Roberto no pensaba ser Bombero cuando era niño. Pero una charla con un amigo cambió todo

Claro, Reta y Orense

Entrevista al jefe del cuerpo de Bomberos de Claromecó

Roberto Bancur: “Crecí con el peligro y la emergencia”

27|09|20 08:40 hs.

Textos Marcos Fersen 
Fotos Carolina Mulder 

Hacía pocos meses que Roberto Bancur había estrenado su título de padre de Alina cuando decidió sumarse a los Bomberos Voluntarios de Claromecó. Apenas tenía 21 años. Si bien nunca pensó en ser parte del cuartel, se animó al desafío y hoy, a casi tres décadas de haber iniciado la aventura, es el jefe del cuerpo. 

Roberto se gana la vida como electricista y guardavidas. Tiene 51 años, su pareja se llama Carolina y es padre de Alina, Germán y Marina. Nació en Tres Arroyos pero siempre vivió en Claromecó, al lado del mar. 

“Y aunque desde que tengo uso de razón mi padre es bombero, hoy escucho la sirena y siento ese mismo miedo de siempre. Pido que vuelva sano como salió de casa. Siempre que lo veo con su uniforme entrando, saliendo y corriendo, dejando hasta el alma y organizando todo como él sabe, pido a Dios que lo proteja a él y sus compañeros. Quiero agradecerte papá por ser tan enorme, por ser Mi héroe y el de tantas personas. Por tu enorme corazón. Por tu valiosa vida. ¡Gracias por venir a este mundo a salvar y ayudar! #TeAmoProfundamente”. 

El texto que nació del sentimiento más profundo de Alina, hija de Roberto, fue publicado en las redes sociales casi al mismo tiempo en el que Bancur, junto a más de 100 bomberos de la región, luchaba mano a mano contra el incendio que se había desatado en el Vivero el pasado martes.

Por su personalidad y bajo perfil, intentó esquivar la entrevista con este diario. Sin embargo accedió y durante más de media hora de conversación contó sus distintas etapas como bombero, desde sus inicios y hasta la actualidad, que, además de ser el jefe del cuartel de Claromecó, lo encuentra como director general de Etica en la región. 

A continuación, Roberto Bancur, y un viaje al centro de una mentalidad llena de servicio y vocación. 

 - ¿Cuándo y por qué decidiste ser bombero?
- En 1990, cuando terminé el Servicio Militar Obligatorio, me fui a La Plata a estudiar Medicina. Hice el segundo año de la carrera y en 1991 me vuelvo a Claromecó. Mi pareja en ese momento quedó embarazada y nació Alina, mi primera hija. Me fui a estudiar solo. Ellas se quedaron en Claromecó. Mientras tanto, a mi papá le costaba darme una mano en la parte económica. El país en ese entonces estaba con enormes problemas económicos y había que hacer un sacrificio muy grande. Decidí volverme. Cuando me vuelvo, Fabián Moller, un compañero del Secundario que estaba estudiando en La Plata, me dice que estaban llamando para ser bombero. Dudé. Lo pensé. Justo cerca del 2 de julio me dice eso. Yo todavía no había dejado la facultad. Iba y venía a La Plata. No quería empezar a hacer otra actividad porque no tenía definido qué iba a hacer con la carrera. 

Escucho en Radio Comunidad Claromecó que estaba José Souto hablando y decía que estaban por festejar el Día del Bombero y se encontraban abiertas las inscripciones para quien quiera acercarse. Entonces lo veo, le comento mi situación y me dijo que no había problema. Que me inscriba, que el curso duraba casi un año y que lo podía hacer igual. Que había permisos para estudiar. Me anoté. A fin de ese año -1991- me terminé quedando en Claromecó y empecé con la carrera de bombero de forma definitiva. 

 - ¿De chico querías ser bombero? 
- No. Jamás. Quería ser guardavidas, pero nunca pensaba en ser bombero. Eso surgió de una charla con un amigo con el que nos criamos juntos. 

 - ¿Cómo fueron esos primeros tiempos como bombero? 
- Totalmente distintos a los de ahora. En esa época teníamos capacitación todos los viernes, cuando tocaba la sirena y nada más. Era muy tranquila la vida del bombero. 


El último martes el destino lo puso otra vez al frente del operativo para combatir el fuego en el Vivero. Bancur ha participado de los incendios más importantes que se han desatado en la Estación Forestal


 - ¿Qué diferencia hay entre aquella época, la de tus inicios, y la actual? 
- Muchas. La capacitación de bomberos siempre apuntó a la profesionalización; pero en la época en la que entré, la actividad de bomberos estaba destinada a incendios domiciliarios o forestales. A medida que pasó el tiempo, se incrementaron los campos de acción. Está lo que es rescate vehicular, rescate en altura, buceo, primeros auxilios, trauma… Hay una variedad enorme de intervenciones que se le sumaron a la actividad de bomberos. Eso, la profesionalidad, es lo que hoy hace que el bombero sea multifacético. 

