Victoria Zorraquín señala que para muchos chicos "la escuela es todo"

La Ciudad

Victoria Zorraquín, profesora e investigadora

“¿Por qué no puede haber encuentros en grupos de cuatro o cinco alumnos?”

28|09|20 09:10 hs.

Victoria Zorraquín es licenciada, profesora y especialista en Educación. Entre otros aspectos destacados de su tarea, fundó la ONG Educere “Docentes por un mañana”, asociación civil con sede en Tandil. También tuvo experiencias en la función pública. 


En el gobierno anterior fue directora de Escuelas Secundarias Agrarias y Rurales del Ministerio de Agroindustria, así como directora provincial de Formación Contínua. Reside en Tandil, donde formó su familia y tiene cinco hijos de distintas edades. 

La Voz del Pueblo accedió a su análisis sobre los efectos de la pandemia, en una entrevista que tuvo lugar en forma telefónica. Victoria Zorraquín entiende que hay alumnos que sienten de manera más notoria la falta de clases presenciales. “Uno piensa que los chicos que van a la escuela, los fines de semana o los días feriados les suena el teléfono, los invitan a una actividad con amigos. Pero hay muchísimos que tienen dificultades para relacionarse, que son tímidos, que sienten vergüenza, les hacen bullying, no pueden entrar a un grupo en el que quisieran participar. También chicos de menor edad, de Primaria, que todavía no tienen un grupo conformado. Para ellos ir a la escuela es la aventura cotidiana”, subraya. 

En este sentido, observa que “ubico en ese lugar, por ejemplo, a chicos de escuelas primarias rurales o suburbanas. Es un verdadero lugar de encuentro, porque tal vez no tienen su grupo o las mamás no se conocen, ellos no van de una casa a la otra”. 

Plantea que “en vez de que jóvenes se junten en una fiesta de las llamadas clandestinas, que la escuela genere encuentros de cinco, de cuatro, de acuerdo a lo que permitan en cada localidad, al aire libre, con un objetivo pedagógico. Algo para resolver, investigar, pensar, un aporte para hacer juntos”.


Expresa con énfasis que “hay una falacia, una trampa en lo de volver a clase. Si lo plantean en esos términos, decimos que no porque significa en nuestro imaginario el aula con treinta chicos, los alumnos en el pasillo haciendo fila, la bandera, el comedor”. Diferencia que “sí es posible hacer encuentros educativos”. 

En esta línea de argumentación, plantea que “en vez de que jóvenes se junten en una fiesta de las llamadas clandestinas, que la escuela genere encuentros de cinco, de cuatro, de acuerdo a lo que permitan en cada localidad, al aire libre, con un objetivo pedagógico. Algo para resolver, investigar, pensar, un aporte para hacer juntos”. 

Destaca que “sería maravilloso y además les haría bien a las familias, a los chicos y a los docentes”.

Efectos en la vida 
Hace referencia al valor que puede tener “después de todo un año en la escuela haber ido una vez a un campamento o a un paseo ¡Te acordás durante toda la vida! Tiene mucha potencia. Entonces no puedo creer que no podamos hacer encuentros educativos en un potrero, en un parque, en una plaza”. 

Cuando se evalúa el tema “se dividen las aguas. Empiezan las pujas políticas. ¿Qué dicen los gremios? Si están dadas las condiciones. Yo pregunto ¿qué condiciones? No para que estén en el gimnasio de la escuela 150 ó 200 chicos, para eso no. Pero en el patio, por turnos, veinte chicos en grupos de cinco, resolviendo preguntas, problemas, enigmas”. 

Al respecto, exclama: “¡Lo que podés llegar a ayudar a ese chico que tiene problemas para relacionarse! Que es tímido, que la escuela es todo para él”. 

Muestra preocupación por “no escuchar a los gremios hablar de esto” y agrega: “Creo que hay otra trampa y ojo porque estamos borrando con el codo lo que escribimos con la mano, minando el concepto de escuela. Nos hemos pasado la vida diciendo la importancia que tiene la escuela para la vida de un chico”.

