En familia. De izquierda a derecha, Paz, Gustavo, Luz y María Nélida

La Ciudad

El reencuentro de Luz Procaccini y su familia chavense

“Me da más miedo salir acá que ir al supermercado en China”

13|09|20 09:10 hs.

Por Enrique Mendiberri 

LA VOZ DEL PUEBLO 

La chavense Luz Milagros Procaccini terminó su experiencia en China, pero el reencuentro con los suyos no fue ideal. Si bien en la faz profesional cumplió con su plan de perfeccionamiento en la cuna del Covid-19, esta joven investigadora y docente universitaria tuvo que cruzar el mundo para darle el último adiós con distanciamiento social obligatorio en Tres Arroyos a su querida abuela Nélida Iris y, ahora, se siente perseguida por un sistema que, a pesar de las restricciones, no controla los contagios. 

En el tercer contacto con LA VOZ DEL PUEBLO, la licenciada de 31 años que nos presentó al virus allá por el mes de febrero, cuando el Covid-19 era un fantasma de otras tierras y, posteriormente, tras culminar la estricta cuarentena oriental de 45 días, nos dio ánimos con los resultados chinos de aquellos días duros de soledad y encierro parcial, hoy empieza a ver con preocupación la manera en que el Estado trata de controlar lo que, en nuestro país, aparece como difícil de lograr a la luz de los resultados y, lo que ella observa como actitudes negligentes de muchas personas que no respetan los criterios básicos de cuidado. 

Mientras pasa sus días en Gonzales Chaves, donde da clases virtuales en la Facultad de Ciencias Agrarias de Balcarce, la misma universidad de la que salió Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, recuerda que el 18 de agosto a las 6 de la mañana llegó a la Argentina tras un viaje de 54 horas y casi dos días más previos para cumplir con los protocolos de sanidad chinos. La decisión de volver la había tomado el lunes 10 de agosto y, asegura, que las gestiones diplomáticas de ambos consulados facilitaron el avance de su viaje. 

“Después del fallecimiento de mi abuela, a mi papá lo llamaron una hora después para avisarle que tenía que hacer cuarentena por haber estado en Tres Arroyos, cuando las dos ciudades estaban en la misma fase. Yo lo siento como una persecución terrible”


A sabiendas de las dolencias que padecía su abuela, decidió enfrentar los desafíos que le imponían los distintos países por los que iba a pasar, incluso con el riesgo de quedar varada en cualquiera de ellos y sin la posibilidad de recuperar el pasaje. Aunque finalmente lo logró. Cuando llegó a su casa, su papá Gustavo estaba en otra dirección, su hermana Paz en una habitación sin contacto con el resto de la vivienda y su mamá María Nélida, acompañando a su abuela en un centro de salud de Tres Arroyos.

Afortunadamente, a pesar de no haber concluido los 14 días de cuarentena y, ante el deterioro que venía padeciendo su abuela Nélida, desde la Secretaría de Salud de Tres Arroyos y con la anuencia de la Policía Federal, le dieron permiso para que pueda verla con todos los recaudos sanitarios, “si bien veníamos hablando por videollamada o teléfono, cuando pude verla usé barbijos N95 (los mejor calificados de manera internacional para evitar contagios), máscara y fui llevando alcohol. Llegué a verla a dos metros. Ella estaba consciente y tranquila porque sabía que yo había llegado a la Argentina”, recordó. 

Contraste y preocupación 
Después de haber vivido la incertidumbre de los aeropuertos y ser testigo directa de lugares en los que el virus fue superado al punto tal de vivir sin barbijo en la actualidad, como Shangai, donde la libertad está atada al resurgimiento de brotes, en su Chaves natal comparte con tristeza la preocupación de sus padres y otras personas ante el temor de un colapso sanitario. 

“Acá me siento mucho más atada que en China. No sé si es Chaves o Buenos Aires, pero acá es terrible. Luego del fallecimiento de mi abuela, a mi papá lo llamaron una hora después para avisarle que tenía que hacer cuarentena por haber estado en Tres Arroyos, cuando las dos ciudades estaban en la misma fase. Yo lo siento como una persecución terrible”. 

 En materia económica, el factor raíz de todas las excusas para moverse en Argentina, durante la cuarentena estricta, los ingresos de los trabajadores chinos fueron pagados con normalidad, “pero estamos hablando de un mes y medio. No sé qué hubiera pasado en más de 100 días” 


En ese sentido, la docente e investigadora distingue la manera en que se impulsaron las medidas que finalizaron con éxito en China y las que se tratan de imponer en Argentina a fuerza de restricciones, “en China, más allá de que te preguntaban adónde ibas y te controlaban el uso de la máscara y distintas medidas, podías andar. No tenías que gestionar permisos. Vos podías andar, pero la gente era consciente de que no había que hacerlo. Entonces uno salía lo justo y necesario. Acá tienen que poner restricciones para que la gente obedezca”, dijo enfatizando en que el chino entiende la situación y asume la responsabilidad de manera seria que el argentino, “a mí nunca nadie me dijo que no podía salir o ir al supermercado (refiriéndose a la primera etapa de la cuarentena). A pesar de todas esa prohibiciones, los contagios siguen”. 

Precisamente, esa circunstancia es la que identifica en las conductas individuales que impiden el control de los contagios, “tenés los 'vivos' que quieren quedarse guardados y los 'vivos' que andan por la calle. Hoy me da más miedo salir acá, que hacerlo en China cuando iba a supermercado. Allá iba de compras y estaban todos igual. Acá vos vas y está el que se cuida y el vivo que no usa barbijo”, explicó. 

Conciencia china 
Cuando el gobierno Chino decretó la cuarentena estricta, la tarde del Año Nuevo (24 de enero), los habitantes del país asiático estuvieron 45 días sin salir y lo hicieron recién después de varios días de 0 nuevos casos diarios, “después de 10 días de escuchar que no había nuevos casos, empezamos a salir. Y el Gobierno nunca dijo que podíamos hacerlo. Acá empezaron a flexibilizar cuando todavía había incremento de casos”, comparó. 

No obstante, Luz reconoce que, “(en Argentina) la cuarentena estuvo re bien implementada en el momento que se aplicó. Pero no todo el mundo la cumplió, como sí ocurrió en China”.

En materia económica, el factor raíz de todas las excusas para moverse en Argentina, durante la cuarentena estricta, los ingresos de los trabajadores chinos fueron pagados con normalidad, “pero estamos hablando de un mes y medio. No sé qué hubiera pasado en más de 100 días”, analizó, antes de recordar que, “en el momento más complicado de la pandemia no había ni delivery, una actividad que allá se practica mucho”. 

Por estos días, el paso del tiempo, la llegada del virus a su pueblo, donde asegura que jamás pensó que llegaría, le hicieron cambiar la visión de la pandemia, “me preocupa por mi papá y mi mamá, a quienes veo temerosos por la capacidad del sistema de salud y su probable colapso, algo que yo no creía que iba a pasar, pero ahora me preocupa viendo que los casos siguen saliendo. La gente tiene miedo de ir al médico por otra cosa. Entonces el mío es agarrármelo y contagiárselo a mis papás”, concluyó.