Ivonne Córdoba con el cinturón de campeona argentina, que guarda como recuerdo de su máximo logro

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Informe Especial

Ivonne Córdoba: la primera mujer de la ciudad que reinó en el boxeo argentino

18|08|20 10:26 hs.

Por Jorge López de Ipiña 


Los gestos reafirmaron cada una de sus palabras y, en muchos casos, con su mirada habló sin emitir sonido, fortaleciendo cada dicho, reflejando su cristalina personalidad. 

Como en su época de boxeadora, donde después de superar el nerviosismo inicial el proceso evolutivo en su accionar le permitía “soltarse” para alcanzar su mejor expresión, Ivonne Córdoba fue metiéndose con fuerza en la charla; pero, en un principio, hasta me pareció que alguna resistencia invadía la atmósfera, después entendí qué era: desde su retiro, allá por 2013, Ivonne no había vuelto a hablar en profundidad de su vida como pugilista… 



Nunca se le presentó la oportunidad de contarlo, de hacer un balance acentuado de todo; entonces fue como “buscar el ritmo de pelea” y ahí sí, los comentarios empezaron a fluir... Liberada de alguna timidez se sonrió con picardía por sus inicios, encontró placer en detallar su crecimiento, valoró firmemente lo conseguido aunque reflejó cierto clamor por no haber podido llegar a más. Pero también se lamentó por muchos sinsabores, por lo difícil que fue todo, por lo injusto que resultó el ambiente con ella, por las promesas incumplidas, porque económicamente el boxeo no fue redituable y porque ya sin fuerzas para afrontar más sacrificios decidió retirarse. Pero al igual que lo habrá hecho en su plenitud deportiva, después de algún round adverso, Ivonne se recuperó; la sonrisa volvió a su cara, se sintió orgullosa de haber cumplido el sueño de “ser alguien en el deporte, de conseguir algo grande” como haber sido nada más ni nada menos que la primera mujer campeona argentina en la historia del boxeo de Tres Arroyos. Y si bien expuso las heridas que tanta angustia le causaron, también mostró las cicatrices que apaciguan el dolor. 

Su infancia, el inicio 
La inspiración de Ivonne por el deporte “llegó a los 14 años, casi que de casualidad. Mejor dicho (y con algunas risas de por medio), yo era bastante ‘camorrera’ en la escuela primaria, entonces mi papá me llevó a probar, a que viera lo que era esto. Yo no tenía pensado ni había dicho alguna vez ‘voy a ser boxeadora’, pero cuando arranqué me gustó, me despertó algo especial”, destacó como dándole lugar al destino que ya había comenzado a forjar su historia.

De su infancia dijo “no recuerdo mucho”, pero de inmediato destacó lo más importante. “La pasé muy bien, fue hermosa con mis 10 hermanos y mis padres”; esa sonrisa de felicidad se transformó en picardía al acotar: “La primaria la hice en la Escuela 7, la del barrio, la de Villa Italia; y siempre, algún día a la semana, mi papá me tenía que ir a buscar porque me había peleado con alguien; era media camorrera yo…” destacó con inocencia y de inmediato acentuó, “me acuerdo de poco, pero es lo más importante y lindo, lo que me marcó para toda mi vida”. 



El gimnasio del Club Estudiantes fue su primer punto de encuentro con el boxeo allá por 2002. “Estaba Daniel De la Canal, que había arrancado en el Club Municipal, donde comenzó mi hermano Daniel, el Zorrito, con sólo 6 años; después al irse a Estudiantes aparecí yo, también recuerdo que estuvieron Nebel Pereyra y el señor Monrroy”. 

Esa primera impresión le dejó “las mejores sensaciones. Para mí era todo nuevo; le di duro y a los 9 meses me propusieron hacer la primera pelea”, en el Club Quilmes, que ganó por nocaut. “Y de ahí ya no dejé, seguí cada vez con más ganas”, destacó. 

Si bien la familia Córdoba tenía asimilado con Daniel lo que era el boxeo, había que ver cómo reaccionaría siendo Ivonne, mujer, la que empezó a pelear. “Fue natural, y hasta quizás la más contenta y quien comentaba en todos lados que yo iba a boxear era mi mamá; mi papá nos apoyaba y nos llevaba a todos lados. Se acostumbraron rápido, estaban orgullosos; para mí fue una tranquilidad y hoy en día sigo agradeciéndoles el apoyo que me dieron siempre, lo mismo que mis hermanos”, recordó muy relajada. 

