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Parte de la identidad de El Nacional

Daniel Salomón: “El fútbol me dejó grandes amigos”

12|09|20 21:14 hs.

Quien lo vio jugar, disfrutó. De tiros libres que muchas veces tuvieron destino de gol, de un pase sorpresivo, de la claridad para entender el partido. Daniel Salomón quedó en la memoria con la camiseta número 10 de El Nacional, club con el que vivió muchas alegrías y también sinsabores. El fútbol es así, como cualquier juego, en definitiva –también- como la vida. 


Jugó al baby fútbol en Argentino Junior, club del que era hincha su padre. De chico, parecía que tal institución podía ser su lugar para practicar el deporte que tanto le gusta. Sin embargo, Alberto Quiroga, quien era dirigente, comenzó a llevarlo “para el lado de El Nacional”. A los 11 años, quedó fichado en El Decano. “El hijo de Alberto Quiroga, Norberto, es uno de los grandes amigos que tengo”, señala. 

Por entonces, solamente había quinta y sexta división. Daniel Salomón era suplente en sexta, pero tenía cinco años menos que la mayoría de los demás jugadores. Recuerda que “después crearon la séptima, para chicos de hasta 14 años, ahí tuve una división más acorde a mi edad”. 

Cuando debutó en Primera, a fines de 1975, tenía 16 años. “Jugué en inferiores y estaba Ricardo García Blanco, fue a ver el partido. El Nacional no venía bien y me dijo que a lo mejor al otro día me iba a necesitar, que a las once esté en el club para viajar a Orense. Fui titular ante Alumni, jugué de 11, tuve la suerte de convertir y ganamos 4 a 1. Fue un debut redondito”, comenta. 

Al año siguiente, tuvo lugar el descenso y en 1977, un muy festejado ascenso. Indica que “en 1978 me tocó el servicio militar, jugué en la liga amateur de San Martín de los Andes, donde me tocó hacer el servicio, después volví a El Nacional”. 



 En las 24 Horas 
 Huracán lo llevó como refuerzo en 1980 para el Torneo Regional. Comparte una anécdota sobre esta competencia, en la que intervinieron grandes equipos como Loma Negra de Olavarría y Olimpo de Bahía Blanca. 

“Había hecho varios goles en el torneo local. Fui el último refuerzo que llevó Huracán. El técnico era Américo Belén, un jueves hizo dos equipos y no me puso ni siquiera en la formación suplente, no jugué ni un ratito. El fin de semana se realizaban las 24 Horas de la Corvina Negra en Claromecó y me fui a pescar”, relata. 

El Globo había empatado de local con Loma Negra y debía jugar como visitante ante Olimpo. “El sábado me llaman a través de la radio, que iban dirigentes de Huracán a buscarme a Claromecó para llevarme a Bahía –señala-. Yo no tenía muchas ganas de ir, pensaba que no iba a jugar. Viajamos, dormí en el hotel y al otro día se concretó la charla técnica; no había tenido contacto con el técnico, me pegó una levantada bárbara. Dio el equipo titular y me puso. Jugué un buen regional ese año, rendí”. 

Entre quienes más lo conocían, menciona a Jorge Ferez. “Seguramente él le dijo a Belén que yo podía ser un posible reemplazo”, observa. Entre expulsiones y lesiones, había ausencias en la posición en que jugaba Daniel Salomón. 



 Zurdo y capitán 
Su lugar en la cancha cambió en los primeros años. Es zurdo y comenzó como 9 en las inferiores y en el ascenso de 1977, lo ubicaron de 11. Los otros delanteros eran Mariano Moreno y Rubén Ferreirós. 

Desde 1978 jugó de 10, “como volante por la izquierda. Antes el esquema era 4-3-3. En 1987, 1988, empecé a jugar más como un enganche, porque fue cambiando el fútbol”. 

El Nacional descendió en 1980 y en 1981 quedó a un paso del ascenso, pero perdió de local la final ante Argentino Junior. En 1982 ascendió y nuevamente perdió la categoría en el torneo siguiente. Hubo muchos vaivenes en los inicios de la década del ’80. Puntualiza que “a fines de 1983 me fisuré el peroné. Antes los seis de arriba jugaban por el campeonato y los cuatro de abajo por no descender. Estuve en un solo partido ante Agrario y me fisuré”. 