 - Antes era todo más rústico... 
- Sí. Ni hablar. En 1991, cuando ingresé al cuartel, tenía un camperón de cuero, un casco tipo cola de pato, de los antiguos, una babucha de grafa y unos borcegos. Ese era el único equipo que teníamos para todo. Todas las intervenciones las hacíamos con eso. Hoy en día tenemos un traje y un equipo de protección para cada acción, ya sea por un incendio forestal o estructural. 

 - Llevas 29 años de servicio. ¿Qué es lo que te mantiene activo como bombero? 
- La vocación. La pasión. Cuando entré a bomberos, lo único que te daba era la posibilidad de estar con un grupo de gente, compañeros, camaradería, salir a un incendio, volver, sacar las cosas buenas, las malas, crecer profesionalmente, tener vocación de prestar un servicio, de capacitarte, de empezar a conocer gente de la región, de la provincia. Conocer también todo el sistema de bomberos, que es enorme. La institución tiene un sistema muy bien organizado y estructurado. No es una actividad rentada y eso hace que la vocación sea la prioridad. Uno hace todo esto por la vocación misma. En la actualidad, el bombero que llega a los 25 años de servicio recibe un subsidio del Estado, pero a eso, el bombero que recién empieza, no lo piensa. Yo nunca pensé que iba a cumplir los 25 años de servicio. Entrás con la idea de ser bombero y de dar lo mejor para tu pueblo o comunidad; después se van dando las cosas, como por ejemplo, el crecimiento en grados jerárquicos y en tener más responsabilidades en la región y en la provincia de lo que es la institución bomberos. 

 - Mirando hacia atrás, ¿con qué te quedás de estos 29 años de carrera? 
- Hay muchas cosas. Te quedás con la satisfacción de haber logrado el objetivo después de un servicio, de capacitarse para que las cosas salgan bien y que no tengamos problemas o accidentes. A base de capacitaciones, nosotros ganamos en tranquilidad y en experiencia. Con eso, cuando hay una situación de peligro o de alto riesgo, sabemos cómo enfrentarla y manejarla. Los imprevistos siempre están y cuando surgen los tenemos que saber resolver. Para eso están las capacitaciones.

 - ¿Qué rol juega la familia en todo esto? 
- Es fundamental. No hay bombero que no diga que si la familia no apoya, es imposible estar en esta actividad, y menos aún cuando vas ocupando cargos jerárquicos altos o llegás a ser segundo jefe o jefe. La familia soporta un montón de cosas. Muchas veces, uno que tiene pasión por ser bombero, a eso no lo siente. Es natural; pero la familia siempre se queda esperando. Suena la sirena y te vas. Muchas veces, capaz que pasan más de 40 minutos, no regresás y a lo mejor se enteran que te fuiste a una emergencia en Pringles. Ahora es más fácil por las comunicaciones que existen, pero antes era más complicado. 

Hay otra cosa que se nota y supongo que le debe pasar a la mayoría de los bomberos. Por ejemplo, dejar cosas de lado por la actividad. Eso la familia no lo entiende, pero de todas maneras apoya. Es difícil de explicar. 

 - ¿Qué hecho, malo o bueno, te marcó como bombero? 
- Yo soy muy especial. Mi personalidad es así. Desde chico ya he estado en situaciones de emergencia o de peligro. A los 17 años empecé a trabajar en la playa de guardavidas. Después me fui a estudiar Medicina. Entrar a la morgue a hacer anatomía era algo natural para mí. Algo que a lo mejor sí me marcó fue el incendio de Víctor Sports -un reconocido comercio de Claromecó-. Fue el primer incendio de magnitud en el que intervine como bombero. También me marcó el incendio de fines de 2000 en el Vivero. Ahí estuvimos días frente al fuego. Se vivieron situaciones de peligro constante porque había rotaciones de viento. En la dotación que yo estaba nos quedamos encerrados varias veces por las llamas. El fuego estaba de copa a copa en los árboles y nosotros tratando de salir del Vivero con las autobombas. Esos son los incendios que me marcaron bastante.

Otros hechos que marcan son los incendios domiciliarios. Es muy doloroso y angustiante ver que la gente pierde todo lo que logró con mucho esfuerzo. Son situaciones que en el momento se manejan, pero es doloroso ver la angustia que vive alguien que pierde todo en un incendio o en un temporal de viento. Todo eso se potencia en Claromecó, donde nos conocemos todos. Siempre algún conocido hay en alguna intervención. 

- ¿Tuviste miedo de perder la vida en una intervención? 
- Miedo no llegas a tener, pero si estás en una situación de alerta se te abren todos los sentidos. Se vive una sensación de adrenalina bastante fuerte. Eso te hace trabajar y aplicar todas las técnicas de forma natural. Pero miedo no tuve. 

