B.Juarez

Benito Juárez

Productores de valor agregado

20|09|20 22:30 hs.

La incorporación de Constanza y de Juan Tomás a la empresa en los últimos años es otra etapa de la evolución de la firma que comandan los hermanos Juan -padre de ella- y Miguel Camio -papá de él-. “Esto es una emprendimiento familiar, y ya hemos sumado la nueva generación. Dos de nuestros hijos están participando, es una buena noticia para nosotros”, cuenta Juan con satisfacción. La llegada y el ensamble de la tercera generación es un desafío más para Camio S.A. firma que si hay algo a lo que está acostumbrada es a los desafíos. 


Juan es ingeniero agrónomo y Miguel, veterinario. Los hermanos se hicieron cargo de la empresa familiar allá por el lejano 1987, cuando al frente estaba su padre y contaba con un solo empleado. Hoy los hermanos tienen un plantel de 35 personas en relación de dependencia y otros colaboradores que se desempeñan tiempo parcial, y entre todos le dan vida a una firma que es un modelo de diversificación y valor agregado. 

Campo propio y arrendando, agricultura de precisión, ganadería pastoril, feed lot para la exportación, un criadero semi intensivo de cerdos, una planta de alimentos balanceados, camiones propios para trasladar todo lo que producen… Los Camio son un gran ejemplo de gestión e innovación, son la prueba viviente que de las crisis surgen las mejores oportunidades. 

 El inicio 
Cuando tomaron el desafío de comenzar a administrar el campo familiar de 690 hectáreas, se dedicaban a la producción de terneros y de granos. El primer reflejo fue el crecimiento horizontal y empezaron a sumar superficie en arrendamiento hasta superar las 3000 hectáreas, las que trabajaban con maquinarias propias, cuya incorporación había sido otra de las medidas para apuntalar el crecimiento. Y a la par habían crecido en ganadería. 

Pero así y todo no les daba el cuero para competir con los pooles de siembra. De modo que entendieron que era momento de cambiar de esquema productivo o quedaban afuera del juego. 

“La situación venía muy complicada, porque los números de la ganadería no nos estaban cerrando. Teníamos un sistema en el que el 70% de la cría se hacía sobre campos alquilados, pero en ese tiempo, además de que los precios eran malos, los arrendamientos venían subiendo en kilos de carne”, recuerda Juan, que junto a su hermano hizo la secundaria en la Escuela Granja de Tandil. 

A partir de lo asfixiante de la situación, para poder seguir en el sistema repensaron el planteo junto a su asesor CREA, Estanislao Quiroga. Así, la familia Camio apuntó a una mayor intensificación de la producción ganadera. “El objetivo fue aumentar la carga para lograr mayor producción de carne y de esta manera hacer frente a los arrendamientos”, indica. 

A esa altura ya tenían consolidado el canal comercial de su producción ganadera, porque que eran los únicos proveedores del supermercado Acuario de Benito Juárez (ver recuadro). Eso era un síntoma también que tenían capacidad para tomar buenas decisiones tranqueras afuera. Entonces no fue tan traumático dar otro paso más para fortalecer la empresa y seguir creciendo. 

En 2006 adquirieron una vieja planta de silos y un año después comenzaron a fabricar alimento balanceado y concentrados proteicos para su rodeo y también para clientes de la región. 



 Explosión 
“La incorporación de la planta de balanceado fue explosiva en nuestro negocio porque transformó a toda la empresa. La venta del balanceado pasó en muy pocos años a representar casi la mitad de la facturación total”, cuenta el agrónomo. 

“La idea fue darle mayor valor agregado a lo que generamos en la producción primaria de granos. Tratamos que esta inversión tuviera que ver con el cambio tecnológico que se estaba dando en la ganadería y en nuestro propio establecimiento”, agrega. 

Esto tiene que ver con que lo mismo que les ocurrió a los Camio, les sucedió a la mayoría de los productores de la zona. “Desde hace unos cuantos años teníamos una ganadería exclusivamente pastoril, pero en un momento nos dimos cuenta que con ese sistema se hacía difícil sobrevivir con el costo de los arrendamientos”, analiza. 