En 1984 jugó a préstamo en Huracán y obtuvieron el campeonato. Retorno al Decano en 1985, cuando se armó un gran equipo. “Coco Stiglich como dirigente estuvo a la cabeza. El técnico desde 1983 era Bruno Zinni. Ascendimos y en 1986 fuimos campeones en Primera”. 

En la delantera estaba Gustavo Ferrario, Roberto “Toly” Andreasen y Daniel Beigbeder, proveniente de Villa. “Con Daniel nos entendimos muy rápido, sabíamos lo que hacía cada uno. Además vino Robledo de Argentino”, manifiesta. 

Daniel Salomón habla especialmente de aquellos que recuperaban y como ejemplo, cita a “Poroto Fernández, un cinco de meter y meter”. Enumera otros compañeros de esos tiempos y de campañas posteriores como “Gustavo Coronel, Juan Gutiérrez, Suhit, Arámbulo, Baiza”, entre muchos otros.

Se trató de una etapa inolvidable. En 1988, El Nacional logró el campeonato en cancha de Huracán; “ganamos 1 a 0, tuve la suerte de convertir”, sostiene. Luego, intervino en el Torneo Regional. 

En la parte final de esa década, llegaron muchos jugadores de otras ciudades y se formaron planteles muy competitivos. Daniel Salomón le da especial relevancia a Eduardo Kohli, “de lo mejor que he visto acá”. 

Expresa que “el vestuario lo tienen que manejar los jugadores del club, le podes mechar dos o tres. En 1989, El Nacional tenía la mayoría de los titulares de afuera. Hay que respetar la trayectoria que tienen, pero el técnico debe poder tomar las decisiones que crea más convenientes. Es más difícil porque compartís, con suerte, un entrenamiento en la semana”. 

En su análisis, agradece haber sido elegido por sus propios compañeros como capitán entre 1981 y 1989. En 1990, vistió los colores de Villa del Parque, el rival de barrio, y en 1991 y 1992 se sumó a Olimpo. Se retiró, por supuesto, con la camiseta de El Nacional en 1995. 



 No fue casualidad 
Una de las especialidades de Daniel Salomón eran los tiros libres. A sus condiciones, le agregó la dedicación en la semana. 

Salía temprano del trabajo, a primera hora de la tarde, y después de las cinco, durante dos horas hasta el entrenamiento, practicaba tiros libres con la ayuda de Rubén Damboriana y chicos que le alcanzaban la pelota. “Habíamos hecho una barrera, como un biombo. Utilizaba cuatro o cinco pelotas, chicos que iban a la tarde y me las alcanzaban. Hasta el entrenamiento pateaba durante dos horas”, explica. 

Solía patear “con chanfle, al primer palo. Con el paso del tiempo, los arqueros me habían tomado la mano. Empecé a pegarle tres dedos, que la pelota pasara por arriba de la cabeza del último rival ubicado en la barrera para que se meta en el palo del arquero”.

Tiene presente que “a Bartolo Flores le hice un gol así. Era un gran arquero y es un tipo bárbaro, lo tuve como compañero”. 



Entre todos 
Es uno de los nombres que integran la historia y la identidad de El Nacional. Se lo ha ganado. “Me llena de orgullo cuando escucho a la gente hablar bien de mí como jugador, pero no me gusta decirlo yo. Toda mi familia es hincha del club, mi hijo alterna en Primera y mi yerno Emanuel Caballero también juega”, dice con satisfacción. 

Deja en claro que “el Turco Salomón no sacaba campeón a El Nacional. Había otros diez jugadores dentro de la cancha que se rompían tanto el lomo como yo. Pude hacer muchos goles, pero había en el plantel grandes jugadores y personas. Jamás en la vida lo voy a olvidar”. 

El técnico que lo marcó es “el Gallego García Blanco, siempre digo que es mi papá futbolístico. El que me puso en Primera, me aconsejó”. Igualmente, ubica en un lugar importante a Bruno Zinni; “con él hemos ganado mucho, ha sabido llevarnos y formar grupos, tenemos una buena relación. Es nuestro, bien del club”. 

Reflexiones 
Describe a los años 80 como “muy buenos para el fútbol de Tres Arroyos. Con un gran nivel de jugadores. También hubo etapas anteriores excelentes. Las canchas se llenaban”. 

