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Holocausto 2000: veintinueve años de pasión

30|08|20 18:59 hs.

Este 24 de agosto Holocausto 2000 llegó a sus veintinueve años de existencia, un camino más que largo el recorrido. 


Juan Carlos Caldera, Caniche o El Cani para muchos, estuvo junto a los integrantes de la actual formación contando a LA VOZ DEL PUEBLO los cómo y por qué de tantos años de camino.

Sus comienzos en la música son desde 1974, “cuando estaba en la secundaria”, con un grupo que se llamaba Cosmos. En ese momento era otro tipo de música, distinta a la de ahora. “Hacíamos temas de Quique Villanueva y la cumbia que había era la vieja, la de Los Wawancó, era importada. Acá se usaban temas lentos”. 

Más tarde y por estudio -ya que es veterinario- se trasladó a La Plata donde tuvo tres grupos, algunos para eventos y otros para show en pubs. Cuando finalizó la carrera decidió volverse a Tres Arroyos y comenzó con folclore, como solista hasta llegó a participar de la Fiesta del Trigo. “A esto llego por participar de un concurso en el que salí segundo, se hizo en Claromecó y me ganó Miguel Angel Ramos. El cantaba muy bien, temas de Miguel Angel Robles”. En sos tiempos los shows se hacían en el Teatro de la Escuela 1. 

Nace Holocausto 
Caniche conocía al saxofonista Ricardo Yema quien era ayudante de Osvaldo Cirulli haciendo sonido con Altavoz. Un día los encuentra en un boliche y les dice si conocen de alguien que quiera armar un grupo. 

Al poco tiempo lo llama Yema para contarle que estaban armando un grupo para tocar en el Rancho de Chichí porque éste quería un grupo que fuera local, “porque venían grupos de afuera, uno de Tandil, de Balcarce, de Coronel Suárez… Y bueno, él quería uno local, así que ahí empezamos a ensayar con la primera formación con Jorge Sangermano (que falleció al poquito tiempo), el Chino Troiano, Ricardo Yema, Sergio García y yo en bajo y voz. Y debutamos el 24 de agosto del 91’ en el Rancho de Chichí y el show central lo hizo Miguel Angel Cherutti”.

Ese fue el comienzo, luego la formación fue cambiando, pero la que durante más tiempo se mantuvo fue la que integraron Claudio Gaut, en la guitarra; Alfredo Altuna, en el teclado; y Sergio García, en batería. Y después por distintas causas “se fueron yendo cada uno y quedé yo solo con el grupo hasta que logramos esta formación que hace bastante tiempo mantenemos”. 

46 años “de música” 
Con Holocausto 2000 son veintinueve años transcurridos “y de noche” agrega Juan Carlos. “Y de música son cuarenta y seis años… me parece mentira. Diecisiete años tenía cuando empecé con el grupo Cosmos; en esa época estaba Frecuencia Modulada, Neige, Preludio, Los Ambaicos, alguno de Chaves. Se trabajaba mucho, hasta representantes de los grupos había”, dice y nuevamente se ríe porque es una de las cosas que siempre tiene Caniche. 

El mantenerse a través del tiempo es una de las cuestiones fundamentales. Por ello es que Juan Carlos reconoce que no todos los días son iguales. Además “respetar el carácter de cada uno porque no todos tenemos el mismo. A veces surgen discusiones porque no siempre estás de buen humor, pero te digo que cuando nosotros empezamos a tocar todo cambia”. 

Es como “la magia que tiene Holocausto” cuentan Braian, Dalma y Maximiliano. Y agrega Caniche, “cuando empezamos a tocar nos empezamos a divertir, somos compañeros y nos conocemos lo suficiente como para entendernos cada uno lo que nos está pasando” 

Un largo camino 
En el final le preguntamos cuál es el saldo de tantos años de recorrido para Caniche. El sostiene que “la música es mi gran pasión. Yo dejé una actividad como la veterinaria para dedicarme a la música. 

Esto se fue dando así porque a Tres Arroyos vine a trabajar de veterinario, después empecé a tocar algo de folclore alternándolo como hobby. Cuando formamos Holocausto, empecé a hacer las cosas en paralelo. Holocausto me fue absorbiendo porque trabajábamos tanto, ganábamos muy bien y en ese momento la veterinaria la llevaba adelante quien era mi mujer, que también había estudiado. Al punto tal que a la veterinaria la dejé, era otra plata, la época del dólar uno a uno. Es medio inexplicable.

En esa época cobrábamos en el Rancho de Chichí cuatrocientos dólares por noche y tocábamos viernes, sábado y domingo. Ganaba más plata con eso que con la veterinaria. Andá a cobrar 40 lucas por show hoy… En esos tiempos al haber terminado Veterinaria yo venía de La Plata con muchas ideas de producción en cuanto a las vacas, pero el chacarero iba de los animales al trigo de acuerdo a la conveniencia. Hoy la profesión es otra cosa y la forma de producir carne también, hoy tener una fábrica de carne te rinde. Más allá de lo que me pueda arrepentir estoy conforme con la elección de vida que hice, es algo que lo he hecho y hago con gusto. Me dio amistades en todos lados que a veces son las que no te dejan sin trabajo y después las que uno logra tocando. Somos un grupo sincero, todos humildes, no somos grandes músicos pero ponemos todo en un show y eso es lo más importante. Pero bueno, ahora tristes porque desde el 7 de marzo, por la pandemia, estamos sin trabajar desde el último baile que hicimos. A nosotros, como a todos los que trabajan en espectáculos, nos afectó mal, tal es así que tuvimos que reinventarnos como el caso mío. Mucho tiempo estuvimos sin trabajo. Personalmente, hasta que no haya una vacuna no creo que lo nuestro cambie mucho, pero hay que ser optimistas”. 