Y la planta empujó a que decidieran incursionar en la cría de cerdos: hoy bajo un sistema semi-intensivo de 60 madres producen capones que vuelcan a la venta en el mismo supermercado que la carne vacuna. 

La última unidad de negocios que incorporaron los Camio fue un feed lot en el que producen carne para la cuota 481 para la Comunidad Económica Europea. Una propuesta que fue ganando terreno dentro del esquema ganadero de la empresa y hasta la aparición del Covid el 90% de la carne producida ha ido a exportación. 

“Son animales que tienen una terminación a corral, a diferencia de la Cuota Hilton que tiene que ser a pasto. Pero esta cuota en los últimos años ha tenido un precio superior a la Hilton”, explica el ingeniero. El año venía complicado por la pandemia en la demanda de la cuota 481, pero hace un par de semanas volvieron a habilitarse los cupos y los Camio ya están cargando otra vez. 

“En lo productivo es una buena combinación porque es un animal pesado que tiene más de 100 días de corral y te permite manifestar todo lo que genera la genética. Podés hacer unas recrías largas, y son animales que salen con prácticamente 500 kilos. Entonces aumenta la facturación, porque estás pudiendo vender muchísima más carne con la misma cantidad de animales”. 

 Genética 
“Tenemos un rodeo Angus, básicamente colorados y algo de negros, de alrededor de 2000 vientres. Realizamos una ganadería intensiva de cría, recría y terminación a corral, con el uso de verdeos, pasturas, silajes y corral de encierre. Desde hace 20 años todos los vientres son inseminados en tiempo fijo con repaso de toros de 60 días para las vacas y 45 días para las vaquillonas”. 

En otra diversificación del negocio ganadero, durante tres años los Camio realizaron remates de vientres, iniciativa que debieron discontinuar en 2019 “por la complejidad económica del país”. 

“No tenemos una cabaña, pero hicimos las ventas de la genética que venimos trabajando y da muy buenos resultados. Es una manera de transferir la genética lograda”, cuenta. “Tenemos una vaca de tamaño moderado, un animal plástico, que se adapta a distintas situaciones y que se engorda rápido”, describe el ingeniero. 

Los hermanos, que son fundadores del grupo CREA Benito Juárez, la ganadería la producen en parte de campo propio y en otros alquilados en el mismo partido juarense y en la zona de Tapalqué. 

 Granos: insumos 
En lo que es agricultura, las siembras las realizan en campos de Benito Juárez, Chillar y Tandil. “Está pensada para volcarla a la ganadería propia y como insumo de la fábrica de alimento balanceado. Hacemos mucho maíz, cebada -que hay años la destinamos para la fábrica de balanceados y otros a la exportación-, trigo, que se lo vendemos al molino y nos devuelve afrechillo; soja, que se la entregamos a la fábrica de aceite y nos devuelve harina de soja o expeler de girasol”, comenta. 

“Trabajamos con equipos propios de siembra, pulverizaciones y cosecha y realizamos una agricultura en siembra directa y por ambientes, rotando con las superficies ganaderas destinadas a la recría”, agrega. 

“Hoy casi no vendemos granos que cobremos en plata. O los incluimos en la producción del alimento balanceado o lo entregamos y retiramos los insumos para la planta”, redondea Juan. 

 Un verdadero círculo virtuoso logrado por la empresa que durante el año 2016 amplió su planta con una inversión superior al millón de dólares para duplicar la producción, que distribuye con camiones propios en una amplia región de la provincia de Buenos Aires. La novedad es que en dos meses inaugurará un laboratorio en la fábrica para para realizar todos los análisis de materia prima y de productos terminados. “Buscamos estandarizar los análisis y un sistema para monitorear carga a carga la calidad. Porque nuestro desafío es siempre trabajar con muy buena calidad”, explica.

 Los Corrales es la marca del balanceado que producen y cuentan con un abanico muy grande de clientes. “Los alimentos, concentrados proteicos y núcleos pelleteados los entregamos en forma de pellet, a granel o en bolsas con nuestros propios camiones", comenta. 

