Sociales

Por Valentina Pereyra

La huella del Gato

26|07|20 00:22 hs.

El sello del Gato es indiscutible para sus compañeros, alumnos y, para quienes se instituyó como referente. 


El único que no se la cree es él, que no pierde oportunidad para decir que tuvo su “club de fans” y que “aburrió” con su presencia en capacitaciones, en los jurados de selección, en las escuelas, en la colonia, en el Equipo Técnico Regional, para mencionar algunos roles que desempeñó y que, según él, lo convirtieron en una figurita repetida. 


Junto a sus padrinos en la profesión, Eduardo Piemonte y Jorge Santa María


Muy lejos de corroborar tales pensamientos, todos los que han trabajado o disfrutado de sus pasiones lo creen único, audaz y capaz de superar cualquier obstáculo con tal de lograr un objetivo distintivo. 

Habla con amor de su carrera y con enorme respeto de sus padrinos Eduardo Piemonte y José “Corcho” Santa María, así como de otros colegas. “Tuve muchas oportunidades que busqué y me gané”. 


El equipo de inspectores de educación. El mes pasado, Adrián Parravicini se jubiló


El Gato recibió su apodo en el barrio por su afición a trepar árboles, techos, paredones, todas acciones que dejaban fuera de juego a cualquier niñera que intentara cuidarlo.

Su mamá era docente de la Escuela N°1 en el turno mañana, por eso fue con ella en el mismo horario de 1° a 3° grado. Al pasar a 4° grado tenía que cambiar el turno por lo que decidieron dejarlo al cuidado de una señora que no pudo con él. Sin dudas, la doble escolaridad era la mejor opción. 

Se incorporó al Colegio Jesús Adolescente hasta finalizar la Primaria y luego, como era tradición en su familia asistió a la Escuela Técnica, donde su abuelo fue presidente de la cooperadora durante treinta años. “Cuando Julián Álvarez -ex director de la institución técnica- me llamaba por algún lío que había hecho me decía: De esto se va a enterar tu abuelo”. 



El 19 de junio, el Gato colgó el silbato después de una carrera brillante y exitosa. Dicho así parece natural, sencillo, sin embargo le demandó estar fuera de su casa durante el período que vivió en Capital Federal desde las 7 de la mañana hasta las 23 horas, tener tres trabajos como mínimo y luego, repartir el tiempo entre la escuela y los entrenamientos de basquetbolistas tresarroyenses en Costa Sud, Huracán y Club de Pelota. 

Todo empezó cuando Beatriz Palermo concluyó, luego de una batería de test vocacionales, que debía estudiar alguna carrera pedagógica, preferentemente educación física o preparación técnica deportiva. “Creo que siempre lo supe, el deporte en mi familia estaba presente por generaciones, ya llevamos tres de basquetbolistas, mi vieja, mi viejo, que jugó en Huracán y también en Centro Estrada”. Así que un año y medio antes de finalizar sus estudios secundarios ya sabía lo que iba a hacer. 

El llamado al servicio militar interrumpió sus planes y el número 592 lo destinó a Las Lajas, provincia de Neuquén, al Regimiento Infantería de Montaña 21. Estuvo siete meses en el lugar y confiesa sólo haber aprendido a valorar su cama, su casa y la comida de su mamá, ¡y a cortar leña! Gozó de los beneficios de haber ido a la Escuela Técnica porque lo destinaron a la confección de planos, salvándose así, de muchas guardias.



Salió en la primera baja, así que un año después estaba en Olavarría cursando la carrera de Educación Física. “Verónica González me recordó el otro día que mi viejo nos llevó a los dos esa primera vez que fuimos a estudiar. Viví con Toly Andreasen en una pensión y comí todos los días, almuerzo y cena, en el comedor universitario”. 

En la casa de Belgrano 1075 la familia Parravicini construía su hogar sobre pilares fuertes, trabajo, amor por lo que se hace, pasión, buenas amistades, respeto. A una cuadra, un terreno baldío hacía de pista de bicicleta, se convertía en un mágico ambiente para la instalación de chozas, “salíamos el sábado a la mañana, almorzábamos y nos volvíamos a ir hasta que algún vecino pegaba el grito que anunciaba la cena. Cuando tuve más independencia empecé a ir en bici al club Huracán donde pasaba todo el día, siempre alrededor del básquet”. 