 - ¿Por qué crees que la comunidad valora tanto al bombero? 
- Por ejemplo: la gente ve los incendios del Vivero. Son impresionantes. Se te prende fuego un monte y asusta. A eso lo ve la gente desde afuera y se queda estática. Observa cómo el humo y el fuego se levantan 50 metros. Es algo asombroso. Pero para nosotros eso es algo natural y no lo registramos. Trabajamos con total naturalidad. Creo que la gente valora eso. 

 - ¿Cuántos incendios del Vivero pasaste? 
- Varios. El de 2000, 2014 y el del otro día -por el martes- fueron los más grandes que me tocaron. Después hemos tenido entre 12 y 15 incendios de menor magnitud pero los más grandes fueron el de 2000 y 2014, los dos con características distintas. El primero duró varios días y se quemaron muchas hectáreas. El de 2014 nos quedó grabado a todos. Desde que arrancó y hasta que salió del Vivero para meterse en los médanos pasaron 45 minutos. En ese tiempo, se quemó lo mismo o más hectáreas que en 2000. 


“Cada vez que vuelvo de un incendio del Vivero tengo mucha bronca. Porque el fuego se inicia por una imprudencia o por alguien que no tomó los recaudos mínimos de precaución”, dijo


- Para el bombero de Claromecó, al igual que para todo el pueblo, el Vivero es algo especial ¿Qué se siente estar entre las llamas adentro de la Estación Forestal, teniendo en cuenta todo lo que significa ese lugar? 
- Cada vez que nos avisan de un incendio en el Vivero, se nos encienden todas las alertas. Tenemos una política que hemos comprobado y probado cada vez que nos avisan de un incendio en la Estación Forestal: salimos con todos los elementos disponibles para atacar al fuego lo más rápido posible. Si en pocos minutos no podemos controlar ese fuego, automáticamente empezamos a convocar porque las llamas se disparan enseguida. La idea siempre es tratar de circunscribirlo lo más rápido posible. 

Y cada vez que vuelvo de un incendio del Vivero hago un análisis y da mucha bronca. Mucha bronca (lo dice con énfasis). Es la misma bronca que siento hoy por el último incendio, cuando el fuego se inició por una imprudencia o por alguien que no tomó los recaudos mínimos de precaución. 

Cada incendio se lleva mucha vegetación. Afortunadamente, ningún bombero se vio afectado por una desgracia o un accidente, ni tampoco la gente que fue a dar una mano. Pero en el último incendio se rompió una autobomba, tuvimos gastos de logística y la Municipalidad sufrió la rotura de maquinarias. Se gastó mucho dinero por una imprudencia. No es por el dinero en sí, pero se destinó mucho esfuerzo y recursos para apagar un incendio que se originó, posiblemente, por un descuido de alguien que no fue precavido. 

 - ¿Hay interés de los jóvenes para sumarse al cuartel? 
- Ha cambiado mucho la pasión por bomberos. Ser bombero no es fácil. Una vez que entrás al cuartel, hay que cumplir con un montón de obligaciones. Nosotros tenemos una estructura militarizada, con reglamentos que también son militarizados. Usamos uniformes, cada uno tiene sus funciones y jerarquía. Hay que respetar la reglamentación para el funcionamiento de la institución, que es lo más importante. La sociedad ha cambiado mucho. Los jóvenes de hoy en día no están acostumbrados a que se los estructure. No les gusta que se los mande. Entonces, automáticamente, abandonan el curso de ingreso. En el último curso que se abrió en Claromecó se inscribieron 24 personas. Después del primer examen, quedaron 12. Luego del segundo, quedaron seis. Egresaron tres. Fue porque se dieron cuenta de que hay una estructura a cumplir y porque hay que estudiar. Dentro de la institución, para ir subiendo de categoría, hay que aprobar materias. Son cerca de 60 en el transcurso de 15 ó 17 años de carrera. Antes entrabas al cuartel, apagabas incendios y eras bombero. Hoy hay que estudiar, capacitarse y crecer dentro de la institución. 

 - ¿Volverías a elegir la carrera de bombero? 
- Sí. Claro. Si existe la reencarnación y pudiera hacerlo, lo haría. Sin dudas. Siempre lo elegiría. 

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El cuartel  
“Cuando entré al cuartel, éramos 12 bomberos. Hoy somos 33. Ha cambiado todo lo que es el orden y la forma, de acuerdo a las reglamentaciones. El cuartel está en las condiciones que está por los bomberos que hay y que hubo”, señaló Bancur. 

Y agregó: “Hay y hubo una voluntad y vocación muy grande. La idea es seguir transmitiendo esos valores para los futuros bomberos que vayan quedando. Hoy me toca ser jefe de cuartel. No es algo difícil porque cada uno de los 33 bomberos de Claromecó sabe lo que tiene que hacer. Y eso hace que la institución esté bien vista por la comunidad. De mi parte, quiero expresar un agradecimiento enorme para todos los bomberos de la localidad”.