Su etapa en el amateurismo se constituyó de 24 peleas. “Fue linda; era todo alegría y alegría, que venían de la mano de los triunfos (sólo hubo 4 derrotas); eso me dio confianza y empuje para seguir y para proyectarme al profesionalismo”, afirmó. 

Viniendo desde ‘abajo’, los Córdoba absorbían toda enseñanza, crecimiento, capacitación. “Fue así; varias veces fui a Mar del Plata a preparar alguna pelea junto al señor Agüero (el promotor de la pelea por el título) o viajamos a Pigüé donde Matías Ferreyra nos daba una gran mano y cada guanteo que hice con él fue un avance notable; acá también entrené durante 1 año en el gimnasio de Independiente y los chicos de Tres Arroyos siempre me brindaron su apoyo”, recordó agradecida. 

Durante esa época, la Pantera lucía como referente del boxeo en la ciudad, porque ser una mujer profesional aparecía, al menos, como novedoso. “Creo que sí; era la única, se generó un impulso en el deporte y eso a mí me hizo muy bien”.   

-¿Y la sociedad alguna vez te hizo sentir que ‘eras una mujer en el boxeo’, te trató despectivamente o mal? 
- “No, nunca tuve problema; yo siempre fui de perfil bajo. En todo el tiempo sentí que se me respetó. En cuanto a la parte positiva de todo esto, creo que contribuí en algo para que más mujeres y jóvenes se sumaran a este deporte; de hecho, el gimnasio siempre estaba lleno, sorpresivamente había más mujeres que varones. Varias me dijeron que habían comenzado por mí, en cierta medida entiendo que fui la referente de ellas”.  

El profesionalismo se hace realidad 
Aquel 8 de agosto de 2008, el mismo día en que Manu Ginóbili enarbolaba la bandera argentina en la Ceremonia Inaugural de los JJ.OO. de Beijing, Ivonne Córdoba hizo su debut profesional en su “Huracán querido”, ante unas 1200 personas que vieron cómo le ganó a Carolina Duer, quien tres años después se consagrara campeona mundial. “Le quité el invicto a Duer en su tercera pelea, y con el paso del tiempo ese triunfo cobró un alto valor”, reconoció con orgullo. 


Debut profesional. El 8 de agosto de 2008 Ivonne Córdoba debutó de forma profesional en Huracán ante 1200 personas y le ganó a Carolina Duer, quien tres años después se consagró campeona mundial



Su carrera marcó una línea ascendente y en un año, tras ganarle dos veces a Torres, una a Portillo y Castillo, y empatar con Herrera, llegó la gran chance el 20 de agosto de 2009 de pelear en el Luna Park ante Yésica Marcos, campeona sudamericana.



“Fui muy tranquila; no me daban muchas chances, hasta quien me representaba creía que perdería. En ese tiempo entrenaba en el gimnasio de Monrroy y él creía ciegamente en mí; ahora, quien me organizaba las peleas no… Llegué bien preparada, ese lugar es especial aunque mi papá hizo un gran trabajo para sacarme presión en la previa; y para mí el empate fue importante para seguir creciendo, para entender que podía tener un buen futuro. Esa pelea, a mí, me marcó para toda la vida”, confesó.  

La gloria 
El 2009 se cerró con otros dos triunfos, ante Salles y Acuña; y las puertas grandes se abrieron para la Pantera. Inexorablemente la oportunidad de pelear por el título argentino pasó a ser una realidad que tuvo fecha, lugar y rival: 19 de marzo de 2010, en Tres Arroyos, ante la salteña Natalia del Pilar Burga. “Ese fue el gran momento de mi carrera; fue lindo, hicimos una preparación interesante acá y en Mar del Plata junto a Ciro Acosta (sparring)”, acotó. 


19 de marzo de 2010, Ivonne tuvo la chance de ser campeona nacional ante la salteña Natalia del Pilar Burga


Como no pudo ser de otra manera, la diferencia de talla entre una y otra volvió a estar presente. “Yo mido 1,52 metros, así que todas eran más altas y con mayor alcance de brazo; pero estaba acostumbrada, les había encontrado la vuelta. Mi estilo de entrar y salir constantemente, el juego de piernas, estar siempre en movimiento, mi rapidez; todas esas cosas complicaban a las rivales”, detalló. 




