“A mi Tres Arroyos lo amo”, aseguró Néstor “Pela” Di Luca, un embajador futbolístico de la ciudad

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Informe Especial

Néstor Di Luca o simplemente Pela; apodo que identifica al deporte local

25|08|20 12:33 hs.

Por Jorge López de Ipiña   


Las identidades de los pueblos se forman, entre otras cosas, con las virtudes y capacidades de su gente. Por eso, aquellos que decididamente sobresalen en sus disciplinas, los que traspasan fronteras y marcan un camino, pasan a ser parte de ese patrimonio que potencia el nivel y eleva la calidad de una ciudad. 

Néstor Di Luca es una de esas estrellas que iluminó al deporte tresarroyense; el Pela fue un embajador de nuestras raíces y a fuerza de goles, de una larga y exitosa carrera, de responsabilidad y honestidad, se convirtió en una de las figuras que potenciaron el patrimonio de nuestra comunidad porque, en fútbol, Di Luca es “de los nuestros, el mejor”. 



Su bajo perfil ha formado parte de su personalidad durante toda su vida; “soy tímido, vergonzoso; siempre fui así, hoy mismo me pasa. Tengo mis amigos, acá me conocen todos; pero cuando alguien me pregunta sobre mi historia, o los chicos te dicen ‘mi papá me habló de usted’, siento vergüenza contarles sobre mi carrera. Pero eso me llena de orgullo, porque me demuestra que hice algo lindo para Tres Arroyos; tengo la suerte de ser una de las pocas personas que futbolísticamente hablando llevó el nombre de Tres Arroyos por muchos lugares del Mundo. Tuve la bendición de jugar en Chile, Japón, Corea, Francia, Estados Unidos, Brasil, Buenos Aires, Mar del Plata, en todos los lugares que estuve nombré a mí ciudad porque me sentía orgulloso; a mi Tres Arroyos lo amo: porque nací acá, me crié acá, en el Barrio Colegiales” recordó con orgullo y emoción.


Néstor "Pela" Di Luca en su barrio, donde le pusieron su apodo


Cuando tenía 8/10 años, en el Parque Cabañas se clavó una espina de las palmeras de la entrada y debieron curarlo en el Hospital; esa parte de la cabeza le quedó pelada y sus amigos lo cargaban... Así nació su apodo, el que quedó para siempre, ese que es uno de los sobrenombres más conocidos del deporte local. “Mucha gente no sabe cómo me llamo, si a veces cuando me presento como Néstor me preguntan ‘qué sos del Pela’. A mí me gusta, yo me identifico con ese apodo. Para mí, que me recuerden así me demuestra que algo hice, que un recuerdo dejé en la vida”, valoró. 

De niño a jugador 
La familia Di Luca vivía en la calle Salta, entre 9 de Julio y Maipú, y el Pela creció “jugando con los chicos en la cancha de Colegiales, yo vivía ahí adentro; cuando el Escolar tenía rugby y nosotros jugábamos al fútbol con esa pelota ovalada.... Por eso Colegiales es mi club, soy hincha, mi familia es de ahí”, pero su debut fue en Unión “porque Colegiales no tenía fútbol en ese momento”; al año el que se quedó sin fútbol fue Unión y por la cercanía se fichó en Boca. Y allí “empecé a hacer goles y goles”. 

A los 14 años debuté en Primera, ese año tuve algunos minutos pero estar en el equipo con Cedrón, Cantilo (Déstefano), todos esos grandes del club, me formó como persona y jugador”, valoró.

Por una decisión propia “quería trabajar”, a los 16 años dejó el fútbol. “Me fui de la ciudad; dos años después regresé y Muñóz y Ancho me vieron para que volviera a Colegiales. Les pedí trabajo, al día siguiente me consiguieron un puesto en EIMA y volví… Me faltaba un mes para quedar libre pero cumplí mi palabra, y tuve la suerte de ascender, pusimos a Colegiales en Primera”, como lo hizo como DT en el año 89 (cumpliendo una doble función porque aún jugaba en Huracán, “el mérito fue de Di Nardo, yo lo dirigí los últimos 4 partidos”), siendo esos sus recordados y valiosos tributos al club de sus amores. 

