Opinión

Por Roberto Barga

Premios y meditaciones

09|08|20 09:17 hs.

Una semana que tuvo de todo, como en botica. Sin dudas el esperado acuerdo con los bonistas se llevó el palmarés, pero el entendimiento no vino solo y nos desayunamos por boca del mismísimo Presidente, que el ala “anticapitalista” de la coalición gobernante fue decisiva para cerrar el trato. 


A decir del macrismo, pasaron cosas en estos días. El ingeniero Macri emprendió vacaciones mediterráneas, previo paso por Paris… y si bien vale una misa y tal vez cuando Mauricio hojeaba los periódicos en sus desayunos en el hotel La Réserve, pensaba en las desdichas del Rey Emérito Juan Carlos I y recordaba que al César no la alcanza con ser, tiene que parecer. 

En estos últimos siete días conocimos la opinión del ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, anoticiándonos de que da por finiquitada la temporada de verano en la costa atlántica, para mayor alborozo de grandes y pequeños. Por cierto, la idea de los protocolos, para la nueva normalidad ¿pasó a mejor vida? 

Hay novedades en ala friendly de la oposición, y su mascarón de proa, el alcalde Horacio Rodríguez Larreta, sigue con la técnica de jugar a la gallina distraída. Cree que en el mundo de la grieta no hay negocio para él y en esas geografías, ni está, ni se lo espera. 

De todos estos temas ampliaremos en esta columna. 

Queríamos tanto el acuerdo 
Finalmente nació el acuerdo con los bonistas, fue un parto sietemesino y en líneas generales, trajo alivio, porque después del macrivirus, vino la pandemia y ya sólo faltaba caer en default para que la Argentina se convirtiera en un corso a contramano. El único que parece no darse por enterado del “arreglo”, es el dólar “blue”, que salvo el martes 4 cuando retrocedió ocho pesos, recuperó el terreno sin solución de continuidad. 

Pero el acuerdo con los fondos de Wall Street, aceleró las contradicciones a un lado y al otro del escenario político dominante. 

Por un lado sabemos por Alberto Fernández, que el sí al entendimiento con los acreedores recibió no sólo la bendición, sino el empuje final de Cristina Fernández de Kirchner. Según Alberto, el domingo 2, sus cabildeos interiores lo hicieron dudar de sellar el arreglo, porque lo juzgaba excesivo (casi 55 centavos de dólar por cada dólar contraído de deuda) y entonces la vicepresidenta arremetió con el argumento posibilista de que el horno no está para bollos en un mundo, no condicionado, lo siguiente, por efecto del maldito virus. 

La participación favorable al arreglo por parte de Fernández de Kirchner, confirma que el peronismo es un arreglador serial de deudas ajenas y que en materia de realpolitik mide el grosor de la soga, para tensarla lo justo. 

Además el acuerdo permitió conocer algunas definiciones de política económica que habitan en la cabeza del señor Presidente. Más allá de su jactancia de prescindir de un programa económico, en un reportaje “sin concesiones” que le realizó el Gato Silvestre, Alberto entregó algunas líneas maestras de lo que sería la hoja de ruta del barco económico. 

A mayor gloria de los “devaluacionistas” como José Ignacio de Mendiguren, el Presidente sostuvo la necesidad de un dólar alto, de alcanzar los superávit de balanza exterior (ese es fácil con un verde recontra alto) y fiscal (ese es difícil, por no decir imposible, con el nivel de emisión actual, pero no queda otra porque nos morimos por el Covid-19 o por la inanición de la actividad económica). También Fernández, defendió el modelo agroindustrial como generador de divisas. 

De lo que se discute en serio en el mundo, ni noticias por aquí. Hoy todos los planes de reconstrucción piden como condición para ser avalados (Unión Europea para con sus estados miembros), que incluyan la digitalización en el proceso económico como forma de darle valor agregado y la revolución de las energías renovables.

En fin, es probable que este turno del peronismo esté signado por salarios baratos medidos en dólares y por más reprimarización de la economía. 

