Alfredo García y una colección que no termina nunca (H. Arbasetti)

Sociales

Alfredo García y un hobby que lleva más de 60 años

“A mí los autos me gustaron toda la vida”

13|09|20 13:11 hs.

Por Horacio Arbasetti


La gran mayoría de los tresarroyenses conoce, por su profesión de cardiólogo, a Alfredo García. Pero hay otros -entre los que me incluyo- para quienes la vinculación con él tiene que ver con los autos. 

Es que Alfredo o el Gallego, como le dicen otros, es desde chico fanático del automovilismo en todas sus formas y manifestaciones. Hasta tener destinados dos lugares en su casa para ello, donde se halla contenido lo que él denomina “mi hobby”.


(Horacio Arbasetti)


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Armado no solo a través de los años sino que son muchos los conocidos o amigos y pacientes que “han contribuido” con sus regalos, sabiendo de su amor por los autos. Desde chico y cómo el mismo lo cuenta, vino esta vinculación con los autos, pero además de “los de verdad”, algunos de potentes motores como las réplicas de dos Turismo Carretera, en la casona de la avenida Belgrano -donde vive con su mujer María Alicia Ureta- hay “de todo”. 

Revistas, como la colección completa de la Parabrisas Corsa desde su número 0 -editada en 1966-, las Automundo, más viejas que ésta pero en su última etapa competidoras de Corsa, las Auto Test, cientos de Mecánica Popular, hasta ejemplares y fotocopias de diarios de nuestra ciudad -como La Hora o de La Voz del Pueblo- donde se pueden ver imágenes de carreras del viejo TC que se hacían o pasaban por nuestra ciudad. 


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Todo esto guardado por año en prolijas cajas identificadas o en una gran estantería que perteneció a la distribuidora de diarios y revistas Los Porteños (ubicada en Colón casi al 600).

Pero todo no termina ahí porque en uno de “sus talleres”, el de un entrepiso de la casona, hay varios muebles íntegramente llenos con autos de colección de la reconocida marca argentina Bubby “porque para los Matchbox no me daba, eran muy caros” cuenta; otros de la afamada Bburago, modelos de Revell, Tamiya, AMT, entre otras marcas de die cast y hasta una gran pista de Scalextric. En ese “templo” Alfredo García recibió a La Voz del Pueblo para contar esta historia de fanatismo con los autos. 

El taller de Granero y los TC 
Cuenta Alfredo que “iba al colegio primario a la Escuela Nº 1, a la mañana, venía, comía, hacía los deberes, mi mamá me los controlaba y ahí me daba permiso para ir a Mitre 75, -en la manzana de mi casa- al taller del Negro Granero hasta la nochecita que me iba a buscar. Entonces yo me crié en el taller del Negro, terminaba el colegio y me iba para el taller hasta los fines de semana. A los 14, 15 años -era otra época- Granero me decía ‘Alfredito ¿por qué no te vas a buscar un repuesto?’ y yo chocho, imagínate agarraba un Fiat 1500 65’ gris que tenía el Negro y salía… nunca lo choqué, iba a hacer el mandadito y volvía. Me lo pasaba en el taller”. 


La colección de Parabrisas Corsa arranca desde esta, la Nº 0 del 19 de abril de 1966. Abajo, los dos modelos realizados por Alfredo, una cupecita TC del 40 y un Mar y Sierras para la pista Scalextric hecho “con placas de radiografía”


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Cuando venía la época de las carreras del TC; “nos recorríamos lo de Novales, lo de Guillamón, porque venían los coches. En una carrera que era la Vuelta de Necochea creo y papá no podía llevarme, yo escuchaba el ruido de los coches y lloraba… Imaginate por Belgrano, a seis cuadras de la ruta. A mí los autos me gustaron toda la vida. A veces pienso: pucha, que lástima que no fui al Colegio Industrial para aprender mecánica, por ejemplo…”. 

Es más que evidente su afición y pasión por los autos pero cuando le preguntamos si en vez de haber ido al Nacional hubiese ido al Industrial responde que igualmente “no me hubiese cambiado la carrera. Yo siempre tuve claro que quería ser médico, yo vi siempre el automovilismo en general como un hobby. A mi me gustó siempre ser médico y hoy, a pesar de que llevo tantos años, la prioridad sigue siendo la Medicina”. 