“En los últimos años ha crecido mucho la venta de los concentrados proteicos, que es el que usa el productor que tiene sus granos. Entonces lo que hace es elaborar su propio alimento balanceado”, agrega. 

Los principales clientes son tambos de la cuenca mar y sierras y ganaderos de la región que abarca unos 300 kilómetros alrededor de Benito Juárez. 

 Conocimiento 
Pero el valor agregado para los Camio también pasa por el conocimiento adquirido y que pueden volcarle al medio. “Hoy nosotros también lo que hacemos es vender ese conocimiento, y lo hacemos en forma de asesoramiento a nuestros clientes. Se trata de un punto fuerte, porque como también somos productores y técnicos, nos hemos focalizado en ese servicio, en todo lo relacionado con la alimentación animal”, explicó. 

“En la planta hemos buscado diferenciarnos por calidad y servicio. Tratamos de saber cómo es el sistema de alimentación antes de vender un producto, asesoramos a campo, tenemos un destacado nutricionista que hace las dietas, además de trabajar con productos de muy buena calidad”, agregó. 

Juan dice que tienen varios proyectos en carpeta, aunque prefiere no dar mayores detalles. De lo que no hay duda que se trataran de ideas apuntadas a agregar valor. “Porque entendemos que ese es el camino”, aclara el agrónomo como si hiciera falta. 

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Los Camio faenan entre 60 y 80 animales por mes para abastecer al supermercado juarense Acuario


Del campo al supermercado 

Hace 26 años que los hermanos Camio le venden carne al supermercado Acuario de Benito Juárez con la marca “A puro campo”, y hace nueve años también lo proveen de cerdo, a partir de la producción de su criadero (“A puro campo cerdos”). A esta apuesta llegaron luego de vender las vacas de su establecimiento en distintas carnicerías locales, hasta que entendieron que podían poner todos los esfuerzos en el desarrollo de un sistema de crianza, que les permitiera garantizar la llegada al mostrador con un producto diferenciado y que mantuviera en forma constante su terneza, sabor y color. 

En 1994 Juan advirtió que el supermercado Acuario, propiedad de un vecino juarense, tenía un punto débil: “Vimos que podía lograr un precio conveniente en materia de carnes, pero no garantizar igual calidad en forma continua”, analizó. 

Entonces le propusieron convertirse en los únicos abastecedores de carnes. La propuesta dio resultado y han logrado una relación donde ambas partes se benefician con las ventajas que otorga el sistema. “Nosotros mantenemos la misma calidad durante todo el año. El consumidor sabe que la calidad y el origen siempre son los mismos. Y eso es lo que hace un producto distinto, ya que con la carne las familias quieren tener la seguridad de que siempre sea igual”, aseguró.

 Uno de los secretos de este posicionamiento, afirmó Juan, es el control exhaustivo sobre la producción, que luego pasará a la góndola. Por este motivo, vigilan con especial celo el proceso que sigue el animal desde el nacimiento hasta la faena, para evitar que se estrese, lo que impacta negativamente en la calidad de la carne. 

“Comenzamos con la faena de 15 animales entregados con carrito o con camión. Aprendimos que la distribución no era un tema menor sino todo un desafío logístico. Pero lográbamos entregar muy buena mercadería terminada a pasto, a pesar de que significaba un gran esfuerzo. No era fácil cumplir con el abastecimiento semanal con las condiciones tan cambiantes de la producción forrajera. Así que en los últimos años implementamos un corral para la terminación a grano y conseguimos una calidad constante. Llegamos a faenar hasta 100 animales por mes para la carnicería, ahora nos estabilizamos en los 60 a 80 animales”, afirmó. 

Para diluir los riesgos, no venden a la carnicería el total de la producción. La mitad de la carne se comercializa a dos frigoríficos ubicados en Tandil y en Gonzales Chaves. 

Como mensaje, dijo que los productores ganaderos deberían “explorar más la parte comercial. Insisto en el tema de vender carne y no kilos vivos; en tratar de diferenciar de alguna manera nuestra producción, ya que es una forma de darle valor agregado. Estoy seguro que con una mejora en la comercialización podemos incrementar hasta un 10% el resultado económico”.