Con la última camiseta. Barrionuevo se retiró en el 95 con los colores del club de sus amores

Deportes

Angel Barrionuevo, símbolo máximo de Cascallares

Una vida pintada de rojo y negro

23|08|20 11:40 hs.

En Cascallares, hay un hombre que no necesita presentación. Sus años defendiendo la casaca rojinegra lo han llevado a ser sinónimo de fútbol en la vecina localidad. Nombrarlo es despertar recuerdos y generar sonrisas en el rostro de aquellos que lo vieron recorrer el lado derecho del campo de juego. Se trata de Angel Barrionuevo, “Nito” para los vecinos, que aún lo recuerdan con la 8 en la espalda.


“De chico el fútbol era mi pasión, pero mis viejos no me dejaban ir...” dijo en el arranque de la charla Nito, mientras confesaba que “de inferiores lo único que pude hacer fue la Quinta División, la última”. 

Con una familia numerosa -eran 11 en total.- y un padre estibador, de chico Barrionuevo debió colaborar con la economía familiar. “Los sábados a la tarde mi viejo no iba a trabajar, entonces salía a cazar liebres y yo lo acompañaba. Ibamos a cazar los sábados a la tarde y los domingos, y los domingos yo llegaba de vuelta a mi casa a eso de las 4, 4 y media. Mi casa estaba a unas 8 cuadras de la cancha; me bajaba del sulki, lo desensillaba mientras mi viejo cuereaba las liebres, escuchaba los gritos de la cancha y era una locura para mí”. 

Los gritos de la cancha retumban en las calles, y en él. “Terminaba de desensillar el sulki, me bañaba y mi vieja me tenía siempre unas alpargatas Rueda Luna o las Tero, esas que eran con suela de yute y que todos le decían las bigotudas... yo me ponía eso, escuchaba los gritos de la cancha y salía corriendo hasta la otra cuadra, de ahí me quedaba derechito la cancha y picaba… me había bañado y estaban las zapatillas calentitas y livianito, iba picando, miraba y de ahí volvía picando a mi casa... capaz que me hacía 10 o 12 piques y para mí hacía de cuenta que estaba jugando al fútbol porque era mi pasión”.

Esta pasión lo llevó a que, finalmente, a los 15 años empezara a jugar al fútbol en el club de la ciudad. Pero, el destino y la familia, lo volvieron a alejar. “A los 16 años me tuve que ir al campo a trabajar, a la estancia de Alfredo Rivolta, que tenía 7 mil hectáreas. Fui de ayudante a la cabaña”.

Allí Barrionuevo pasaba sus días, ya que podía salir cada un mes. “Tenía 16 años y era mucho tiempo para estar en el campo” dijo, y recordó: “Ya teniendo los 17 años me tocó salir, fui al pueblo y fui al club; en ese entonces el técnico era Pepe Masa, me acerqué y le pregunté si no necesitaba uno para la Tercera que jugaba al otro día. Me dijo que fuera, que me iba a poner un rato. Al otro día fui y me dice 'vas a jugar de 3'. La cuestión era jugar. Jugué el primer tiempo, y para mí lo había hecho bien, lo tengo grabado para toda la vida, y cuando fui a jugar el segundo tiempo me dijo 'vení Nito, no vas a jugar de 3, vas a jugar de wing derecho porque sos muy rápido y tenés muchas condiciones'. Jugué, me divertí, y para mí jugué bien, incluso vino y me felicitó. El lunes me tuve que ir al campo, triste por tener que irme porque ya me había entusiasmado”.

Prendió la llama 
Ese partido, esa posibilidad, avivó el fuego que el jugador tenía dentro, la cual creció aún más al fin de semana siguiente. “Me fueron a buscar tres dirigentes de Cascallares a la estancia donde trabajaba. Les dije que ya había salido el fin de semana pasado, que no podía hacerlo de vuelta, y me pidieron hablar con el capataz de la cabaña. Lo llamé, vino, hablaron y me dejó ir porque sabía que era mi pasión”. 