Este lugar, que es un verdadero santuario y museo de montones de cosas que muestran de diferentes maneras al automovilismo, para Alfredo es un lugar de esparcimiento. “Imaginate que acá subí porque viniste vos, lo mismo pasa con el galpón donde tengo los autos, sacando sábados y domingos ni voy, ni tengo tiempo de ir. Al automovilismo lo tomo como un hobby…”. 


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Al punto tal que su inquietud de haber podido ir a un colegio técnico era por la simple cuestión de saber algo más de mecánica; “aunque algunas cositas hago. Sacar, poner, desarmar un auto… no hay problemas. Pero siempre como cuestión de hobby, no como medio de vida”. 

Siempre médico
El vínculo con los autos y las carreras del TC en la década del 80’ lo llevó a estar muy en contacto con la gente de la ciudad que corría pero “una sola vez pude ir a una carrera, en noviembre del 90’. Porque cuando vine a Tres Arroyos era médico las 24 horas del día”.

Marcando una vez más su compromiso con la medicina. La vida de Alfredo García está muy marcada por su profesión, pues a los autos, el automodelismo u otra de sus distracciones le dedica sólo los fines de semana; “a veces paso un ratito por un taller, pero son sólo minutos”.

Con el hobby tiene muchas anécdotas pero hay una que recuerda y es que siempre el médico está por sobre todo. “Ahora tengo cajas de guantes de látex para trabajar. Porque en una oportunidad estaba trabajando acá en mis cosas y me llaman desde el Hospital. Era para hacer una evaluación pre quirúrgica, no una urgencia… Y cuando voy a tomar el estetoscopio tenía las uñas negras… nunca más, pero bueno es así”, dice Alfredo entre risas. 

Compartir siempre 
Son muchas las historias que cuenta y las vividas por él y su pasión por los autos de las diferentes maneras. En tiempo de invierno “el taller” lo traslada a la planta baja de la casa. “Ahí tenemos una mesa grande -cuenta Alfredo- y María se pone en una punta y yo en la otra, ella con sus manualidades y yo con los autos. En un mueble tengo las pinturitas, pinceles, de todo, porque cuando me vengo acá arriba capaz que me paso dos o tres horas hasta que María me llama, ‘Alfre, a comer’. Yo me olvido del tiempo cuando estoy acá arriba”.


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Son tantos años de práctica del armado de modelos que muchas veces su hijo se asombra de lo rápido que los termina; “ese Ford 40’ lo armé en un mes, bueno en cuatro días de trabajo”. 

Todo durante los fines de semana o en los ratos libres; “ahora es diferente cuando tienen suspensiones, tenés que armar los elásticos, el diferencial, los tensores. Pero hay algunos en los que ya viene el chasis, le ponés los amortiguadores, armás el eje y ya está”. 


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Cuenta mientras muestra innumerable cantidad de modelos que ya están “en vidriera” para admirar. En este altillo está el mundo de Alfredo, en él se juntan su pasión, su infancia, el recuerdo de sus viejos, porque muchos de los objetos que hay allí eran de ellos. Todo acá está clasificado y como en el caso de las revistas hay cajas por meses y años. Porque cuando no tenía este lugar, todo estaba guardado en cajas pero por la cantidad, “yo siempre alquilé un galpón” cuenta. 

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Los autos “reales”, antiguos y de competición
En el galpón-taller del fondo de su casa hay varios Volkswagen, algunos Ford -modelos Falcon, T y A- y hasta el casco de un Citroën Xsara con el que se accidentara Marcelo González, “me lo regaló” cuenta Alfredo. Además de cientos de elementos, repuestos y herramientas de todas las marcas


Por la pandemia, hasta los autos están enfundados


Su pasión por los autos de colección lo ha llevado a reunir veinte, “en la línea Ford tengo un Ford T 27’ tipo una Arañita como la del Flaco Santagiuliana; un Ford A 31’ dos puertas; la Baquette 30’ que la estamos terminando, la coupé Ford 40’ que está en el Museo de Quilmes. Después tengo un Falcon 66’ con el que estoy haciendo un TC; el Falcon Ghia mío y el Falcon 71’ que es el TC. Después tengo dos camionetas International 34’; una coupé Fiat 1500 sin restaurar; el Fiat 1500 verde; un Fiat 1600; el Alfa Romeo 93, la coupé Mercedes 81’. De los Volkswagen tengo seis Escarabajos, el Furgón, la coupé Karmann Ghia y la 1600T”. 