Anclado en Paris 
Mauricio Macri trasunta sus días en la Costa Azul como un verdadero jugador de esas ligas mayores, sólo apta para ricos en serio. Cualquiera que tenga la suerte de conocer Saint Trope o cualquier otro sitio de ese reducto clásico del Ferragosto mediterráneo, sabe que los mortales quedan atrapados en el embudo de montañas contra el mar y que las horas arriba del coche se vuelven interminables. Pero los que portan “pelusa” de verdad, llegan en avión privado, no se andan con zarandajas menores. Y para eso Mauricio es rico, no es un turista de Airbnb. Se alquiló un jet y de París directo a pensar su futuro desde un ventanal diáfano que no sabemos si por un momento lo conectará con la realidad. 

Todas las clases de empatía que tanto trabajo y dolor de cabeza le dieron a Duran Barba y equipo, tiradas por la borda en un santiamén. Ya se lo dijo el aterrado consultor ecuatoriano: “hay otras actividades, aparte de la política”. 

No hay caso, Mauri se comporta como lo que es, el dueño de un experimento que lo usa como le viene en gana y cuando se aburre como los chicos con un juguete, lo tira al piso y lo rompe. 

En este negocio de las representaciones hay un juego de apariencias y como el César, no sólo hay que ser, también hay que parecer. Si no que se lo pregunte a Juan Carlos I, el emérito devaluado por sus propias conductas. 

Él último Borbón de reinado largo, se fue divorciando de la sociedad española con registros de comedia dignos de una película de Berlanga. Primero fue la caza del elefante en Botswana, en plena crisis de las hipotecas en España. Hubo que apurar una restauración borbónica a través de su hijo (actual rey), para salvar a la monarquía. Después se conocieron sus devaneos sentimentales y por último, la fresa que corona la torta: la amante y socia aparece con una cuenta de 65 millones de euros, regalados por Don Juan Carlos. 

Una lástima terminar así, para alguien que lleva entre sus grandes méritos haber conducido de manera maestra la transición del franquismo a la democracia. A propósito de esto, un servidor, entre los muchos materiales que leyó al respecto, no vio reflejada en su verdadera dimensión, la jugada que fungió como clave de bóveda de ese proceso; esto es: haber elegido a Adolfo Suarez como piloto y no al involucionista Manuel Fraga Iribarne, para pilotar el cambio. çç

Una luz por favor 
El ministro Daniel Gollán nos tiene acostumbrados. Sus pronósticos alarmistas se repiten un día sí y otro también. Que cadáveres por acá, que las camas no alcanzan, que las fosas comunes. La pregunta sería ¿qué pretende de la gente, o le parece que el sacrificio es poco? Ahora la nueva es que no habrá vacaciones en la costa atlántica. 

Sería interesante copiar lo que se está haciendo en otros lugares. Un servidor lo vio en vivo y en directo en España. En la península ibérica, tratando de salvar el verano, armaron protocolos hasta para ir a la playa, y a los puntos concurridos se les pone un aforo con límites de personas. 

El ministro debería saber que la gente irá poco a veranear, sencillamente porque los bolsillos están flacos y sobre todo por miedo. Le pedimos solidariamente que no agregue más pánico del existente. Gracias. 

Un guasón en su laberinto 
En el reino autónomo de Buenos Aires también se cuecen habas. El alcalde porteño prende todos los días una vela a las conferencias tripartitas que comparte cada 15 días con Alberto Fernández y Axel Kicillof. Gracias a ellas su índice de conocimiento a nivel nacional llega al 91%. El kirchnerismo duro no da crédito y se pregunta para sus adentros si el Presidente no es el jefe de campaña de Horacio Rodríguez Larreta. 

Mientras tanto el “pelado” medita su próxima jugada: llevar a Diego Santilli como candidato en las elecciones del año que viene en la provincia de Buenos Aires. La autonomía que tenga Larreta en el futuro para diseñar la fuerza opositora, hablará de si dejó de ser CEO y pasó a ser accionista mayoritario del mundo PRO.