Con una gran preparación, el deseo de aprovechar la oportunidad y el apoyo del público, la Pantera no dejó dudas y se llevó la pelea en fallo unánime, siendo las tarjetas de 99-95,5; 98,5-95,5 y 98,5-95,5. “No quería dejar dudas, tampoco que nadie pensara que había ganado por ser local; mi intención era demostrar en el ring que yo había hecho mejor las cosas, y lo conseguimos”, analizó.


Título argentino. Ivonne Córdoba posa con el cinturón de campeona, tras ganar el título en Tres Arroyos ante la salteña Natalia del Pilar Burga


Con el título en su poder, aquella noche Ivonne lo primero que hizo fue dedicárselo a la gente. “Si, porque en todo momento sentí su apoyo; la gente respondía cuando conectaba una mano, que quizás yo desde adentro no me daba cuenta; se enloquecía y eso era un reflejo de que íbamos ganando”, describió.

Inmediatamente desnudó sus sentimientos al bajar del ring, confesando que había cumplido su sueño: “Después de tanto sacrificio que habíamos hecho durante tantos años, lo que seguramente le ha pasado a tantos boxeadores, consagrarme campeón argentina no era poca cosa, más allá de lo que sucediera después; por eso lo dije. La ilusión, ese sueño que siempre estuvo presente me daba fuerzas para seguir, para alcanzar la meta; lástima que no pudimos llegar a más…”. 




Como todo en su vida, la celebración fue íntima, junto a la familia; “había una gran emoción en todos (como se vio en pleno ring tras conocerse el fallo donde varios de sus hermanos se subieron a abrazarla formando una emocionante ‘pila’ humana), nos fuimos a cenar, nada más; y aprovechando que un primo mío había venido a verme desde Córdoba (el papá de ella es de Villa María), nos fuimos para allá unos días”, recordó.  

Sólo promesas… 
En noviembre de ese mismo y gran 2010, a Córdoba se le presentó una excelente y cautivante oportunidad: dirimir ante Patricia Viñas, en Mendoza, una especie de selectivo para la chance mundialista. “Fue en San Martín; al principio me prometieron que si ganaba me daban la oportunidad de medirme con Yésica Marcos; yo gané, pero aún es el día de hoy que no sabemos bien qué pasó, por qué nunca nos cumplieron esa promesa. Hasta me aseguraron que si la pelea no se hacía en Tres Arroyos tenían otro lugar destinado; pero después me terminaron diciendo que Marcos ya tenía otra rival…”, acotó entre el lamento y la impotencia. 

“Nosotros en aquel momento sacamos algunas conclusiones y pensamos que ella ya había peleado conmigo (empate en el Luna Park), me conocía y quizás no quiso arriesgarse tanto…”. 

El regreso 
Después de ese duro impacto, la tresarroyense marcó un alto en su carrera deportiva. Fue mamá de Cielo Azul, formó un hogar junto a Angel Marín y aceptando algunas promesas e intentando abrir nuevos caminos se radicó en Las Flores. “No nos fue muy bien, no conocíamos a nadie en esa ciudad y las promesas que nos habían hecho no fueron como esperábamos.

Sobre fines del 2012 y tras llevar a cabo el plan regreso, la Pantera reapareció el 15 de diciembre en San Nicolás, ante Marisa Portillo, la misma a la cual le había ganado en 2008 en Tres Arroyos y quien venía de caer ante Duer en su intento mundialista. “Ahí perdí mi invicto como profesional; fue una pelea polémica, el fallo dividido, para mí localista e injusto. No quedé conforme en cómo se dieron las cosas”, confesó. 