En Olavarría hizo el plan de estudios “a toda vela”, estudió consciente de que en su hogar no era fácil sostenerlo fuera de Tres Arroyos. “Sabía que no podía boludear, no me lo hacían notar, pero lo veía”. 


Con otros inspectores de Educación Física de la región


Dar clases 
“Me gusta dar clases, soy un apasionado de la educación y de la educación física”. Una vez finalizados sus estudios universitarios, en 1991 se fue a vivir con sus primos Miguel y Martín Goizueta a “La Casona” en Buenos Aires, con la intención de hacer otra carrera, quería estudiar entrenador de básquet. 

Su vida laboral comenzó en febrero de 1992 en un Centro de Educación Física de Caseros, mientras cursaba experiencia en la colonia de vacaciones del Club Ciudad de Buenos Aires, donde conoció a Eduardo Piemonte, director del CEF de Caseros, uno de sus padrinos de la profesión, quién confió en su trabajo y lo llevó a esa institución. 

“Eduardo me hizo entrar en escuelas de Capital Federal así que trabajaba en Beiró y General Paz, y en el Club Ciudad de Buenos Aires, al que ingresé por recomendación de Tomás Bello, ex entrenador de mi viejo y conductor de ese club”. 

El 30 de junio del ´92 cambió la comisión directiva del Club y lo dejaron sin trabajo. Eso creó incertidumbre familiar por lo que empezó a tirar currículums por todos lados. Uno de ellos lo dejó a cuatro cuadras de su casa en el Colegio del Botánico. “Necesitaban un profe para después de las vacaciones de invierno y luego de una breve entrevista me contrataron. Si mi vieja estuviera escuchando lo que cuento diría: ¡Esa mujer fue una exagerada! Pero la verdad, es que cuando la directora me presentó a la dueña del colegio dijo que yo era el mejor profesor de la tierra. ¡Una mentirosa esa mujer, sólo quería resolver su problema!”. 

A esta altura de su vida le pesaba ser Adrián, quería volver a ser el Gato. 

Familia 
Estaba en segundo año del profesorado cuando conoció a unos chicos de Tapalqué, que se habían incorporado a la carrera. Lo invitaron a esa ciudad para un torneo de handball y para colaborar como juez de atletismo en el aniversario de la construcción del gimnasio del CEF de la ciudad. 


En familia. Adrián, su esposa Cruz y los hijos Victoria y Juan


“Por amigos arranca mi relación con Cruz, caí en Tapalqué y la conocí. Ella era estudiante de Psicología en Buenos Aires, así que metí kilómetros de tren los fines de semana de Olavarría a Capital”. 

En noviembre del ´92 a Cruz y al Gato se sumó Victoria -años después llegaría Juan- y se dieron cuenta que no querían que su hija creciera en Capital, así que ahorraron los 18 mil pesos de la indemnización del Club Ciudad de Buenos Aires y organizaron el regreso a casa. “Trabajaba tantas horas que cuando le preguntaban a Victoria por mí señalaba la puerta, pasaba un mes de un año arriba del colectivo”. 

En Tres Arroyos los esperaba una propuesta concreta con el Club Huracán, que incluía sueldo y alquiler, además estaba inscripto en el listado provincial por lo que accedió a los cargos locales en Primaria. “Susana De Leo me dijo en una asamblea: Parravicini tiene para elegir la Escuela 14 o la 4”. El Gato sin dudar se decidió por esta última en la que estaba su amiga Andrea López, con la que había compartido el trabajo en la colonia de vacaciones de Claromecó mientras era estudiante. 

 “Estuve a punto de dejar la profesión ese primer año porque tenía firmes convicciones que para dar la consigna los estudiantes tenían que estar atentos y escuchando. ¡Así he perdido tiempo en ese patio de tierra!” 

Después trabajó en la Escuela 14 y reincidió en la 4. “Fui prolijo en mi carrera, trabajé en la Escuela 1, en la 2 de la que tengo hermosas anécdotas como cuando se perdían los chiquitos de primer grado atrás de la paja vizcachera que cubría el patio. Estuve en la Escuela 3 y en la 4. También di un taller de natación en el Colegio Manuel Belgrano, y clase en la Escuela Secundaria Nº 1 y en la 2”. 

Rindió para cubrir la dirección del CEF Nº 4 de Tres Arroyos y el concurso para el cargo titular de inspector. “Me quedé con las ganas de dirigir el CEF, pero la oportunidad llegó primero para la inspección”. 

