambos. “Sí recuerdo que cuando él se compraba unas zapatillas, o algún elemento, lo usado pasaba para mí; la plata no sobraba, teníamos que aprovechar todo al máximo”, aseguró el Vasco con orgullo. 

“Hubo muchas cosas que nos fueron haciendo cada vez más unidos, que nos ayudaron a crecer. Charlábamos mucho, el hockey era nuestro tema principal, casi el único durante mucho tiempo. Siempre queríamos mejorar, buscábamos superarnos; siempre fuimos muy cercanos y nunca hubo una pelea entre nosotros, ni cuando éramos jóvenes ni ahora que estamos viejitos (risas); menos alguna envidia o algo parecido” destacó Jorge. 

Y a mí, en estas casi dos horas que duró la charla, me resultó muy fácil destacar tantos gestos, miradas cómplices, frases particulares y esos silencios que sólo pueden irradiar dos hermanos, casi que convertidos en una sola persona…

El primer año de práctica, enseñanza y formación fue “en Racing; hacíamos de todo ahí. Después pasamos un par de temporadas al Centro Juvenil Agrario (que tenía su pista, sin barandas, en el primer piso del edificio ubicado en la avenida Moreno y las vías); viajamos por muchos lados de la región, jugamos muchos partidos, pero todo era amistoso, nada oficial” destacaron, pero un día del ’69 apareció “Polín Novales y nos invitó a ir a Quilmes…” 

En Moreno y Sarratea 
En el primer año, el rojiblanco recogió la suficiente experiencia de la competencia en la Federación Marplatense para al año siguiente, en 1970, consagrarse campeón. “Fue una verdadera sorpresa, nosotros éramos unos desconocidos que apenas sabíamos patinar, y en un año les ganamos un título”, valoraron. 

Y las razones debían empezar a buscarse por esas mismas que durante casi una década los tuvo en el primer nivel. Los jugadores de Quilmes sabían que el secreto estaba en la unión del grupo, el compromiso, la seriedad para entrenar, el respeto por el espectáculo y el equipo “nunca nos expulsaron un jugador” confesó Ricardo. 


El primer viaje que hizo Quilmes a San Juan. Parados: Rajoy, Carrera, Ajargo, Gutiérrez, Recari y Jorge De Isusi. Hincados: Rocha, Rodera, Roberto y Rubén Carrín y Ricardo De Isusi.


“Luis (Rocha) era nuestro líder, el estratega y organizador adentro y fuera de la cancha; teníamos a un Rubén Carrín que parecía una pared impasable; nosotros le dábamos ritmo y velocidad y peligro arriba (‘yo era más revoltoso, peleaba por todos lados, buscaba cualquier pelota que anduviera suelta y él un goleador nato con una categoría notable’ dijo Ricardo), y en el arco teníamos al mejor de todos: Roberto Carrín. Con él era ventaja, nosotros teníamos que hacer un gol, después sabíamos que Roberto las sacaba todas”. 

También mencionaron los nombres de Recari, Carrera, Balbi, Ajargo, Gutiérrez, Rodera, Rajoy… 1972 trajo consigo el segundo título en Mar del Plata y el primer viaje a San Juan. “Habíamos llegado al hockey grande, abrimos otra puerta. Recuerdo que el primer partido en el imponente estadio Aldo Cantoni fue ante Concepción. No podíamos respirar, nos temblaban las piernas; antes de entrar a la cancha nos dieron un trago de caña para animarnos (más risas). Cuando ingresamos a la pista notábamos que unas 8 o 9 mil personas nos miraban como diciendo ‘¿y estos paisanos?’. Pero al minuto de juego Rubén le clavó en el ángulo un tiro de media cancha al arquero de la selección argentina, nadie lo podía creer; nosotros tampoco… Terminamos perdiendo 4-1 creo, pero ya habíamos mostrado nuestras cartas y, fundamentalmente, iniciamos una relación humana increíble con toda esa gente, la cual perdura por estos tiempos”, distinguieron. 


El equipo cervecero que se consagró campeón argentino


La marcha dirigencial transcurrió a la par del equipo, de manera ascendente. Porque si los gladiadores crecían en el rectángulo de juego, una parte de ello era gracias a las posibilidades que tenían de enfrentar a los mejores equipos del país, cada uno o dos meses; foguearse en una cancha fue determinante, “fue la mejor manera de crecer, aprendimos de los mejores, perdiendo con los mejores” afirmaron los De Isusi; lo mismo pasaba afuera de la cancha, hablábamos mucho, hacíamos profundas autocríticas, pero nunca en un vestuario post partido. Así, armamos lo que creemos fue una gran familia”. 

La supremacía de Quilmes lo llevó a ganar consecutivamente desde el 74 al 77 en Mar del Plata. “Fue notable el crecimiento, nos conocíamos de memoria. Nosotros dos podíamos jugar sin mirarnos; ambos sabíamos dónde estaba el otro, confundíamos a nuestros oponentes. Para ganar de visitantes teníamos que ser realmente superiores porque los árbitros nunca nos ayudaron, y ganábamos seguido, eh…. Con decirte que en los últimos años se unieron todos los equipos y ni así pudieron ganarnos”, recordaron con orgullo.


