Sociales

El rincón de Andrés Errea

El Parque Miedan

19|09|20 23:47 hs.

En las grandes ciudades, los parques, las plazas y el arbolado urbano, cumplen con la función de purificar su contaminada atmósfera. Sin alardear de que somos un ejemplo en la provincia, podemos decir que, gracias a Dios, no tenemos niveles de polución que comprometan nuestra salud; ayudan a este propósito su emplazamiento en una llanura que permite la libre circulación de los vientos (aunque nos quejemos de ello), el no ser una ciudad excesivamente poblada, también su diseño y además contar en su interior con plazas y en su periferia, con dos parques. 




Hoy nos ocuparemos de uno, el más pequeño, el Parque Miedan. Superando la primera circunvalación de la planta urbana, en este caso la ruta 228 y circulando por la calle Roca, a mano izquierda, se encuentra este hermoso paseo. Su ubicación junto a la margen derecha del Arroyo del Medio, agrega valor al paisaje y permite apreciar desde abajo al Puente Roca, cuyo diseño de comienzos del Siglo XX, fue conservado a pesar de su ampliación. 



La razón del nombre de este parque hay que buscarla en su gestor, don Amadeo Miedan, quien llegó a Tres Arroyos en la década del ’30. Su amor por la naturaleza lo llevó a concretar un ambicioso proyecto en colaboración con el ingeniero Meister, aquel a quien se debe además, el diseño del Parque Cabañas y de la Plaza San Martín (en su plano original, por supuesto). Plantas exóticas de distintas partes del mundo incluyendo un alcornoque y varias especies de animales, armaron un pequeño zoológico. Una noria proveía de riego artificial y hasta alimentaba un pequeño lago, cubierto en parte, por vegetación acuática y en el que nadaban libremente cisnes. 



Además de las casas de los propietarios y del encargado de mantenimiento, el señor Cayetano Genovesi, cuyo trabajo era impecable (según un miembro de la familia Miedan), la decoración del parque era exquisita; comenzando por un portón de madera como entrada principal, una fuente ornamental, esculturas, macetones y glorietas, hicieron de este sitio un pequeño paraíso para disfrutar al aire libre. Fue inaugurado el 6 de enero de 1934 (siempre recordado como el año del Cincuentenario de Tres Arroyos). 



Después de luchar contra dos grandes inundaciones, (que no fueron ni las del ’80 ni las del ’90), el dueño se mudó al interior de la planta urbana y sólo quedó el encargado. Cuando él se retiró y aquello pasó a otras manos, allí ganó el abandono. La naturaleza destrozó en parte, pero fue el hombre con nombre y apellido el que depredó. Solo quedan los árboles, el arroyo, un sector de la glorieta y la nostalgia de haber perdido otra joya de la ciudad.