Firme en su idea de seguir adelante, de retomar la senda del triunfo, dar ese gran salto y ver si el horizonte regalaba algún rayo de luz alentador desde lo económico, Córdoba aceptó pelear ante Anahí Salles, el 20 de abril de 2013, en Pilar. “Después del embarazo me empezó a costar entrar en peso, mi cuerpo había cambiado (llegó a pesar 85 kilos, casi 30 por encima de la categoría); pero la luchamos, le dimos duro y llegamos a la pelea. Es verdad que estaba un poco presionada, pero muy ilusionada porque el promotor me había asegurado que si ganaba firmaba el contrato para enfrentar a la Tigresa Acuña. Imaginate, podía ser la chance que siempre estuve buscando, con una hija mi vida había cambiado, al formar una familia requería de más ingresos, no podía seguir perdiendo plata; pero eso sí, a cada rato el promotor Mario Margossian me presionaba con eso que ‘si ganaba firmaba el contrato, que había que ganar’; y la cosa no salió bien. Recuerdo que terminé abandonando; esa fue la primera vez que no completé un combate, y encima se me esfumó de las manos la chance de pelear con La Tigresa”.

Este relato refleja que Ivonne vivía en constante exigencia, siempre estuvo a prueba. “Era como que tenía que rehacer mi carrera; me exigían, me presionaban. ‘Si ganaba’ tenía la pelea; a nadie le importó mi campaña, todo lo que había hecho, cómo había llegado hasta ahí, a Margossian sólo le importaba que ganara para firmar el contrato…”. 

Y cuando el destino parecía impulsarla al gran salto, la realidad terminó por cerrarle las puertas a su carrera. Cansada de tanto sacrificio, de no conseguir el respaldo económico, abatida por los hechos y con mucha bronca, Ivonne Córdoba tomó la decisión de retirarse del boxeo. 


Ivonne Córdoba con sus trofeos y el cinturón de campeona argentina, que guarda como recuerdo de su máximo logro en el boxeo profesional


El dolor se reflejó en varios pasajes de la charla, pero en el desarrollo Ivonne también abrió sus emociones y dejó salir los buenos recuerdos. “Nunca nos pusimos a hablar de mi carrera; dejé el boxeo y no charlamos con nadie de lo que fue mi vida en este deporte. De lo que fueron mis triunfos, de las peleas perdidas; esta es la primera vez… Y al contarla me doy cuenta que no fue tan feo, hay lindos recuerdos, lindas sensaciones; que valió la pena, que no fue tan chico lo conseguido… y que después de 7 años alguien me tenga en cuenta para una nota me hace ver que algo hicimos bien” dijo con mucha humildad y gran orgullo, el mismo con el cual una vez elevó sus manos al cielo ofreciéndole a la historia el cinturón de campeona argentina.  

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Sin defensa del título
Después de ganar el título, a la tresarroyense no se le presentó la oportunidad de defender el cetro argentino. “Sinceramente, no sé por qué no salió ni una defensa; no estaba en nuestras manos esa decisión. Siempre esperamos que la Federación nos informara o la gente encargada de organizar las peleas lo hiciera; nunca nos obligaron a defenderlo, tampoco nos dieron chances, no tuvimos ningún desafío. Quizás ahí nosotros fallamos en no meternos bien de lleno en saber qué pasaba; o mejor dicho, le erramos en elegir a nuestro promotor, a quien teníamos al lado, que no buscaba nuestro beneficio sino el propio. Quizás los Córdoba pecamos desde la ignorancia, nos conformamos cuando nos endulzaron los oídos y no vimos bien cómo eran las cosas. Nosotros sufrimos eso, también sufrimos haber golpeado muchas puertas sin recibir ningún tipo de respuestas… Ese título gallo, con mi retiro, quedó vacante”, lamentó Ivonne. 

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Apoyo popular, sí; económico, no
La sensación de la gente es que a la Pantera el público la acompañó siempre, que ese respaldo siempre estuvo, que fue popular. Pero faltó el empuje económico. “De eso no puedo decir nada; al contrario. Yo veía y sentía el respaldo de la gente; recuerdo claramente cuando volví de pelear en el Luna Park, me invitaron a un tipo de festival que normalmente metía unas 150 personas y cuando fui yo había 2000. Sentía ese apoyo; pero no era lo mismo en la faz económica, donde tuve muy poco impulso”, lamentó. 

Ese fue un problema que sufrió a lo largo de sus casi 40 combates. “Nunca tuve un fuerte sponsor; hubo muchas peleas, no una o dos, muchas peleas a las que tuvimos que viajar a dedo y donde nos tuvimos que volver a dedo. ¿Sabés lo que es eso?; llegás cansada, mal alimentada y después te tenés que subir a un ring a caga.… a trompadas, y había que rendir. Esto nos permitió sacar nuestro lado combativo, sabemos bien lo que es el sacrificio. Una vez tardamos 3 días para volver de una pelea de Río Negro; era vacaciones de invierno y no había colectivos, y nosotros tirados en la ruta…” confesó la campeona, quien cuando habla en plural incluye a su padre, ese que en todo momento estuvo a su lado brindándole su apoyo incondicional, el mismo que acompañó a Ivonne en esta hermosa y testimonial charla.