Básquet 
Por mucho tiempo los ingresos mayoritarios venían del lado del básquet, trabajó en el Club Huracán -cinco años- y en Costa Sud dio clases otros tanto. Pero cuando decidió comprar la casa necesitó buscar otro trabajo. “En 2003, mi otro padrino, Corcho Santa María me pidió que formara parte del Equipo Técnico Regional y como soy encarador como pavo tuerto ingresé a ese equipo de capacitación que fue el gran salto en mi carrera”.

“Conocí gente que me formó y tuve tres miradas distintas de la educación física que luego condujeron mis decisiones como profe y como inspector: la formación biologicista, la de la metodología y la humanística. El Equipo Técnico Regional me puso en contacto con la gente que yo leía en la carrera”. 

En 2011 volvió a Club de Pelota con la idea de disfrutar del básquet, pero al no conseguir ese objetivo, después de un año y una lesión dejó el emprendimiento. 

“Relacionarme con gente inquieta, con los profes que laburan en las escuelas rurales, en las urbanas de todos los distritos, te da herramientas para leer cosas, los años del Equipo Técnico Regional fueron de enorme crecimiento profesional, fue buenísimo”. 

“He sido feliz donde estuve, logré llegar donde quería para lo que laburé, la inspección me dio la oportunidad de seguir haciendo cosas en otro lugar que me gusta mucho, pero siempre con gente que me acompañó”. 


Se desempeñó como cocinero en el campamento de escuelas rurales en Claromecó. A su lado se encuentra Eduardo Forte


La pasión 
El Gato se quiebra, su voz se corta y ahoga el llanto entre sus manos, “mi pasión por la vida en la naturaleza me brindó lo mejor, junto con cinco o seis locas directoras y otros profes que me siguieron armamos el campamento de escuelas rurales en la colonia de vacaciones de Claromecó. Ahí viví la emoción cuando una chica o un chico conocía el mar”. 

Para poder ir a los campamentos eligió el puesto de cocinero, que desempeñó con mucho gusto, alegría y responsabilidad. No resultó extraño que durante el proceso jubilatorio decidiera estudiar Tecnicatura en Gastronomía, “me gusta cocinar, pero por los horarios de laburo cursé cuatro materias. Ahora, con más tiempo voy a avanzar”. 

Fue parte del proyecto de Escuelas de Verano que heredó de otros inspectores e inspectoras que dejaron sus marcas como Corcho Santa María, Inés Ciancaglini, Sara Linares, Susana Basualdo, Josefina Lance. “Estuve en el lugar preciso en el momento indicado, con gente que me abrió las puertas”. 

La jubilación 
“Hasta acá llegué” pensó mientras crecían los rumores de posibles cambios en el régimen jubilatorio, “ya cansé a mucha gente, estoy en todos lados, están aburridos de mí, hice media carrera como profe y media como inspector”. 

“Nunca estuve en un lugar que no quisiera estar, le he puesto pilas, busqué la oportunidad, se me ha dado y la he podido concretar”. 

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 Fiesta del Color 
“Empecé yendo a la tribuna de la Fiesta del Color como alumno de la Escuela Técnica en el ‘86 y nunca jugué en la pista. Después participé como alumno de la carrera de Educación Física, ayudando en las 24 horas del Color”, recuerda. 

El Gato se hizo del evento y lo atesoró, fue parte como profesor y en las reediciones de la Fiesta, luego como inspector colaborando en los controles y organización. 

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En las colonias de vacaciones 
Los primeros pasos y la trayectoria con Christian Thygesen en “Cazadores de Sueños” 

“Me formé en colonias en River, en el Club Pinocho y luego arranqué en Huracán con Toly Andreasen, y en el Club de Cazadores con Karina Verkuyl en Camino al Sol”, enumera. 

Dos años después junto a Christian Thygesen iniciaron “Cazadores de Sueños” y ya llevan 22 temporadas consecutivas. Es una experiencia que cada verano comparten en instalaciones del Club Cazadores. 

“Teníamos el sueño de estar juntos los dos jubilados, y, eso lo vamos a cumplir en la próxima temporada”, valora. El Gato califica la experiencia como “placer puro”. 

Observa que “siempre me puse objetivos para ir un poco más allá, un tanto inconformista, con un poco de culo silla y energía, buscás y encontrás tu lugar.”