La Ciudad

¡Feliz día del veterinario!

“La mayoría de la gente a las mascotas las quiere tener bien”

06|08|20 00:19 hs.


Instalado desde hace 14 años en la esquina de San Martín y Ameghino, casi sin darse cuenta Carlos Cantisano se convirtió en el veterinario del barrio, con todo lo que eso significa. “Me acuerdo que cuando me instalé recién estaban haciendo la rotonda, todavía había semáforos. Es mucho tiempo que ha pasado sin que uno lo notara. Y tantos años acá hace que la gente te tenga identificado. Soy un vecino más”, cuenta luego de un rápido ejercicio mental para calcular el tiempo que lleva con su propio emprendimiento. Carlos se recibió en noviembre de 2003 y antes de fin de año ya estaba trabajando con su tío Pepe Cantisano. Bastante tuvo que ver él en que eligiera la carrera, porque las salidas al campo con sus primos y primas para acompañarlo siempre fueron recuerdos dulces. Aunque en realidad los caballos fueron la puerta de entrada a la veterinaria para Carlos, por la pasión por el juego del pato que tenía su familia paterna. 

“Me gustaba el campo, me gustaba la libertad que tenía, siempre tuve contactos con caballos, y además en mi casa también siempre hubo perros, gatos, tortugas, pajaritos…”, recuerda. 

Durante la carrera, que la cursó en la UBA, decidió especializarse en clínica de grandes animales, es decir, caballos y rumiantes. Pero como bien dice “después la vida te va llevando por distintos caminos”. En su caso la vida lo puso en la veterinaria de la mencionada esquina y lo obligó a abrir el juego a los pequeños animales. 

“Yo tenía varios campos que atendía, y que hoy sigo atendiendo, pero cuando abrí la veterinaria la gente me empezó a traer perros, gatos, sus mascotas. Y cambié el enfoque de mi trabajo”, explica. Con el paso de los años el peso de las mascotas dentro de sus jornadas laborales fue creciendo hasta llegar a inclinar la balanza en forma determinante. “El trabajo de campo es muy de temporadas, hay meses que es mínimo lo que te demanda, salvo emergencia. Y si bien manejo varios campos, tengo mucho tiempo para estar acá y atender pequeños”, indica. 

“Además, las mascotas te permiten hacer más ‘clínica’, el abanico de casos que ves es mayor, y es entretenido, se disfruta más la profesión”, agrega. 

Con mucha sinceridad, Carlos revela que lo que más le costó en ese traspaso de grandes a pequeños animales fue el trato con la gente. “Con el tiempo entendí que el problema del perro era un problema familiar, que había que encararlo de otra manera, con otra sensibilidad. No es lo mismo el trato con el productor que es dueño de una vaca. El perro o la mascota, es un integrante importante de la casa”, dice. 

“Desde hace algunos años el cuidado de los animales cambió, hay mucha conciencia en la gente. Hoy el que tiene una mascota la quiere tener bien, ves gente que realmente hace un esfuerzo para tenerla bien”, cuenta. 

Si bien Carlos sigue repartiendo su tiempo entre la atención de vacas y caballos y los “pacientes” más chicos que recibe en su veterinaria, cuenta que se hace hecho habitual que cuando vuelve del campo al rato viene alguno de sus clientes y le dice que pasó y estaba cerrado. “Lo importante es que volvió después, no se fue a otro lado”, cuenta con satisfacción. 

Eso es prueba fiel de que se ha ganado el título de veterinario del barrio. Que no es poco. 

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