La tribuna de Quilmes en aquellos tiempos, siempre llena


A Huracán, la Asociación local 
“El hockey había crecido de una manera notable en Tres Arroyos, pero teníamos que hacer algo para potenciar esa escalada. Varios clubes se mostraron interesados, había muchos jugadores, y se tomó la decisión de fundar la Asociación Tresarroyense. Esto también nos permitía tener asegurada una plaza en la Copa de Campeones todos los años”, valoraron. 

Y ahí surgió un momento “candente” porque los experimentados se dividieron. “Nosotros nos fuimos a Huracán, otros a Club de Pelota, y así sucesivamente. Los dirigentes nos entendieron, nosotros preferimos que los jóvenes de Quilmes que venían de abajo (Jorge fue técnico de las formativas durante algunos años) con mucha fuerza tuvieron su lugar, al punto que fueron los campeones del primer oficial local, en 1978. La gente común, el hincha en general, no nos entendió, muchos creyeron que después de todo lo que nos había brindado Quilmes le dábamos la espalda, pero no fue así, nada que ver”, aseguraron. 


fotos Marianela Hut


Volvieron a Huracán 15 años después, y lo hicieron teniendo, “una vez más a nuestro lado, a Luis Rocha. Para mí fue vertiginoso, en el 79 fuimos campeones y en el 81 me retiré” recordó Jorge, para quien esa decisión “fue natural, a los 32 años mi ciclo como jugador ya estaba cumplido” aseguró. 

Pero nunca se alejó del hockey, “fui técnico en las formativas del Globo, dirigente, en fin, todo lo que se pudo hacer, lo hice, y hoy seguimos ligados con los Encuentros de Veteranos que nos permiten compartir momentos y equipo con quienes fueran nuestros rivales además de glorias históricas”, aseguró. La carrera de Ricardo fue más prolongada. “Yo fui un poco más caradura” dijo entre risas; “llegué hasta el ‘90, en ese período obtuve tres títulos más, en el 83 de manera invicta y en el 88 y 89 de manera consecutiva. En medio de ello, en 1986, estuvo la inauguración de la pista del Gigante, donde por suerte pudimos sentirnos y ser locales en nuestra cancha. Fueron épocas hermosas, Huracán sacó a la luz un gran semillero, la renovación fue positiva”, acotó con orgullo por entender que había sido parte de ese patrimonio que se sumaba al club.



Su retiro, en 1990, después de 13 temporadas y con más de 150 goles en torneos oficiales, fue distinto. “Mi padre siempre me dijo que me retirara antes de que los jóvenes me hicieran pasar vergüenza” acotó antes de que se renovaran ‘cargadas’ y los cruces de miradas pícaras. De repente el clima cambió, un profundo sentimiento cruzó el ambiente. “Ese año mi papá falleció súbitamente, nos impactó. Y en honor a sus palabras, cumpliendo su pedido, me retiré, ya nada iba a ser igual…” 

Jorge asiente con un gesto contemplativo, de aprobación. Las miradas vuelven a cruzarse, el amor entre estos hermanos renueva su incomparable presencia como en estas últimas siete décadas, tanto en la magia de la vida, como en la gloria del hockey que soñaron y forjaron con pasión.     

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La inolvidable epopeya del ‘74
Uno de los mayores éxitos en los deportes de conjunto de Tres Arroyos es, sin dudas, el título de campeón argentino de hockey sobre patines que el Club Quilmes consiguió en 1974. Desde la organización, pasando por la euforia popular y terminando en una demostración brillante en el juego, esa Copa de Campeones resulta inolvidable. 


Quilmes campeón argentino 1974. Parados, Mario Balbi, Rubén Carrín, Ricardo de Isusi y José Recari; hincados, Jorge de Isusi, Mario Carrera, Roberto Carrín y Luis Rocha; DT, Carlos Mohamed


Nadie puede negar que fue una consagración épica, la cual con el paso de los años regala un mejor sabor, eleva su dimensión y potencia la valorización de aquel equipo. “La verdad, era difícil creer que nosotros podíamos ser campeones. No me caben dudas que todos los equipos eran mejores que nosotros; es decir, todos tenían jugadores de mayor renombre que Quilmes. Pero nosotros actuamos siempre como un equipo bien estructurado, que ejecutaba cada movimiento sin errores; habíamos adquirido la experiencia necesaria como para intentar manejar los partidos a nuestra conveniencia, pero había que ver si podíamos hacerlo realidad ante los mejores equipos del país”, destacaron. 