Las palabras humildad y respeto aparecen en cada momento de la charla; quizás por ello al volver a Boca en el 75, y siendo el debut ante el Escolar, no quería jugar. “No me convencía jugar ante mi club, ante mi hermano Hugo, los muchachos del barrio, mis compañeros del año anterior. Pero yo era jugador de Boca y me debía a eso; en los primeros minutos no pasaba nada, no agarraba una; hasta que un dirigente le gritó a Ochandio ‘pegale una patada y matalo a ese vendido’. Eso me dolió mucho, me transformó: ganamos 9 a 1 y yo metí 7 goles”, todo un récord. 


Junto a Franklin Martínez en un clásico local. Rivales y amigos


Ese Boca del 75 era arrollador; “fuimos campeones invictos”, recordó de la primera de sus 13 consagraciones como futbolista. A la temporada siguiente el Xeneize repitió el título y en ambas campañas el Pela fue su goleador con 38 y 36 anotaciones, en torneos que duraban 18 fechas, y un récord notable. 

En el 77 y 78 el campeón fue Huracán, que lo llevó como refuerzo al Regional. En parte eso le abrió las puertas al fútbol grande. “Agarraberes y Alvarez se contactan con unos dirigentes conocidos de Independiente y en el 79 pasé al Rojo”, acotó con orgullo. 

El profesionalismo 
Su arribo a Independiente fue “en una pretemporada, en Mar del Plata se jugaba el torneo de verano que ganamos, aunque yo no jugué”; el inicio del Torneo de AFA fue “ante Argentinos; aparecí como titular en la reserva que dirigía Nito Veiga e hice 3 goles; el estadio estaba lleno, ¿sabés por qué?, porque en Primera jugaban Maradona de un lado y Bochini del otro”. 


Con Barberón, en un torneo de verano en Mar del Plata


Tan buena fue su presentación que al miércoles siguiente Pepe Santoro lo hizo debutar en Primera como titular. “Fue una sorpresa, no lo esperaba” confesó. Ese día, el Pela le cumplió la promesa e hizo realidad el sueño de su abuelo paterno “que además era mi padrino, el que me regaló mi primera pelota, el que me compraba las zapatillas, tenía adoración por mí; pero no me pudo ver jugar. Siento un gran amor por él, es el día de hoy que aún llevo una foto suya en mi billetera. Juntos escuchábamos a River por la radio, yo me imaginaba jugando allí; imaginar algo es más que verlo, formamos juntos ese sueño, y ese día se lo hice realidad…” confesó conmovido por la emoción. 

Compartía departamento con Barberón y la Tota Beitía, “yo les cocinaba”, acotó del ‘búnker de los representantes tresarroyenses’. Para ir a entrenar “me pasaban a buscar Alzamendi y Magallanes, dos fenómenos”. 

Durante la temporada alternó la titularidad, pero la campaña no fue buena y no hicieron uso de la opción. “Aprendí muchísimo, no jugué todo lo que me había ilusionado, pero recogí una gran experiencia”; y así Di Luca volvió a Tres Arroyos; “justo la selección jugaba ante Mar del Plata, me convocaron, hice goles acá y allá”, rememoró. 

Un nuevo camino
Esos partidos cautivaron a la gente de San Lorenzo de La Feliz, entidad que lo compró. “Fueron 2 años (’80 y ’81) donde ganamos los 2 campeonatos; hice 28 y 26 goles. Jugué con Osvaldo Potente (ex Boca y Central, entre otros), un genio. Clasificamos al Torneo Nacional; la experiencia fue bárbara pero los resultados no sé si tanto. Recuerdo el partido que el Boca de Diego nos hizo 7 goles, y otro donde Gatti me sacó un diente cuando lo esquivé y me iba al gol”. 


El Pela, de espaldas con la 9, festejando un gol de San Lorenzo de Mar del Plata junto a Potente


Pero su vida cambió drásticamente en el ’80. El día anterior a que su hija Silvina cumpliera dos años, la realidad lo golpeó con crueldad: “Mi esposa falleció cuando sólo tenía 22 años, y yo 25; éramos muy jóvenes, fue un golpe muy, muy duro. Me quedé con mi hija, jugando en Mar del Plata, pero a mi lado tuve a mis padres que me acompañaron y vivieron conmigo en todos lados. Fue tremendo, pero tuve que salir, pensar en mi hija…” confesó con resignación. 

Y la vida le dio una nueva chance; Huracán de Parque Patricios le abrió las puertas de la felicidad profesional en 1982. “Llegué a un equipazo. El técnico era José Varacka, una excelente persona, sabía muchísimo; a mí me quería mucho. Hizo una gran campaña, salimos segundos y me quiso llevar a River. Ese fue mi mejor momento, el máximo nivel lo alcancé ahí; la gente en el Ducó coreaba mi nombre, cuando salíamos a la cancha cantaban ‘los goles de Di Luca que ya van a venir’. Fue bárbaro, hasta que me lesioné…”, confesó. 