Con ellos viajó hasta Claromecó, donde jugó de titular. Pero la vuelta, volvió a generar tristeza en Barrionuevo. “Les dije que para mí era un dolor muy grande porque el fútbol era mi pasión, pero tenía que trabajar para ayudar a mi familia, para ayudar a mis viejos. Igualmente les avisé que no iba a durar mucho… estuve dos años y me vine, renuncié por el fútbol”. 

Allí comenzó la carrera de Nito, que tuvo como hilo conductor a Cascallares, pero que contó con algunas salidas: un año en El Nacional, un Preparación en Boca y un año en Oriente, en la Liga de Dorrego. “En el 74’ empecé a jugar en Tercera y era suplente en Primera. Ese año perdimos la final con Huracán… tuvimos la mala suerte de que no se nos dio. Terminamos 3 a 1. Al año siguiente empecé a ser titular y no salí más” señaló el ex volante por derecha. 


Durante una temporada, Barrionuevo defendió los colores de El Nacional


Grandes equipos
Cascallares supo armar grandes equipos, en los cuales Barrionuevo era número puesto. Aquel que peleó el título siempre será recordado, pero él tiene especial cariño por el que se armó en el año 1990. “Había grandísimos jugadores como el Bocha Portel, Acuña, Orsatti, Puchetta… ahí entraba y salía” dijo. 

En el 89, Cascallares salió campeón y el recuerdo es uno de esos que Barrionuevo guarda en su corazón. “Anteúltima fecha, le llevábamos creo que 5 puntos a Olimpo... y si nosotros empatábamos teníamos que esperar el resultado de ellos, que si ganaban se nos ponían a 2 puntos. Empatamos el partido en De la Garma y nos veníamos en el colectivo tristes porque para nosotros habíamos perdido una oportunidad. Ya cuando habíamos hecho un par de kilómetros, veníamos escuchando LU24 y por ahí dicen ‘Cascallares campeón porque Olimpo empató’... ¡no sabes lo que fue eso! ¡lo que fue el colectivo! Entramos a Tres Arroyos y a Cascallares no sé a qué hora llegamos porque recorrimos todo Tres Arroyos. La gente, ya antes del puente, nos esperaba… impresionante”. 


Barrionuevo y la familia, en el partido en el cual se despidió de su gente


- Vos integraste grandes equipos en Cascallares, con Altamiranda, Garzón, con J. J. Cabrera, que era un jugadorazo… 
- Yo jugué con grandes jugadores, yo jugué con el Bocha Portel, profesional, Gurrieri profesional, pero para mí J. J. Cabrera fue el mejor jugador que vi. Era de La Dulce, y vos lo veías caminar y pensabas 'que va a jugar'. El flaco ese fue el más desequilibrante que vi, él era un tipo que estaba dispuesto a conversar con vos además. Nosotros lo conocimos y sabíamos que si el tipo pisaba el área, colgate del alambre que era gol, porque aparte tenía un freno... era impresionante.    

- ¿Cuál fue el mejor partido que jugaste? 
- Muchos... me acuerdo de un partido contra Colegiales en cancha de Cascallares. Escuchaba que la gente me alentaba, 'estás jugando solo' me decían. Hice 3 goles de cabeza y ganábamos 3 a 0. Cuando estaba por terminar el segundo tiempo íbamos 3 a 2, agarra la pelota el Pato González, que jugaba de 6, afuera del área grande de ellos, salió corriendo y apilando gente y puso el 3 a 3. Yo la había descosido pero no me sirvió de nada.  