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El nombre

Surge la inquietud del porqué Holocausto, y acá Caniche recuerda que “cuando estábamos ensayando con el grupo tiramos un montón de nombres y no sé quién dijo ‘Holocausto’ y a Chichí Di Rocco le gustó ese nombre y quedó. Chichí era una persona muy especial” cuenta entre risas. 

 En tanto el agregarle luego 2000 fue por razones jurídicas ya que uno de los integrantes reclamó la autoría de Holocausto y de ahí la modificación a Holocausto 2000. 

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Anécdotas… miles

En todos estos años anécdotas las hay y muchas, pero como reconoce su hijo Braian, “acá tendría que estar Claudio Gaut porque él las sabe todas”. 



Caniche recuerda que “cuando comenzamos en Cosmos nos trasladábamos en un Mercedes 911… entraban dos adelante y el resto íbamos en la caja con lona. No sabíamos ni para dónde íbamos” dice riendo. 

“Nos hemos quedado mil veces tirados en el camino, se nos rompió una goma, porque nos quedamos sin gasoil” cuenta entre las risas del resto. “La última gota tiene que alcanzar para llegar a la puerta de casa. A veces nos jode un poquito el viento en contra” agrega y esto arranca la risa de todos. 

Hay de todo tipo para sumar, desde descomponerse arriba de un escenario, que se descompense alguien durante un show y se muera. “Y que se estén llevando a la finada, venga alguien de la cantina y te diga ‘¿podés anunciar que la docena de empanadas está a 200 pesos?’”, dice Javier Curruinca y esto hace que todos se rían cuando lo cuenta. 

Son varias las de este tipo, algunas que han hecho hasta que se suspendan los shows pero estas no superan a las de ir a tocar en un día equivocado. “Fuimos un sábado a Dorrego a tocar al Club Ferroviario y cuando llegamos no vimos a nadie. Lo llamo a Fuertes, el presidente en ese momento, y le digo ‘che, dónde andás, porque estoy en la puerta del club’ y el otro me contesta: ‘Caniche, el baile es el sábado que viene’… Tenemos cientos de historias” agrega Juan Carlos Caldera.  

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Sus “compañeros” actuales

Maximiliano Acha es tecladista de la banda desde hace unos doce años pero la historia con Holocausto 2000 viene de mucho tiempo. 


La primera formación del debut, el 24 de agosto de 1991. Ricardo Yema, el Chino Troiano, Jorge Sangermano, Caniche Caldera y Sergio García


“Lo mío es muy especial porque cuando era chiquito, ellos ensayaban a media cuadra de casa, yo tendría 8 ó 9 años y me lo iba a ver. Después empecé en otra banda, Los Armónicos, que por cuestiones de la vida se desarmó y ahí apareció Caniche a buscarme y desde hace unos doce años que estoy con él” cuenta. 

Para Maximiliano tocar en la banda a la que vio ensayar desde chico “fue y es algo único. Para mí no solo era cumbia sino todos los géneros Holocausto 2000”.

Acá Caniche recuerda que “hacíamos temas nacionales, internacionales, todos covers. Había lugares donde trabajar haciendo ese tipo de música, hoy no podés por dos razones: la principal es que no hay lugar y la segunda económicamente. Para lo que es el trabajo de covers no te sirve, hacer un tema de Phil Collins o Fito Páez y la gente que te va a ver está sentada esperando que hagas algo más o menos similar. Entonces, hay que trabajar mucho más que en el rubro que estamos ahora que es el de animación de bailes”. 

Javier Curruinca es el guitarrista de la banda desde hace tres años y a Holocausto llega “como el resto de los músicos. Porque en lo nuestro, por distintas cuestiones o trabajo se van yendo. En un momento me llama Cani para proponerme entrar en Holocausto, me junté a hablar con él y luego de un par de meses me llamó para tocar”. 

Lo cómico fue que lo convocó y en un mismo día, -sin haber ensayado- hicieron dos shows, “uno fue en un cumpleaños ‘sorpresa’ -que no fue tanta- y a la noche en una escuela” cuenta Javier.

A esto Caniche agrega, “él es muy del folclore pero además tenía una banda -La Furiosa- que hacía covers de Fabulosos Cadillacs, Pericos, todo muy fiestero. Entonces yo pensé, éste no toca cumbia pero la onda es buena, se va a prender bien y ese día mal no nos fue” cuenta entre las risas de los otros que recuerdan la historia. 

Dalma Cortadi es una de las más jóvenes integrantes, “hace cuatro años que estoy”, cuenta. “Cuando se va la chica que cantaba antes, Celeste, por un chico conocido me contacta con Caniche. Me llama, me pregunta y me cuenta como era Holocausto -yo era chica y no conocía nada de la banda-. Empecé a ir a los ensayos y me costaba porque al ser la única mujer me sentía rara. Arranqué en una Fiesta de la Primavera en Monte Hermoso, a un costadito como corista, pero de a poco me fui haciendo un lugar y hoy estoy al centro del grupo, les cambié la formación” cuenta entre risas. 

Para el final, queda su hijo, Braian Zaragoza, quien arrancó desde chico con la banda. Estaba en todos lados “era el pichón que hacía c…”, cuenta. “Hasta que en un momento se fue el baterista que tenían y como yo ya estaba haciendo algo de percusión porque me metía con el guiro, antes había hecho algo de sonido o luces. Entonces en ese momento fui como todo, ‘dale metete acá’ y así comencé”.