El mar, Pinza, la lancha y el perro. Una postal bien claromequense (Caro Mulder)

Claro, Reta y Orense

Raúl Pinza

Pescador artesanal

23|08|20 09:59 hs.

Por Fernando Catalano

“Hoy zafé”, contó breve y claro el ‘Pinza’. Había estado limpiando la pesca del día, unos tres cajones de variada con gatuso, pescadilla, pollo de mar y un par de merluzas. Después de varios días el mar estuvo bueno para entrar, pero no fue fácil la faena diaria. Durante las dos primeras horas el trasmallo sólo le generó una pieza, tuvo que moverse y buscar una zona mejor. Entonces con líneas pudo ayudar a que la jornada le haya permitido salvar el día. 

En cada ingreso al mar Raúl (56) aplica en plenitud el arte de la pesca artesanal. Con sus manos eleva las redes, no cuenta en su lancha con sistemas hidráulicos para maniobras de calado ni levante de pescado. 

Desde hace unos años decidió entrar y salir sólo del mar. “Pasa que había muchos problemas con los marineros. No ponían al día las libretas y después venia Prefectura y metía multas; yo podía bancar la libretas -lo económico- pero los análisis de sangre se los tienen que hacer ellos, si no se los hacían…”.

Pero también el panorama no lo ayudó. “Después vinieron épocas malas, tiro menos material (redes-trasmallos) que antes y por lógica pesco menos, pero lo elaboro y le agrego ganancia acá en casa”, explicó un pescador que por su humildad y bonhomía es bien visto y respetado por el pueblo, no sólo por sus colegas. 


“Empecé porque no tenía ni para comer y me gustó”, recordó sobre su vínculo con la actividad pesquera (Caro Mulder)


Desde Tres Arroyos llegó a Claromecó cuando tenía 18 años, en un mes de noviembre con la idea de abrir una heladería. Él mismo reconoce que fue muy temprano, porque a esa altura del año todavía no andaba gente. 

“Un día estaba en la esquina del Chipi, no tenía para comer y me dijeron si quería ir de marinero en El Delfín, con Mulder y que había comida. Y bueno me fui. Y ahí empecé”, contó en un tono calmo arrastrando las horas de cansancio del día de trabajo que se extendió desde las 6:30 hasta pasadas las 14, mar adentro; y que luego siguió hasta las 19:30, cuando terminó de limpiar la pesca del día.

Primera entrada
“Necesitaba comer”, dijo sin vueltas el ‘Pinza’. A esa edad todavía nunca se había subido a una lancha, y esa oportunidad además de servirle para saciar la necesidad de alimentarse le serviría como prueba para encontrar una nueva forma de ganarse la vida. 

“Uuuh me enloquecieron, porque los otros dos eran marineros viejos. A uno que le decían el Chorizo y el otro era Muñoz. No fue divertido, todo lo contrario. Venían de mal tiempo, había que ir a Reta a buscar trasmallos perdidos, con pescado feo, todo para tirar. Como experiencia, si pasabas eso servías, sino no salías más”, describió a esa primera entrada al mar claromequense impulsado por la necesidad de alimentarse. 

Agregó que en esa misma jornada dentro del mar “los vagos estos me querían hacer descomponer a toda costa; así que me mandaban a la bodega, a todos lados, y no me descompuse. Y como me terminó gustando me agarró la Navidad pescando y ahí empezamos”, contó para explicar el giro que terminó siendo en su vida esa oportunidad en la que entró al mar por primera vez en la lancha del Lobo Mulder. 

Estrella de mar 
Para llegar a su Stella Maris, Raúl primero debió sumar experiencia con el Lobo y hasta con su padre ‘el viejo Mulder’ a quien ayudó para poner en condiciones a La Cita, otra de las lanchas con historia de Claromecó. 

Fue marinero en Renegao, la Adelina, la Tortuga, hasta que tiempo después le ofrecieron ser socio para trabajar por unos cuatro años en La Cita. 