- ¿Cuál fue el compañero con el que mejor te entendiste? 
- Con Cacho Córdoba. Cuando él vino, era un distinto total... jugábamos los dos de volante, él jugaba de 5 y yo jugaba de 8. Yo tenía mucha dinámica y él me decía 'te tenés que hacer figura vos', porque él salía casi todos los partidos figura. Yo le decía que no, el fútbol yo lo veía de esa manera y para mí estaba bien, yo hacía lo que sabía, no tenía que hacer lo que no sabía... yo quitaba y tocaba. El tenía ojos en la nuca y tenía que descargar con él. 


Cacho Córdoba, a la izquierda de la foto, fue su mayor socio dentro de la cancha


En este punto Barrionuevo hace una pausa, piensa y define. “Si yo tuviera que elegir un padre y tres hermanos en lo futbolístico, el padre mío sería el Colorado Cedrón. Lo aprecio un montón y cuando lo veo le digo 'si yo fuera intendente, lo saco a San Martín y te hago una estatua a vos'. Si no fue uno de los más grandes, fue el más grande... hoy tiene 74 años y está jugando con nosotros en los veteranos, nosotros no vamos a llegar nunca y los más chicos no creo... ya no nacen jugadores así. Mis hermanos en lo futbolístico son el Pela Di Luca, Paulo Camino y Cacho Córdoba”.  

- ¿Quién fue el técnico que más te marcó? 
- García Blanco para mí fue el más grande, el que más sobresalió. En Cascallares el que me dio la oportunidad fue Enrique Camino en el 74’, después con Pepe Masa. 

Entrenador 
En su extensa trayectoria, Barrionuevo incursionó en la dirección técnica. “Dirigí pocos partidos pero gracias a Dios me fue bien” manifestó. Aquel Cascallares “venía mal… primero dirigió toda una rueda Sergio Lúquez y después agarró Cacho Córdoba, que estuvo dos partidos y se tuvo que ir por temas personales. De todos esos partidos se habían conseguido 4 empates. Agarré el equipo con los dos delanteros lesionados. Jugábamos contra Argentino Junior que iba puntero, y yo lo que veía era que el equipo mentalmente estaba caído. Trabajé una semana en lo mental con los chicos, salimos a jugar y ganamos 4 a 1. El segundo partido nos toca con Copetonas en Cascallares y ganamos 2 a 0. En ese entonces pasa a la punta Olimpo, fuimos a jugar con ellos y a los 25 minutos me echaron un jugador, pero empatamos 1 a 1. Después me ganó Colegiales, que salió campeón”. 

Aquella experiencia fue satisfactoria para Nito, aunque nada se compara con estar dentro del campo de juego. “A mí me gusta tener la redonda al lado y correr” sentenció.  

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Tenía razón Mansilla…
“En el 90, el Bocha Portel me preguntó cuánto ganaba y le dije que con lo que ganaba estaba bien porque además hacía de canchero y entrenaba la Tercera. El me insistía que tenía que ganar más. 'Vos sos del pueblo, cada vez que entrás dejás todo'. Fui a hablar y me sacaron de plantel. Los 13 refuerzos que había se reunieron y me dijeron que iba a seguir con ellos porque ellos me iban a pagar. Les dije que no porque ellos venían a ganarse el mango. Insistieron y me dijeron que al otro día llevara el bolso y me negué.

”Al otro día me levanté y fui al hotel en Cascallares donde ellos paraban. Me preguntaron si traía el bolso y les dije que no, que no quería problemas. 

“Llega el horario de ir a la cancha y me insistían con que llevara el bolso y yo no lo quería llevar. Como era canchero, iba antes para prender el calefón y todo. Llegaron ellos y otra vez '¿trajiste el bolso?'. 

“En un momento Portel y Fosatti lo llaman al técnico, que era Bruno Zinni, y le dijeron 'póngalo a Barrionuevo de suplente', (jugábamos contra Boca). Zinni ya tenía los suplentes y le dijeron que saque uno, ¡vos fijate el poder que tenían ellos! 

