Opinión

Por Oscar Cipulli

Las armas contra el Covid

21|09|20 19:06 hs.

En este paso terrenal de todo ser humano y en el proceso natural de la vida, los distintos segmentos etáreos estamos obligados a recrear una convivencia no solo pacífica sino también con una gran dosis de civilidad, cualquiera sea la edad que tengamos, a todos nos toca hoy vivir una impensada pandemia, a todos en suma nos afecta gravemente por igual, desde los 15 años a los cincuenta y ni que mencionar de 50 para arriba, a quienes nos resulta aún más complicado. Pero ello no obsta para que los cuidados sean fundamentales en todos los casos.


Esta grave pandemia que jamás nadie habría pensado y que azota hasta el más recóndito lugar del mundo, con 30 millones de afectados , de todas las edades y algo más de 900.000 fallecidos, en su mayoría personas de alta edad, refleja una muy preocupante realidad que en muchísimos casos se pretende desconocer. 

La desorientación que origina este virus (¿invento chino?) deja al descubierto la debilidad del ser humano, pero no es mi objetivo analizar situaciones para las que no estoy capacitado. 

Lo que creo es que si tengo lugar, para opinar sobre el comportamiento civil de la población o también llamada responsabilidad civil. 

Como pertenezco al segmento de riesgo, me propuse desde el primer día obrar con la única vacuna, como se dice, que es la de quedarse en casa el máximo tiempo posible, tratando de desarrollar algunas tareas desde allí, realizando muy cortas salidas y algunas caminatas diarias, sin desconocer que existe la inevitable situación de desarrollar actividad económica, pero con extremo cuidado. 

Precisamente durante esas pocas salidas, esas caminatas y alguna actividad comercial que desarrollo es cuando se puede observar la total falta de educación civil, sobre todo en una gran porción de la gente de unos 60 años bajando hasta los más jóvenes, quienes desoyen totalmente la recomendaciones sanitarias, sin barbijos un montón, otros con barbijos colgados en el cuello, otros solamente tapando la boca y no su nariz, es de pensar que no saben o absurdamente se hacen los distraídos, no se informan o no les interesa la vida del otro, del otro que pueden ser sus padres, sus abuelos o simplemente sus vecinos. 

No somos alemanes, ni suizos, ni suecos para organizarnos, por el contrario estamos plagados de “viveza criolla” que tanto mal nos ha hecho, si hay controles por allí, tratemos de hacer trampa y transgredir la norma, si estuvimos en contacto con Covid, no digamos nada, apenas es una gripe, cuestión que contagia y ahí produce aún un mal mayor; la persona que efectivamente enferma por contagio de un desprevenido, quizás asintomático, irá primero que nada a complicarle la vida a los médicos, al personal de sanidad, a los que están luchando contra un enemigo que no pueden ver, este recurso humano de la salud también se necesita para atender otras patologías. 

Un verdadero mal ejemplo son las reuniones sociales, fuente y origen de los mayores brotes en la actualidad, reuniones que por estos días se solicita no realizar por parte del gobierno nacional, provincial y municipal y que creo deben cumplirse a rajatabla, sepamos e informémonos de la gravedad de la pandemia y no hagamos dichos encuentros, no le hace mal a nadie no hacerlos y si bien a muchos. 

Estamos en Primavera, sobre todos la gente joven debe agilizar su responsabilidad y tener intensos cuidados, a sus cortas edades tendrán muchas primaveras para vivir, en cambio su irresponsabilidad podrá cortar sin duda la vida a aquellos que les queda pocas primaveras por delante. Despojemosnos del egoísmo, de la soberbia, de la desinformación, de la falta de voluntad para situarse en el lugar del otro, dejemos la necedad de lado. 

Claro que es necesario distraerse, claro que es necesario que los niños tengan sus salidas. pero por favor se necesita gran conciencia civil para ello y no amontonarse en parques, plazas, compartir mate, dejar las reuniones sociales para cuando nos llegue el momento adecuado. 

No es tanto el daño del alejamiento social como el daño de perder vidas, al fin y al cabo cuando todo esto termine habrá tiempo de recuperar plenamente la sociabilidad de todas las edades (pululan los psicólogos por todas partes, para ñiños y adultos, por si hacen falta) 

 Está hasta hoy demostrado que es imposible desafiar a este virus enemigo sin conducta social, ello es desafiar a la sociedad, a las precauciones sanitarias, a lo que el bicho chino nos impone con absoluto rigor. Claro, estos innecesarios desafíos son los que complican la vida a los mayores, pues simplemente caer con una “gripe”, al primero que se confunde es al médico, mejor ni pensar que resulten positivos, se jode la vida a la familia cualquiera sea la edad de sus componentes, y como ya dije a todo el personal de sanidad y hasta pueden provocar, tal como sucede, un gran brote, siempre caerán los mayores, pero en muchos casos no importan los mayores, como si fueran material de descarte. 

Realmente la actitud civil deja mucho que desear desde el punto de vista social, es ahí donde la llamada “grieta” tiene asiento, ni que pensar que ésta grieta para mal de muchos se encuentra alimentada por el accionar de nuestros gestores políticos a través de unos escabrosos 70 años transcurridos, que cada vez se profundiza más, con encumbrados actores dirigenciales que no reconocen dicha civilidad, con ideologías sostenidas con alfileres, que cambian cuando se trata de engordar bolsillos. 

En nuestra ciudad de Tres Arroyos hasta no hace muchos días atrás parecía que Dios le estaba ganando la partida al demonio, no teníamos casos de Covid, pero no, hoy ya tenemos una muy preocupante circulación y una despreocupada atención. No era verdad que el no tener caso a un determinado punto era fruto del comportamiento de nuestra población, hoy nos damos cuenta que no. En definitiva, no subestimemos la vida de nadie, como está pasando, la vida de un mayor vale lo mismo que la vida de un joven, ambas son irremplazables, ambas tienen el mismo origen y el mismo fin, es una verdadera lástima la actitud de muchos, que no les interesa estar desinformados de lo que pasa en el mundo, este mundo que es ni más ni menos que nuestra propia casa, a la que tanto maltratamos, como se ve. 

No escondamos las únicas armas que tenemos contra este brutal virus; únicas hasta que aparezca la tan esperada vacuna que será creada por la ciencia, a través de los seres humanos, única especie del reino animal dotada de inteligencia por La Creación.