Huracán del ´82, Subcampeón del Torneo Nacional


Huracán del ´83, en un partido ante Racing que el globo ganó 1 a 0 con gol del Pela. Arriba, Martínez, Romero, Sánchez, Angeletti, Vidalle y Botari. Hincados, Garcia, Carra, Di Luca, Gutiérrez y Converti


Cruzó la Cordillera 
En 1983 llegó a la Universidad Chile. “En ese entonces ese fútbol era inferior al argentino. Hice un gol en el debut ante el Audax Italiano, en las dos fechas siguientes marqué 5 tantos. Era figura, todos me querían; en 18 fechas anoté 21 tantos pero un problema en la rodilla me dejó afuera varias fechas”. 


“El dueño del gol Azul”. El titular lo dice y el Pela cumplió, marcó 21 goles en 18 fechas


Ante Colo Colo jugó frente a 75.000 personas; “60 de ellos y 15 nuestros” reconoció. Su último gol en Chile fue precisamente en un clásico que en el ‘84 su equipo ganó 2-1. “Hacerle un gol al Cóndor Rojas, lo máximo de ese país, fue algo significativo”. 

El cambio de autoridades y problemas económicos en la “U” hicieron que Di Luca reformulara el contrato y a fin de año quedó con el pase en su poder. “Me querían Colo Colo, varios clubes; pero lo que firmé decía que no podía jugar en otro equipo de Chile; yo no lo sabía, por eso me tuve que volver”, reconoció. 

Volver a empezar 
Al regresar al país, Huracán se ‘adelantó’ a River y volvió a contratarlo. Pero fuera de la cancha esos tiempos fueron duros, desgarrantes, ya que sufrió la estafa de su representante. “Se me quedó con todo; con los departamentos que tenía, con una casa quinta en Ezeiza, con un auto. Yo estaba en Chile, cuando vine a escriturar me negó todo, nada estaba a nombre mío. La Justicia tomó nota que no había nada firmado, porque yo confié en la gente; y perdí todo. Todo lo ganado hasta ahí me lo quitaron, a mí me costó mucho, hice mucho esfuerzo y un enorme sacrificio para llegar, y que me pasara eso… Pero yo no le hice mal a nadie, no me la gasté ni me la ‘patiné’; no me podía entregar, tuve que seguir luchando y pude volver a ser feliz aunque me habían quitado eso por lo que tanto trabajé: la tranquilidad para un mañana…” dijo con profundo dolor. 


Con Huracán, en su gira por Corea del Sur


La faz deportiva le regaló una alegría. “Fuimos a esa gira por Corea que resultó increíble, en una Seúl magestuosa, un monstruo de ciudad; pero cuando retornamos, en una práctica me rompí el tendón rotuliano. Le puse muchas ganas a la recuperación y en 60 días volví a jugar. Completé la temporada del 85 y en el 86 me propusieron volver a Mar del Plata, pero a Peñarol que tenía un gran presupuesto y firmes intenciones de hacer un gran equipo, fuimos campeones locales y perdimos ante Douglas Haig la final de provincia para acceder al Torneo Nacional”. 

Terminada la temporada “me encuentro con Miguel ‘Gato’ Vázquez, que fue buscando a Portugal como refuerzo para Quilmes que entraba al Regional. Le tiré la idea de que nos llevara a varios de nosotros; habló con Fontán y nos vinimos con Portugal, Silva, Kohli y Goñi; fue una linda experiencia; eso marcó mí regreso a Tres Arroyos”; en el ‘88 jugó un regional para El Nacional y “en Quilmes, armamos un lindo equipo, estuvo mi hermano Lelo, y salimos campeones después de 39 años, imagínate cuánta alegría en esa gente…” 

Sus goles seguían cautivando, y el próximo interesado fue Huracán. “Me reuní con Bottino y arreglamos; empecé a entrenar y rápidamente hicimos una gran relación con Franklin (Martínez), charlamos mucho, y con el tiempo formamos una linda amistad”. 