“Fui al banco de suplentes y cuando termina el primer tiempo perdíamos 1 a 0. A los 10 minutos me hace calentar y cuando voy a pasar por el banco de Boca me acuerdo que había una persona que se llamaba Mansilla y dijo 'uh, de yapa va a entrar este negro, este negro nos mata, este negro nos gana el partido'. Me reí, hice la entrada en calor... entro y tenía unas ganas de jugar... ¡me habían ladeado y quería demostrar!. Me acuerdo que hice una pared con Acuña, defino y gol, uno a uno. Las cosas habían cambiado.

“Después hago una jugada por la derecha, desbordo, entro al área y me hacen penal. No me acuerdo si fue el Bocha Portel el que tiro y gol, ganamos 2 a 1. Tenía razón Mansilla...”  

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“Haberlo enfrentado no tiene precio”  
El mayor hito futbolístico en la carrera de Barrionuevo es haber compartido campo de juego ante nada más y nada menos que Diego Armando Maradona.


Con Maradona, antes de empezar. Como capitán del equipo, Nito pudo compartir el sorteo inicial


“Nosotros siempre representábamos a Cascallares en el nocturno de El Nacional. Un día estábamos jugando a la noche y se armó un alboroto bárbaro, era Maradona... sabíamos que veraneaba en Marisol y estaba en la tribuna pegada a los vestuarios. Como a la otra semana o 10 días, también viene y estábamos jugando nosotros, de casualidad. Nos comentaron que se acercó, pidió hablar con la organización y quería hacer un partido a beneficio pero quería jugar con el campeón, en ese entonces había muy buenos equipos y salimos campeones nosotros. Cuando nos dijeron que jugábamos contra Maradona era un sueño, aunque el sueño más grande fue cuando lo tuve enfrente, cuando lo abracé”. 

Una sonrisa se forma en la cara de Barrionuevo y los ojos brillan. Maradona emociona y se nota en cada palabra. “Por ahí es imposible de explicar, porque cuando estábamos jugando, pasaba al lado mío y no lo tocaba ni loco, ¿cómo lo voy a tocar al más grande del mundo?” Luego de haber compartido el partido, Nito pudo disfrutar del Diez un poco más. “Cuando comimos en el Rancho de Chichi, él se fue a nuestra mesa y recorría silla por silla, te abrazaba, conversaba...” 

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La relación con Di Luca
Si hay alguien con quien tiene una historia Barrionuevo, es con Di Luca. Compañeros de selección, el destino los quiso unir más de una vez, aunque recién lo logró en el final. “En el año 80 o 81, no recuerdo, estábamos haciéndole la despedida a un dinamarqués, que era profesor en el Colegio Danés y jugaba en Cascallares; se iba a Dinamarca. Le estábamos haciendo una despedida en el club y entra uno y me dice que me busca el Pela Di Luca. Salgo y era él con otro muchacho más, nos saludamos, me dijo que quería hablar conmigo y lo invité a comer, pregunté con el que organizaba y me dijo que sí. Nos sentamos en la mesa y yo quedé al medio, con uno en cada lado. Estábamos cenando y ahí me dijo el Pela que me venían a buscar para llevarme Mar del Plata, a San Lorenzo. Le dije que de Cascallares me sacaban con los pies para adelante. El me decía que tenía que cambiar mi vida, que tenía condiciones, me llevaba al departamento con él y después venía a buscar a mi señora pero le dije que no. Le dije: Cascallares es mi pueblo, lo amo, de Cascallares no me voy... Cascallares no me habrá dado nada pero es el pueblo donde nací y es el pueblo donde voy a morir... a Cascallares lo amo. No me voy a ir a nunca de Cascallares’. No me convencieron, me quedé, y mirá que recorrido hizo el Pela...” 