Ricardo de Isusi valoró “la preparación física que tenía el equipo, eso fue fundamental, mantuvimos una intensidad en cada partido que resultó vital para dar vuelta en el segundo tiempo varios resultados. En esa época yo estaba haciendo el Servicio Militar y habían conseguido que me trasladaran al Tiro Federal de acá; entonces, y tras cumplir mis tareas, todas las tardes iba al club a practicar. Así fue durante un largo tiempo, pero todos hacíamos lo mismo, estábamos mentalizados en llegar de la mejor forma. Ese debía ser nuestro campeonato...”, y vaya si lo fue. 

El debut fue el 26 de marzo ante Andes Talleres de Mendoza, y el triunfo 2-1 con goles de Jorge y Ricardo. “Fue tremendo el debut, la gente lo vivió de una manera especial, increíble, la ciudad estaba convulsionada. El rival era un equipazo pero terminamos ganando bien, Ricardo puso el empate y yo, faltando menos de 2’ anoté el segundo. Al día siguiente enfrentamos a otro quipo con mayor nombre, Racing de Avellaneda” recordó Jorge, pero el impulso, la confianza, las dimensiones de la pista también, y “el empuje que venía de las tribunas colmadas de gente” los llevó al triunfo 3-1 con 2 tantos de Ricardo. 



En la tercera fecha la “Cenicienta” del torneo quedó libre; por lo que el viernes 29 se vio las caras ante el gran Concepción de los Bates, Clavee, Coria, Correa y Mario Agüero. Fue 2-2 con un tanto de Ricardo, lo cual obligaba al Cervecero a ganarle en la última fecha al magnifico Estudiantil de los hermanos Valentín, Raúl y Daniel Martinazzo (el mejor jugador argentino de la historia), más Andino y otras estrellas.

“Recién antes de ese partido sentimos que podíamos ser campeones; nos ilusionamos con ello. Pero no queríamos salirnos de nuestro eje; cuando entramos al vestuario (el sótano fue el lugar elegido para ese torneo) vimos una pizarra donde la dirigencia nos agradecía todo lo hecho y nos mostraba su orgullo y gratitud; no había presiones. También entró el técnico de la Selección Argentina, Santos Alvarez, para felicitarnos por el juego que estábamos desplegando, para darnos tranquilidad. Nuestro arranque de partido fue increíble, con goles de Rubén Carrín y José Recari en el primer tiempo, más el de Ricardo a los 7’ del complemento estábamos 3-0. Pero enfrente estaba Estudiantil, que se vino con todo y a los 12’ se nos puso 2-3. La presión fue tremenda, parecía que no los podíamos aguantar, pero Roberto se atajó todo, nosotros entregamos hasta más de lo que podíamos y defendimos ese 3-2. El título fue nuestro, la gente no lo podía creer, el estadio fue una verdadera fiesta, un sueño” confesaron los hermanos, de aquel 30 de marzo de 1974. Fue tal la magnitud y el alcance del título que una semana después se celebró en el gimnasio “cervecero” una misa en agradecimiento. 

Después fue el turno del Sudamericano de Brasil, “pero para nosotros fue como un viaje de egresados, fuimos a disfrutar nuestro logro; creo que nos relajamos, con el título argentino habíamos tocado el cielo con las manos”, explicaron. 

Quilmes ya había escrito su nombre en letras de oro en el ambiente del hockey, su dominio en la región se extendió por algunos años más, la participación a nivel nacional se repitió, llegó algún título en Tucumán pero nada comparable con la hazaña del ‘74… 

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Roberto Carrín: el mejor, el “1”
La admiración de los hermanos de Isusi por Roberto Carrín trasciende cualquier frontera, y no solamente en la faz deportiva. “Roberto era una gran persona, de esas verdaderamente buenas, sin maldades; quizás por eso fue que no trascendió como DT. Sabía de hockey como nadie, era un estudioso, un avanzado, tenía anticipación, era memorioso, sabía cómo definía cualquier delantero, conocía las virtudes y debilidades de cada rival, hasta si se los podía sacar del eje emocional, tenía todo… Pero él quería que en su equipo jugaran todos, hacía cambios para ver bien a sus dirigidos, y a veces no se puede. Lo mismo como jugador; no era un líder, siempre se sintió uno más, súper humilde. Cuando llegó a la selección le dieron unas botas Adidas, eran las mejores de la época, de otro nivel; pero él se los regaló a Rubén y siguió atajando con sus botines Patria, de menos calidad, pero los que siempre había usado. Roberto mostraba su liderazgo atajando, en eso era el mejor; increíble. Si nos habrá ganado partidos, cuántas veces nos salvó”, recordaron con admiración. 


Roberto Carrín recibiendo el premio al mejor arquero del Campeonato Argentino


Ricardo entiende que “a Roberto no se lo considera todo lo que se merece. Para mí es el mejor, o uno de los 2 mejores deportistas tresarroyenses de la historia. El contexto fue particular, espectacular, de Tres Arroyos saltó directamente al Mundo, sin escalas, sin jugar en un equipo grande. Fue subcampeón mundial con la selección en España 1976 y tercero en Portugal 1974. Además ganó 8 Provinciales, 1 Sudamericano y triunfó a nivel local. Su instinto natural fue inigualable”, destacó con orgullo.