Huracán de Tres Arroyos (1990-91)


Menciona a Franklin, y le hago notar que él destacó en una anterior nota al Huracán de Zerr como uno de los mejores equipos que integró. Di Luca tiene una visión parecida, pero distinta. “Yo diría el Huracán de Jorge Sosín (el PF); fue un gran equipo, pero Sosín era el 80-85 por ciento. No me voy a cansar de decirlo; trabajar y hacer lo que hacía él, no sólo desde lo físico, sino desde la parte humana del plantel, no se lo vi hacer a nadie”, acentuó.

Mucho se habló del Huracán de ese Torneo del Interior del 90; ¿ahora Pela, era tan bueno? “Volaba físicamente y acá marcaba una diferencia abismal; había buenas individualidades y en el Regional seguimos marcando una ventaja”. ¿Y mereció llegar a más? “Tendríamos que haber llegado a más si no pasaba lo que pasó”. 

¿Qué pasó? “Nunca hablé de cosas malas, no me gustó hacerlo nunca, pero a mí en esa serie ante Aldosivi no me dejaron jugar; de Peñarol me vine en el 87 y tres años después salen diciendo que mi pase era de Peñarol. Metieron la protesta en AFA y hasta que no hubo resolución no pude jugar; cuando fallaron me dieron la razón pero ya habíamos quedado eliminados. Algunos años después volví a Mar del Plata y Salerno, el que manejaba y parecía ser el dueño de Aldosivi me aseguró ‘no es que vos no pudiste jugar contra nosotros, a vos no te dejamos jugar’... Algo raro hubo, nos perjudicaron mal”, confesó. 

Las vueltas de la vida y la intención de Colombini le permitieron volver a vestir en el 91 la camiseta de Boca y otra vez una vuelta olímpica. “Fue una linda alegría; regresé al barrio, recuperé muchos recuerdos, volví a jugar con muchachos que conocía”. 



A los 40 años le llegó la hora del retiro. “En el 95 Cascallares me pidió que lo dirigiera y jugara; entré algunos partidos, un rato nada más. Pero mi real retiro fue en Huracán en el 93; después me pidieron que los dirigiera, salimos campeones, jugamos el regional, fue un lindo paso”, valoró.

Y hablando de su éxito como DT recordó haber sido campeón “con Huracán (junto a Juan Giannechini) y con Olimpo, fui segundo con Cascallares y no dirigí más. Me cansó no poder trabajar de la manera profesional que a mí me gustaba. Entendí que el ambiente y las posibilidades eran otras; me cansé de todo. Yo disfruté del fútbol, me gustó lo que hice, pero no quería amargarme y que me quedara una fea imagen del fútbol por los problemas cotidianos que se sucedían a causa de las carencias. Y un día dejé todo”, confesó. 

Tanto se alejó que “no voy a la cancha, sólo fui una vez, cuando Huracán visitó al Globo acá, en la B Nacional, y querían entregarme un presente. Por TV miro todo y lo disfruto, pero a la cancha no voy más, me cansó el insulto, las puteadas a los jugadores… Entonces le di rienda suelta a mi otra pasión, la pesca (sonríe); elijo el lugar dónde ir con el grupo de amigos, organizo el asado, me encargo de todo con idéntica alegría y fuerza con la que viví el fútbol”, valoró el Pela con la misma naturalidad y simpleza que tuvo en su carrera, y con esa grandeza que lo transformó en patrimonio de Tres Arroyos.      

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River, la chance que no fue   
Antes de pasar a la “U”, River había demostrado interés por Di Luca. José Varacka lo quería, “estaba todo listo, pero como Huracán le debía una plata a River por la transferencia del Negro Ortíz, y mi pase era de Seijo, la operación no se hizo”. 


Contra River. Di Luca, con la camiseta de Huracán, busca ganarle el duelo a Fillol, arquero del Millonario


Cuando regresó de Chile, en migraciones de Ezeiza lo esperó gente del Globo, se subieron a un auto y arreglaron el contrato. Después le confesaron que lo esperaron ahí porque en otra puerta estaban los dirigentes de River para ofrecerle un contrato, y si le daban a elegir… 


Frente a Boca, ante Ruggeri y Mouzo


El recuerdo en Di Luca nace con orgullo y satisfacción. Años antes, siendo Angel Labruna DT del Millonario, el dirigente Pace le posibilitó al tresarroyense llegar al club. “Estuve entrenando un mes, me hice amigo del uruguayo De los Santos, trabajé con los mejores de esa época como Fillol, Passarella, Tarantini, Gallego, Lúquez, todos. Recuerdo una práctica, Labruna me pidió que jugara de ‘9’ para los suplentes; al rato vino uno de los jovencitos y me dijo que fuera a jugar de wing derecho, para qué!!! Labruna se puso como loco, paró el partido, me retó en todos los idiomas y al jovencito, que era nada más ni nada menos que Ramón Díaz, lo mandó al vestuario. Las dos veces estuve ahí de pasar a River, pero no se dio” se lamentó, porque seguramente su carrera hubiese tenido otra trascendencia y hubiese sido mucho más grande de todo lo que fue.       