Otra vez cerca 
La década del 80 volvería a acercar a Di Luca y Barrionuevo luego de aquel primer episodio. A fines de los 80, Barrionuevo arregló para ir a jugar a Oriente, perdiendo una nueva chance de compartir cancha con el Pela. “Un día vine a Tres Arroyos y en la terminal, cuando me iba para Cascallares, me encontró Amestoy, que era presidente del Club Quilmes y encargado de la terminal en ese entonces. Me llamó y me comentó que me estaba por ir a buscar. Me dijo que el Pela Di Luca había vuelto para jugar en Quilmes y que le había pedido un refuerzo: a mí. Le comenté que hacía 2 días había arreglado con Oriente, y que era algo que ya tenía medio 'apalabrado'”. 

La tercera es la vencida
Cuando parecía que no iban a poder formar parte de un proyecto juntos, una nueva oportunidad surgió. “En el año 95' no me acuerdo quien era el técnico de Cascallares y empezamos mal, entonces lo ven al Pela Di Luca para ver si quería ir. El habló conmigo y le dije que viniera a darnos una mano, que hiicera de DT y jugara y aceptó. En la primera rueda creo que él dirigió dos partidos, y salimos últimos o anteúltimos. En la segunda rueda salimos segundos… en esos dos partidos que él dirigió en la primer rueda le ganamos a Huracán. El decía 'si ustedes me hacen caso a mí, a Huracán le ganamos'; él había jugado ahí y sabía cómo jugaba el club”. 

Fue ahí cuando Barrionuevo decidió colgar los botines. “Yo me retiré en el 95 con él de DT, el último partido lo jugamos en Cascallares contra Villa. Dio la charla técnica, ya estábamos por salir a la cancha y le pedí la palabra, yo era el capitán. Les comuniqué a mis compañeros y a él que era mi último partido, tenía 40 años y creía que atrás mío había chicos que buscaban su oportunidad”. 

A pesar de pedido del Pela para que continúe y ya habituado a su nuevo puesto (estaba jugando de segundo marcador central), Angel Barrionuevo entendió que era el momento de parar. “Hay que dejar a tiempo antes que te dejen” dijo. 

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La Selección
Angel Barrionuevo defendió los colores de la selección tresarroyense en el Campeonato Argentino del 1979. 


En la tapa de la Deportodo, Barrionuevo con la selección


“Era un orgullo” recordó, y agregó que “yo estuve en el año 79' por primera vez, en el 80 iba a estar otra vez convocado y tuve un problema de salud y ya después caí enfermo y a la selección no pude volver”. 

Para el cascallarense, haber defendido los colores locales era “como para aquel jugador profesional que viste la celeste y blanca. Entre grandes jugadores que había en esa época, que eran mayoría de Huracán, ser convocado yo, un jugador de un pueblito tan pequeño, creo que para mí y para el pueblo de Cascallares fue un orgullo”.

Pero esa sensación va más allá de haber sido convocado, ya que Barrionuevo fue pieza importante del equipo: “Fui titular casi todos los partidos salvo el último, contra Mar del Plata”. 

Aquel recuerdo está tan patente en él, que recuerda el equipo de memoria: “Atajaba Bartolo Flores; Cedrón, Tenaglia, Pandolfo, Blanco; yo, Miguel Fernández, Escalona y el Mosca Ferreirós; el Pela Di Luca y Pedrito Bonini”.

En aquella selección, Barrionuevo se dio el gusto de compartir equipo con jugadores con los que no había jugado. Además, el grupo valoraba el esfuerzo que él hacía para cumplir con los entrenamientos. “En ese momento no tenía trabajo efectivo, en ese momento justo era la época de la esquila y andaba esquilando, y me habían puesto un remis para que me fuera a buscar, venir a entrenar y después me llevaba otra vez al campo. Era sin descanso porque estaba 9 horas debajo de la varilla, esquilando. Acá el Pela Di Luca y Pandolfo tenían locura conmigo por el sacrificio que yo hacía... yo llegaba y empezaba a correr y me decían '¿de dónde sacás tanto espíritu?'. Por ser la primera vez que estaba convocado a la selección, era para mí un orgullo, trataba de dar lo máximo posible, nunca me guardaba nada”.