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En un gran garaje, detrás de su casa está el “otro” taller, pero este es de verdad porque entrar a este mundo no es el de los modelos; es el real. Allí, prolijamente enfundados “porque como los humanos, están en pandemia”, hay varios coches armados, otros para restaurar, otros pedazos de autos y hasta el último Citroën Xsara con que corriera Marcelo González y se accidentara. 

Está así, “arrugadito, pero cuando pueda lo hago ‘estirar’ le pongo motor, tengo todo, las butacas y lo salgo a andar”. Demostrando que su pasión y las ganas marcan que Alfredo García y los autos son casi una sola cosa porque él siempre se va a hacer un momento para mejorarlos. 

El TC y la Medicina 
En un lugar central hay un Falcon 66 con el que va a armar un Turismo Carretera, le ha puesto la tapa de baúl, recortado las puertas, pelado todo el interior liberándolo del Protex que cubría el piso. Todo eso durante los fines de semana, porque además ya se contactó con los Boero para que le hagan la trompa. Y nos explica prolijamente todos los trabajos que ya lleva en la remodelación del Falcon. 

En Claromecó, es recordado haberlo visto con un Volkswagen Baja California; “que lo vendí a los García por la casa. Ahora tengo otro que conseguí modelo 51’ que estoy haciendo pero para disfrutarlo en octubre o noviembre cuando hay poca gente en Claromecó”.

Su vida hoy transcurre entre la Medicina, los congresos de cardiología “aprovechando a veces a ir a Autoclásica con mi hijo, con mi mujer si hay alguna cosa que le interesa a ella” y los ratos libres que le dedica al hobby de los autos. 


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El automovilismo deportivo tiene lo suyo por las carreras de regularidad “que corremos con María, con el grupo de los Turismo Carretera viejos que vamos a los circuitos. Una vez al mes o mes y medio vamos a Dolores, Olavarría, 9 de Julio, Arrecifes, hemos ido al Autódromo de Buenos Aires. Cargamos los autos en un trailer, llegamos el sábado, el domingo giramos al mediodía y después volvemos para acá”. 

El Volkswagen 
El VW, más precisamente el Escarabajo es el auto que ha estado presente, desde sus 6 años, siempre en la vida de Alfredo García. Porque “cuando mi viejo compra el primero es en el 58’ cuando yo tenía seis años. En el 75’ cuando me recibo me regala un Volkswagen, el último que tuvo papá fue en el 76’ y el muere dos años después. Ese se lo vendí a Juan Pablo Tellman y me compré otro; yo hace sesenta y dos años que ando en Volkswagen Escarabajo”. Explicar por qué tiene o ha armado tantos estaría demás. 

El Fiat 1500
Otra de las marcas que lleva en su corazoncito son los Fiat, más precisamente los 1500. Ya que el padre de Alfredo tenía uno… y verde.


Una muestra de su fidelidad al Fiat 1500 es cuando le pedimos alguna foto elige ésta, “porque viene un Peugeot 404 atrás”


Cuando le preguntamos qué tanto hay del auto que hoy tiene y con el que ha corrido tanto en regularidad como en los diez Gran Premio Histórico del ACA, Alfredo cuenta que “no es el auto completo del Viejo pero tiene muchas partes de ese. Yo te cuento cómo es, mi viejo lo compra nuevo el 11 de julio de 1967, después se lo vende al Gallego Blanco en el 70’ y este a su yerno. En el 96/97’ consigo otro Fiat verde y me lo pongo a restaurar; a su vez compro el auto que era de papá, le saco muchas de las cosas que tenía para ponerle al otro Fiat. Este auto que tengo tiene el volante, los apoyabrazos, hasta la insignia, todo lo más que pude sacar de las cosas del Fiat de papá lo hice y ese auto lo mandé a desguace, porque mi viejo ya no existía. A este auto le puse la jaula antivuelco y el volante, que me lo regaló Angelito Di Nezio, hasta tengo guardadas las llantas del auto que él corría”. 