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La selección, casi una realidad 
El año 1982 marcó un destino ascendente para Di Luca, al punto que el propio César Menotti lo tuvo en cuenta para la selección; pero a veces los sueños no tienen el mejor final... 


Di Luca en Huracán del ‘82, junto a Converti (11) y Martínez (5)


“Con Huracán fuimos a Rosario, le ganamos a Central 2-1 con dos goles míos; un partido increíble para mí, pero hice tanto desgaste que al jueves siguiente me desgarré en una práctica; estaba en el pico máximo, ese fue mi mejor momento, en el más alto nivel. A la fecha siguiente recibíamos a Nueva Chicago; yo estaba en el palco del Ducó y llegó el Flaco Menotti, cuando me vio preguntó ‘¿Qué hace usted Nene acá arriba?’ le contesté lo del desgarro y me aseguró, ‘Yo vine a verlo a usted para convocarlo a la selección’. Me quería morir, iba a ser preseleccionado en el equipo que fue al Mundial de España, pero esa lesión me alejó de la gran chance de mi vida” recordó con resignación, aunque recuperando el orgullo destacó, “muchos periodistas me pedían para la selección, con el Turco García, el Cholo Converti y Babington hacíamos estragos; me querían de todos lados, River, Vélez, el Valencia; pero era otra época y en el 83 me terminé yendo a Chile”. 

El Flaco Menotti ya había posado su atención en Di Luca en un amistoso que meses antes la Selección Argentina disputó ante la selección marplatense. “Yo estaba en Tres Arroyos me avisaron de urgencia y en micro viajé 4 horas parado en el Pampa, llegué tipo 5 y media de la tarde, comí algo y me fui al estadio. Le hice 2 goles de cabeza al Pato Fillol, y si bien perdimos 4-2, a mí me sirvió el partido porque ahí me compró Seijo para llevarme a Huracán. Pero no haber llegado a la selección fue mi sueño no cumplido”, lamentó.    

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Momentos, figuras
En la primera fecha del campeonato de 1983 se produjo el debut de Enzo Francescoli en River; fue ante Huracán y Néstor Di Luca fue uno de sus rivales; un lindo recuerdo para un hincha del Millonario como el Pela.


Junto al "loco" Gatti, compartiendo un almuerzo en una visita a Tres Arroyos


Nombres de compañeros y rivales nacen de su boca como el trigo en nuestros campos. “Por nombrar sólo algunos defensores que enfrenté, puedo recordar a Passarella, Galván, Ruggeri, Pancho Sá, Mouzo, los Killer, Juan Simón, Bauza, Trossero, Villaverde, Rocchia, Sacardi, infinidad de estrellas. Perdí y gané con todos; en el área rival, a Passarella y a Ruggeri los mataba; pero en el área nuestra ellos me devolvían la gentileza, eran distintos”. Y quedó maravillado con “Maradona, Francescoli y Bochini, jugadores exquisitos, maravillosos”. 

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El Gráfico 
“Muchas veces salí en la revista más importante del país; ese 1982 fue un gran año. El Gráfico me puso 8, 9 y 10 en las síntesis; ¿sabes lo qué es que la revista más importante del país hable así de vos? Yo tenía buena relación con la prensa, me querían mucho; era normal que hablara con Víctor Hugo (Morales); lo mismo que con Tití Fernández, Fernando Niembro; una vez terminamos un partido y yo me venía para Tres Arroyos porque era el Día de la Madre, charlando con José María Muñóz se lo digo en la nota y él le mandó un saludo a Alonso de LU 24 y me aconsejó que viajara tranquilo… tengo muchos y lindos recuerdos”.  

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El equipo ideal 
Después de un largo análisis, Di Luca nos armó el equipo ideal de sus compañeros. Los titulares son: Baley; Cedrón, Villaverde, Mario Marcelo y Killer; Potente, Cacho Martínez y Bochini; Alzamendi, Franklin Martínez y el Turco García. 
Suplentes: Rago, Jorge Fernández, Robledo, Miguel Fernández, Babington y Barberón.