Opinión

Por Roberto Barga

Anclados y con mal Internet

30|08|20 20:14 hs.

   Mientras los atribulados ciudadanos argentinos nos salvamos de las monsergas quincenales que verbalizaban el Presidente de la República, el gobernador de la provincia de Buenos Aires y el jefe de la CABA, los contagios de Covid-19 no paran de subir. 


 Nos salvamos porque es evidente que ante la falta de anuncios concretos para contener la pandemia, y, ante el umbral de los 10.000 infectados diarios (más allá de que hay confusión en cuanto a la carga de datos y no se sabe a ciencia cierta de cuándo son los infectados y muertos), sólo queda un camino: habría que cerrar o restringir al máximo los desplazamientos. Pero eso es sencillamente imposible. 

 Ante esta falta de horizonte y con la peste desplazándose peligrosamente al interior del país, el trio gobernante prefirió dar un escueto anuncio de cinco minutos a cargo de Alberto Fernández.

 Nada de lo que acontece con respecto al Covid-19 y su comportamiento en la Argentina nos debería sorprender y una de las mejores definiciones sobre la situación la aportó nuestro compatriota Daniel Gervini. El matemático, profesor en la universidad de Wisconsín, clarificó el por qué de estos números, habiendo realizado una cuarentena con tantas restricciones. Gervini afirmó: “los contagios no se producen en la calle, sino puertas adentro y por las condiciones de hacinamiento de la población. En los países del tercer mundo con grandes conglomerados de villas miserias, la epidemia está siguiendo más o menos el mismo patrón de crecimiento exponencial descontrolado, que seguirá hasta que cada lugar alcance el nivel de inmunidad de rebaño necesario”. Más claro; agua. Lo que no se entiende es por qué no se avanza en una fase final de protocolos que incluyan a todas las actividades relegadas, sobre todo a la de servicios, y vuelos domésticos e internacionales, que ya funcionan en todo el mundo y que dinamizan la economía, mientras vemos que aquí cuatro compañías anunciaron que abandonan las rutas que tenían con nuestro país (Air New Zealand, Qatar, Emirates y Lan). 

 Pero el caso paradigmático de cómo nos vamos relegando como sociedad, es el que sucedió en la Ciudad de Buenos Aires esta semana. El contencioso que sostuvieron el gobierno de CABA y el gremio docente por el regreso a clase de los chicos y chicas que no disponen de conectividad, se saldó a favor del gremio, con el argumentario de que los protocolos que dispuso la ciudad de Buenos Aires eran insuficientes para cuidarse de los contagios. 

 El pleito se solucionaría, según el gremio, entregando tablets a los niños, pero el problema es otro; y es que la conectividad es deficiente o directamente, en muchos hogares no existe. 

 Hay registros que lo explican todo y que de paso nos permiten adentrarnos en una de las polémicas de la semana. El periodista Gustavo Silvestre de la señal de noticias C5N, reporteó a un chico de unos 17 años que se había comprado una moto con la ayuda del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia). La nota venía precedida por el comentario del periodista en el sentido de que la ayuda estatal dinamizaba la economía, ya que el chaval tenía previsto usar el vehículo para cadetería y mensajería. Lo concreto es que el reportaje se volvió inaudible porque la conectividad del pibe era mala, pero eso es lo de menos. Lo de más es que ese muchacho necesita buen 4G o buen Internet, porque su futuro como emprendedor depende de los mensajes que le lleguen a su teléfono pidiéndole viajes. 

 Y aquí está una de las madres del borrego. Nos hemos pasado horas y días tratando de desentrañar en qué cambió la vida de todos, esta crisis mundial llamada coronavirus. Y un servidor cree, que más que cambios, lo que hubo y lo que habrá es un acelerón en las tendencias que venían en desarrollo. Nuestras relaciones, la manera de comerciar y de trabajar, estarán afectadas dramáticamente por Internet y quien no posea conectividad abundante y buena (salvo por elección y estilo de vida), quedará seriamente relegado. Entonces Internet, se vuelve casi un derecho humano. 

 La intervención del gobierno nacional para congelar tarifas de conectividad hasta diciembre, en medio de una pandemia, es justa y necesaria. Pero eso sólo es la punta del iceberg, si no pasamos al verdadero tema de fondo, que es cómo se incluye a todos los pibes en la sociedad del conocimiento. Y sería un gran aporte del grupo Clarín en su 75 aniversario, si eligiera no ir nuevamente a la confrontación con el Gobierno, recogiera el guante y planteara una agenda superadora, no limitada solamente al tema tarifas. 

 Es que más allá del revuelo que causaron las declaraciones absurdas de Eduardo Duhalde, que confirman las teorías de Felipe González en el sentido de que los ex presidentes “son como los jarrones chinos, muy lindos, pero uno no sabe dónde ponerlos”, todo lo importante, en la Argentina parece estar sometido a un eterno deja vú. 

 Hagamos este ejercicio contrafáctico: si alguien se fue de la Argentina hace 10 años y volvió en el día de hoy, ¿En qué cambió la agenda pública? Hace diez años la disputa del gobierno de entonces era con Clarín por la “Ley de Medios”; con el campo por la 125; y tres años después se hablaba de una ley de “Democratización de la Justicia”. 

 Hoy, con nueve meses fernandistas, el caso “Vicentín” (una cerealera, que el estado quería estatizar, para entrar al negocio de la exportación de granos) o sea, el tema “campo”; una nueva disputa en puerta con Clarín por las tarifas y una reforma de la Justicia con media sanción del Senado que acaba de aprobar, permitirían ver al que se fue y volvió luego de diez años, que seguimos hablando de lo mismo. En el medio, nos agarró el “macrivirus”, que venía con lluvia de inversiones, pero se fue con una lluvia de deudas que nos llena de condicionamientos. Deudas que se tomaron para recrear la bicicleta financiera, no para hacer obras de infraestructura. He aquí otro deja vú, que ahora, a mayor gloria de los posmodernos, llamamos carry trade. 

 Las armas con las que se concurre a cada confrontación mediática tampoco difieren mucho desde hace diez años. De un lado el PPT de Jorge Lanata ahora es PPT BOX ; Luis Majul dejó America y está en la señal de tele de La Nación. Sólo falta el reentré de 678 y el “volver a vivir” será perfecto. 

 Mientras tanto en Ciudad Gótica, hay menos empleo que hace diez años y hay más pobres que hace diez años. 

 El presidente del Banco Central, Miguel Pesce advirtió que “si Argentina no vuelve a exportar por 90 mil millones de dólares, va a ser un corset para el crecimiento”. Agregó: “desde 2011 no encontramos procesos de crecimiento sostenido. Tenemos niveles de pobreza y desigualdad difíciles de soportar en un país democrático. En 2011 exportábamos por 83 mil millones de dólares y actualmente lo hacemos por 62 mil millones”. 

 “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. La frase se le atribuye a Albert Einstein, aunque no existen pruebas de que sea suya.