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María Alicia, la mejor “acompañante”
Así define la relación entre ambos resaltando que son tantas las buenas cosas que Alfredo García tiene lo que tiene “porque me gusta y por la señora que tengo, que me acompaña”


Juntos han vivido y corrido diez Gran Premio Históricos y les fue “espectacular” sostienen María Alicia Ureta y Alfredo García


Alfredo sostiene que tiene lo que tiene “porque me gusta y por la señora que tengo, que me acompaña y no me pone límites cuando quiero comprar algo. Viste que hay gente que te dice ‘a mi me gustaría comprarme tal cosa pero mi señora…’. No, María no lo dijo nunca; pero te cuento una cosa, a ella no le gusta pero me acompaña y con buena cara. Por ejemplo las carreras de regularidad, las corro con María porque me acompaña y si yo consigo otro no hay problema… Ahora, en lo social, sí está siempre prendida”. 

Al punto tal es su buena acompañante que ya llevan diez grandes premios de autos históricos corridos juntos y les fue “espectacular”.

Tantas son las cosas que por este hobby ha ido juntando que este entrepiso se convirtió en el lugar ideal. Allí -sobre la pista de Scalextric- hay montones de carrocerías que están en período de pintado. 


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Pero no termina allí sino que en un mueble hay “de todo”: carrocerías, repuestos, motores, “hasta ésta carrocería que era de la pista que Hugo ‘Torcocho’ Cortés tenía en Claromecó”. Reconoce que los autos le gustan de sus más diversas formas: modelos, juguetes, revistas, fotos. Al punto tal que hasta hay montones en mazapán porque “qué puede tener en el centro mi torta de cumpleaños” dice Alfredo riendo. 

La pandemia sirve
Cuando comenzó la pandemia y las restricciones eran más que estrictas, ese tiempo a Alfredo García le sirvió para acomodar muchas de sus cosas de su hobby, “el automovilismo” en sus diferentes formas. “Yo vengo acá arriba, me pongo la música -dice y muestra un buen equipo de audio- y acá tengo de todo para entretenerme. Hasta le estoy armando un auto para mi nieto, que ahora cumple 6 años, con una relación especial para que él lo pueda andar en la pista. Otra de las cosas que hice son estos Mar y Sierras, con placas de radiografías, no son perfectos pero las imitaciones resultan bastante fieles”.


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Su hobby es tan fuerte y la familia lo tiene tan registrado que hasta el regalo de cumpleaños de este año “es una heladera en la que entran veinticuatro botellas de cerveza -dice entre risas-. Ese fue el regalo de cumpleaños que me hizo María. Es muy buena compañera, mirá, estamos grandes, laburamos los dos juntos y hay veces en que un sábado me voy a dar vueltas al autódromo y ella se queda acá hasta el domingo, ningún problema”. 

Pequeños secretos 
Entre todas las cosas que hay en ese verdadero muestrario de autos tiene modelos que para armarlos son tantas las piezas que “hasta el carburador tenés que armar, la correa con el ventilador, el radiador con sus mangueras, las suspensiones... Después de eso hay que pintarlos todos, tanto dentro como fuera, hasta los tableros, todo esto viene de color gris pero después hay que darles color. Desde ya que viene todo con el modelo, mirá este Corvette 62’, es la maqueta que estoy haciendo ahora. Tengo una lupa y pinto pieza por pieza para después armarlos”. 

Otra de las grandes virtudes es que como el mismo Alfredo cuenta, desde chico no rompía nada. Hay autos que los tiene desde los 9 ó 10 años; “por ahí le falta alguna cosa pero están enteros. Mirá, yo tenía 8 años cuando mi viejo me regaló este Volskwagen, que le perdí las tacitas como un b…”, cuenta y muestra con orgullo el modelo.

Su fanatismo por los autos llega tan lejos que recortaba fotos de los autos, se dibujaba una pista y con dados jugaba a las carreras, “en el verano cuando me hacían dormir la siesta obligado. Esos autitos en alguna de las cajas que hay por acá los tengo guardados”. 

La galería de fotos completa de una nota para el recuerdo (Texto y fotos Horacio Arbasetti)