Los equipos solían jugar “alrededor del 10”, pero “no hay muchos armadores ahora. No sé si por los esquemas, se fue perdiendo un poco, hasta el puesto del enganche está desapareciendo”. 

Tiene palabras de reconocimiento para colegas, entre ellos menciona a Osvaldo Sosa, recordado volante creativo de Argentino Junior. “Jugó la final en Segunda que nos ganaron en cancha de El Nacional 4 a 2. Yo trabajaba con él en Treláctea, aparte de ser tío de mi esposa. Tuve muy buena relación, era talentoso”, elogia. 

Diferencia el potrero, los terrenos amplios en años de su infancia y los partidos de barrio contra barrio, de las actuales escuelitas de fútbol. Afirma que “primero hay que decir que los chicos gracias a las escuelitas no están en la calle. Muchas veces los veo limitados a lo que el profe les pide, el chico salvo casos excepcionales se ajusta a lo que le marcan. Nosotros íbamos al potrero e inventábamos, hacíamos una gambeta, lo que se nos ocurría, cada uno con su repentización”. Y reitera, de todos modos, que “es bueno que no anden en la calle”. 

A modo de conclusión, subraya que “el fútbol me dejó grandes amigos. Era un calentón, pero no tengo ningún enemigo, quedaba todo en la cancha. Gracias a Dios me encuentro con cualquier ex compañero o ex rival y nos ponemos a charlar”. 

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La familia 

Daniel Salomón formó un hogar con Nélida Tempone. Tienen cuatro hijos: Nadia, Cintia, María y Brian. Como él destaca durante la entrevista, son todos hinchas de El Nacional y Braian forma parte del plantel de Primera División. La pandemia impuso una pausa, pero cuando el fútbol se reinicie estarán en la cancha nuevamente.  



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Técnicos cautelosos 

Al evaluar el fútbol actual en Tres Arroyos, plantea que “hay técnicos que se cuidan mucho, nosotros de local o visitante íbamos al ataque. Veo a los técnicos muy tranquilos, cautelosos, no sé si por cuidar su puesto”. Admite que “El Nacional ha tenido buenos resultados con ese fútbol que está practicando, en el tema del promedio está muy bien. No es un juego que me guste pero respeto la decisión y el andamiaje de cada técnico”. Y sostiene que “ganar y jugar lindo es difícil. Se emparejó mucho la competencia en lo físico”. 

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En Argentinos, entrenando con Maradona 

Uno de los privilegios que el fútbol le dio a Daniel Salomón es haber entrenado, en más de una oportunidad, con Diego Armando Maradona. 

Cuenta que “en 1979 probé suerte en Buenos Aires, estuve dos meses en Argentinos Juniors, con Néstor Di Luca. Después cambiaron al técnico. Di Luca tomó otro rumbo, se fue a Independiente”. 



Maradona integraba el plantel de Argentinos. “Ibamos de lunes a viernes, volvíamos el fin de semana a Tres Arroyos. Un lunes a la mañana nos estábamos cambiando y llegó Diego, había jugado con la selección, volvía a entrenar al club”, señala. Argentina había logró ese año el campeonato mundial juvenil en Japón, con la selección que integraron Maradona y Ramón Díaz. 

En este sentido, Daniel Salomón agrega que “cuando El Nacional entró años más tarde en el Torneo Regional, participó un equipo de La Madrid que era dirigido por Abelardo Carabelli. “Fue el 4 de la selección en Japón y estaba en Argentinos Juniors también, cuando lo vi le fui mencionando cosas y empezó a acordarse de que fuimos compañeros. Hablamos mucho”. 

En su estadía en Buenos Aires, jugó varios amistosos con el equipo de La Paternal “ante Atlanta, Deportivo Italiano y frente a la selección que ese año fue a Toulon, Francia. Jugaron Olarticoechea, Barberón, ganamos 1 a 0, hice el gol. Yo tenía 20 años y Di Luca 24”. 

Se trató una oportunidad interesante, pero “no se dio, no había intermediarios como ahora o gente que busca jugadores en el interior”. 

Además en 1985 le propusieron radicarse en Tandil para sumarse al plantel de Independiente. “El proyecto que tenía El Nacional era muy lindo, decidí quedarme”, dice sobre los motivos que lo llevaron a dar una respuesta negativa al club tandilense.