Raúl Pinza se inició como marinero a los 18 años, poco después de su llegada a Claromecó. Encontró en el mar una forma de vida (Caro Mulder)


Más adelante le llegaría la oportunidad, mediante un microemprendimiento, de tener su primera embarcación. Así llegó a tener su lancha, con la cual a diario rebusca el sustento. Con su familia eligieron el nombre de Stella Maris, que significa ‘Estrella de mar’, y al mismo tiempo es el nombre de la Virgen protectora de los pescadores.

Anécdotas no le faltan, tuvo jornadas de buena pesca y de las otras también; pero la rompiente le dio sus buenos sustos, hasta llegar a hundirse unas tres veces; “te descuidás y te la ponés”, dijo. 

Pero recuerda de manera especial un momento que además fue retratado por el talentoso fotógrafo Gerardo García. “La lancha está parada prácticamente en una ola, y no era una ola grande. Pasa que estaba en la playa sacando fotos y no había nada de agua. Yo no podía dar marcha atrás, era encararla y encararla, y salió esa foto que es famosa”, repasó. 


Epica. Año 2015: Una escena capturada en el momento justo cuando el ‘Pinza’ encaró una ola en la rompiente que dejó parada a la Stella Maris (Gerardo García)


En soledad 
Salir solo de pesca, tarea que tiene permitida con una matrícula, a veces le resulta “medio aburrido”. Igualmente es algo con lo que debió acostumbrarse en un ámbito donde la pesca “es muy inestable” sumando los días buenos con los malos. 

Desde su experiencia aprendió a no reclamarle a sus empleados en la lancha, que iban a porcentaje. “Yo fui marinero y no me gusta exigirle a alguien que no le puedo pagar”, resumió Raúl una constante en el mundo de la pesca artesanal donde se gana plata, si se pesca. “Prefiero pescar menos y no tengo que andar atrás de nadie, ni exigirle nada a nadie”, expresó para definir con sencillez su elección de enfrentar a diario una tarea que resulta tan placentera como riesgosa. 

Antes de quedar solo con Stella Maris, debió desprenderse de Stella Maris II, una lancha más grande en la que por matricula no podía navegarla solo. Después de ofrecerla en varias oportunidades, pudo venderla por separado; motor por un lado y casco por otro.


Si bien reconoce que pescar solo es "medio aburrido", prefiere hacerlo así porque "no tengo que andar atrás de nadie, ni exigirle nada a nadie" (Caro Mulder)


“Me quedé con esta que es más viejita y más chiquita, con la matricula puedo salir solo y vamos remándola”, dijo. 

A lomo de ballena 
Hace unos cinco años el ‘Pinza’ tuvo otra de esas experiencias en las que hubiese sido bárbaro tenerlo cerca de nuevo a Gerardo García. “Frente al tercer salto estaba pescando cerca de la costa y andaba una ballena. La había visto pero no le di bolilla, me puse a bajar un trasmallo y cuando ya estaba terminando de bajarlo la ballena vino para mi lado y se embocó en el trasmallo. Empiezo a tirar y se metió debajo de la lancha, y por allá salió a respirar… Cuando lo hizo la lancha quedó toda afuera del agua con motor y todo. Después bajó despacito, se rompió un cacho de trasmallo y zafó. Pero fueron quince segundos en que no me salía ni mamá, cosas de esas pasan”, describió Raúl recordando aún sorprendido -pero con agrado- semejante momento. 

Una postal en movimiento 
Al ‘Pinza’ la vida lo hizo pescador, en el mar encontró un propósito y una forma de vida, de la que mucho saben en casa Andrea Finamore, su compañera; sus hijos Michelle, Juana, Juan y Catalina y sus nietos Valentino y Samuel. El trayecto que hace desde su casa con el tractor hacia el mar en cada día de pesca, representa una postal en movimiento de una actividad que identifica a una comunidad; al pescador y su familia.



A nadie le es indiferente su marcha acompañado por Zordo, un perro silvestre que junto a otros le cuidan el tractor mientras está mar adentro en busca del sustento diario. 

“Yo me metería todos los días. Empecé porque no tenía ni para comer y me gustó, le vi futuro. En esa época se pescaban tiburones nomás, pero no tuve el apoyo que hubiera necesitado de joven, que me salió después con los microemprendimientos. De haber tenido apoyo de joven capaz que hoy sería otra cosa”, reflexionó el ‘Pinza’.