Andrés y Delfina, junto a su pequeño hijo

Sociales

Glass Bar impuso el delivery de tragos

Una novedosa propuesta de coctelería

13|09|20 11:31 hs.

Nada los para. Delfina y Juan, su pareja, logran sacar de cada imprevisto, el impulso para acomodarse, barajar y dar de nuevo. La pandemia sacudió a todos. Y los planes que había para este 2020 tuvieron que postergarse. “Cuando vimos que iba para largo, pensamos que dependía de nosotros el laburo que pudiéramos tener. Fue proponer y hacer que funcione”. 


Dejar de lado incertidumbres, miedos y complicaciones fue la forma que ellos encontraron para poder seguir con su trabajo, que los apasiona a ambos.

Ella y el 
Andrés, bartender, de Claromecó. Delfina, maestra jardinera, de Recoleta. Se conocieron hace diez años en Montañita, Ecuador, durante unas vacaciones y hoy disfrutan los atardeceres de Claromecó mientras su hijo juega con la arena. 

En su momento formaron parte de Moravia, donde además de las cervezas artesanales, ya contaban con una amplia carta de coctelería que permitía que Andrés haga su magia. 

Después tuvieron Glass Bar, donde los tragos eran los verdaderos protagonistas. “Nos fue re bien y nos hicimos un nombre. Pero empezamos a sentir que estaba llegando a su fin el tema del bar y la noche, porque estábamos todo el día trabajando ahí, y con un nene chiquito se complicaba”, contó Delfina. 

Finalmente, el mes previo a que llegue el Covid a nuestro país, decidieron vender el local y dedicarse al servicio de coctelería para eventos. “Ya habíamos comprado las barras móviles. Y teníamos varios casamientos en marzo, pero con esto se volvió todo para atrás”. 



¿Qué hacemos, nos arriesgamos?
Los chicos tenían todo para empezar, pero la pandemia dejó fuera de los planes de todos los casamientos, cumpleaños y fiesta alguna. Aun así, ninguno se dio por vencido y solo fue cuestión de juntar fuerzas y ganas para seguir en otra dirección. Primero, comenzaron con delivery de pizza y hamburguesas, que era algo que venían haciendo desde el bar. 

Pero el “alma mater de la coctelería” como le dice ella, quería ir por más. “Andrés sabía que en algunos países hacían delivery de tragos, y empezó a investigar y encontró esta idea. Cuando juntamos la plata para comprarnos la máquina para sellar al vacío, nos miramos y dijimos ¿Qué hacemos, nos arriesgamos?”. Y acertaron con la respuesta. 




Poco a poco comenzaron a ofrecer este nuevo e ingenioso modo de vender su producto, que ya muchos conocían y que la pandemia estaba impidiendo disfrutar. “Los primeros meses fue tremendo. Llegamos a tener hasta 50 pedidos para una noche. Y teníamos que rechazar encargos porque los preparamos en el momento, entonces no llegábamos”, confesó Delfina. 

Hoy en día, no solo realizan ventas en nuestra ciudad, sino que también realizan envíos dos veces por mes a Buenos Aires, donde hay clientes que reclaman por sus productos. “Cocteleros hay muchos. Por eso hay que hacerlo desde un lugar de conocimiento e innovación. Yo creo que se pueden generar un montón de cosas. Además, buscamos hacer algo de calidad, pero que esté al alcance de todos. Porque con esto de la pandemia, hay gente que está bien parada, pero a otros les cuesta un poco más. Entonces esta bueno que cuando eligen darse un gusto, en una juntada con amigos, que puedan hacerlo”. 

En su cuenta los clientes pueden elegir los tragos que deseen y aprovechar diferentes promociones 

¿Cómo funciona? 
Primero, hay que ponerse en contacto con Glass Bar. Se puede hacer a través de su cuenta de Instagram (@glassbar_tresarroyos) o por teléfono (02983) 42-0239. 

Una vez elegida la bebida, hay tres opciones de tamaño. La botella de 300ml. La petaca de 250ml. Y la bolsita de 200ml. 

En cuanto a los medios de pago, se puede abonar en efectivo o por transferencia bancaria. Negroni, Razz Mojito, Cynar Julep, son parte de la variada carta de tragos disponibles. Dulces, intermedios, amargos, hay para todos los gustos. 

Los pedidos los reciben con anticipación hasta las 18 horas, ya que cada uno es preparado en el momento de la entrega. Además, son envasados con fecha de vencimiento, que varían entre una semana y un mes, dependiendo de los ingredientes de cada cóctel.



Finalmente, con el transcurso de los meses, el Gobierno habilitó diferentes actividades y eso permitió que Glass Bar pudiera concretar, de a poco, su servicio de coctelería para eventos. 

Delfina y Juan son otro ejemplo de que cuando las ganan están, la mitad del camino ya está realizado. Si bien eran otros los planes que tenían para estos meses, no se dejaron vencer por las circunstancias y transformaron la incertidumbre y el vacío en la posibilidad de explorar nuevos horizontes, cómo dice ella, “a prueba y error”.