La acumulación de desventuras fue debilitando a esa misma Córdoba que arriba del ring parecía indestructible. “Hubo un momento en que ya no tenía más fuerzas ni ganas de seguir así; fue una decisión personal la que me llevó a retirarme. Si aguantamos tanto fue porque yo siempre quise llegar a algo, quería llegar muy lejos. Pero económicamente fue duro; muchas veces nos faltó un buen calzado para pelear, lo mismo que una buena ropa para entrenar; muchas veces debimos ir a practicar caminando bajo la lluvia; tampoco tuvimos un gimnasio acorde ya que durante un largo tiempo lo hice en el que papá había montado en casa. Se fueron dando un montón de cosas… y en 2011 cuando nació la nena ya empecé a mirar todo de otra manera, hice un par de peleas más y basta”, confesó. 



Y eso que la ambición de Ivonne no era desmedida, “sólo quería ganar lo que invertíamos y que nos quedara un peso”; pero las bolsas no eran importantes: “No se pagaba nada, recuerdo que en mi cuarta pelea fui a combatir a Uruguay, ante Adriana Herrera (empate) por 1200 pesos; en amateur cobrábamos $20 el round, $60 la pelea. A veces nos pagaban $150 y eso nos ponía locos de alegría”, destacó.

En ese contexto pensar que la pelea por el título fue la más rentada tiene lógica, pero “la bolsa esa vez fue de $5000 y como yo me quise quedar con el cinturón como recuerdo, debí abonar $2000”, confesó. 

No obstante, Córdoba no se olvida de la gente que la apoyó. “Mi gratitud a los que estuvieron cerca mío en aquel momento, a los que me seguían, a los chicos que me apoyaban en el gimnasio, los que salían a correr conmigo, a Karina Arana que fue parte de mi equipo; a La Perseverancia Seguros, a LU24”. 

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¿Su hija, la sucesora?  
Cielo Azul nació en 2011, se siente orgullosa con que su madre fue ‘campeona argentina’ y lo comenta a quien quiera escucharla, y hasta ensaya relatos de peleas ‘como si le hubiesen enseñado’ acotó Daniel; pero a Ivonne no le seduce la idea de que su hija sea boxeadora. 

“No me gustaría pero tampoco se lo prohibiría; sí podría transmitirle mi experiencia, tengo una vida dedicada a esto y podría asegurarle a qué decirle sí y a qué decirle no, qué camino debería tomar. Ella es lo más hermoso que me pasó en la vida. Ahora, alejada de todo, no veo muy bueno tener que ir a cag.... a trompadas para ganar plata. Pero al boxeo lo considero un arte y si lo hice, fue porque me gustó. En la familia está Daniel, el Zorrito, que también llegó a ser campeón argentino pero como está tan decidido, entiendo que aún puede ir por algo más grande; va a llegar porque tiene todo”, anticipó.

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Por TyC Sports 
La aparición de Córdoba en el plano nacional le posibilitó que las cámaras de TyC Sports se posaran sobre ella. Un poco en broma y entre risas acotó: “Te agrandaba eso, me hizo famosa”; pero retomando un análisis serio valoró que “eso le daba otra imagen a tu carrera; era importante porque la gente sabía y te presentaban como la que había peleado para TyC Sports. A mí siempre me gustó ir a exhibiciones en toda la zona, a apoyar a los que estaban arrancando, a dar una mano, a compartir con el público, y en esos lugares muchos comentaban haberme visto en la tele; para mi carrera sumó algo positivo. Para mí, desde lo personal, no, porque siempre fui de un perfil muy bajo”, confesó.


Amor por Huracán...Ivonne subía a un ring con la camiseta del globo. "Lo hacía por amor a Huracán. Nunca recibí un peso como alguna vez alguien comentó. El club me regaló un par de camisetas y yo las lucía, en la pelea del Luna Park aparecí con ella, segu