Enzo Roberto Petrini fue el “maestro de ceremonias” en la visita escolar de 1965

La Ciudad

Por Mario Pola

Testigo de la historia de nuestra patria chica

14|09|20 10:20 hs.

Si con alguna frase podría describir a La Voz del Pueblo es que es el principal testigo de la historia de nuestra patria chica. 


La política, el deporte, las cuestiones sociales, la vida misma de nuestra ciudad siempre estuvo reflejada en las páginas de este verdadero órgano de difusión que, vale decirlo sin falsa modestia, llenó de orgullo a los tresarroyenses que comprobábamos cómo “nuestro diario” se mantuvo siempre a la vanguardia de los adelantos tecnológicos, al mismo nivel que los principales medios escritos del país. Sin dudas, el paso por La Voz del Pueblo de los hermanos Antonio y Alberto Maciel fue importantísimo para el posicionamiento privilegiado que hoy mantiene, y que es continuado por la actual directora, la que ha demostrado, pese a los grandes cambios que se han producido en las comunicaciones que han revolucionado el método de llegada hacia nosotros, los lectores, que ha aprendido mucho de sus mayores. 

Y por qué no decirlo, el orgullo de que por él pasaron y pasan excepcionales periodistas que privilegian la actividad con la necesaria rigurosidad e independencia que ella requiere. 

Tengo un vivo recuerdo de mi primera visita al diario, en el año 1965 cuando fuimos invitados los alumnos de quinto grado de mi Escuela Nº 16 por iniciativa de esa extraordinaria maestra que fue Susana Mesa. Como era habitual en ella, nos recomendaba que la visita no fuese solamente un paseo, sino que se aprovechara para saber cómo era la actividad, desde producida la noticia hasta la puesta en papel, en aquellos tiempos con sistemas que nada tienen que ver con los actuales, sin Internet, sin procesadores de texto, sin sistemas de impresión off set... Recuerdo muy bien el “repiqueteo” de las viejas Olivetti Lexicon 80 que aquellos grandes periodistas, muchas veces con solamente un dedo de cada mano, castigaban las teclas sin piedad. 

Un señor Petrini, que conocía el diario como su propia casa, fue el “maestro de ceremonias” explicándonos todos los procesos y aún con mucha emoción recuerdo su comentario ante mis constantes preguntas: “este pibe va a ser periodista, porque no solamente pregunta sino que incisivamente también re pregunta”. Tiempo después, sus autoridades fueron siempre muy atentos al permitir despuntar el “vicio” de expresar mis ideas, “vicio” que espero poder seguir haciéndolo.

¡118 felices y fructíferos años, diario de mi ciudad!

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