En sus investigaciones, siente mucho interés por la formación docente y el efecto que tiene en los alumnos. Comparte conclusiones de estudios realizados en diversos países. “Por la negativa, te dicen que un docente que no lo hace avanzar y no impacta positivamente en la vida de un chico un año, tiene repercusiones importantes en su aprendizaje. Pero dos años seguidos puede tener repercusiones de por vida”, indica. 

Desde una perspectiva positiva, se interroga: “¿Cuánto hace un docente comprometido en la vida de un chico? Si no creemos eso, entonces no sigamos demorando la vuelta a clases porque es una trampa, la vuelta a encuentros educativos. La ayuda a esos chicos que por ahí no tienen una mamá o papá que los pueden guiar, que no cuentan con el tiempo o la fuerza ni los conocimientos, padecen otros dolores, problemas, realmente la escuela para esa familia era todo y hoy no la tienen”. 

En términos comparativos, Victoria Zorraquín señala que “si está abierto el casino. En muchísimas localidades funciona el restaurante, el bar. Incluso los clubes con protocolos”. 

“…revalorizamos al docente, es como decir si no la computadora puede suplantar al maestro. Ya sabíamos que no, ya se probó que no y aunque esté ahí atrás tratando de hacer lo humanamente imposible para que ese chico se conecte, finalmente hacía falta otra cosa. El contacto, lo que no le podés preguntar en un zoom, que se lo mirás en los ojitos cuando entras a la mañana y sabes que le pasó algo”


Confianza 
Las clases mediante la plataforma zoom, otras modalidades virtuales o con la entrega de cuadernillos son, para la entrevistada, “absolutamente insuficientes. Entre los profesores, tal vez se aplica más al secundario, cada uno ‘creía’ -por ponerlo de un modo paradojal- que su materia era la más importante y que el chico estaba ahí interesado en su materia. El chico está ahí para aprender con sus compañeros, estar con ellos. Y si el profesor de Historia, de Matemática o de Química, dan en la tecla para motivarlos y que puedan desplegar todo su saber, van con un incentivo mayor. Pero muchas veces concurren para estar con sus pares”. 

Con expectativa, opina sobre las posibilidades que brindarían los encuentros educativos. “Quizás podrían ser el origen de una nueva escuela, porque la que teníamos no nos está funcionando bien. Necesitamos una escuela diferente. Capaz que en esos patios, parques, plazas, lo que tengamos a mano cada uno en su comunidad, con esos profesores vibrando con sus alumnos de otra manera, empiece a configurarse un cambio”, puntualiza. 

Finalmente, pidió que “confiemos en nuestros docentes. Son maravillosos, no les pongamos una tapa encima. No les digamos, la escuela no va a volver, candado. Al contrario, que intervengan. Y pongamos chicos en una mesa en el municipio y conversemos, ‘no queremos que se nos vaya el año sin encuentros educativos ¿qué se imaginan?’. Que ellos hagan aportes y nos vamos a sorprender todos. No lo vamos a poder creer”, concluyó. 

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El rol de los ciudadanos
En la mirada de Victoria Zorraquín, “es muy importante la voz de la ciudadanía. Si todos nos quedamos callados, como los que dicen no me quiero equivocar, me quedo en una postura encerradito”.

A veces intervenir genera dudas, porque “moverse tiene un riesgo. Generar algo. Pero honestamente pienso en los cuidados, el protocolo, un montón de formas que ya se están dando en clubes y que se está evaluando para el regreso de actividades religiosas también. ¿Nos vamos a quedar con las escuelas cerradas con tantos chicos para los cuales la escuela es todo?”. 

Pide que “el ciudadano común” exprese su pensamiento. “No solamente el que tiene chicos en su casa y no da más, o la maestra que tampoco da más. A los docentes a veces les cuesta alzar su voz porque pueden tener miedo”, dice. 

Está convencida de que “si los ciudadanos hablamos, nos apoyamos en los municipios y pensamos ¿por qué no generamos una manera? Pueden pasar cosas muy interesantes en octubre, noviembre y diciembre”. 

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Un impacto múltiple
“Una de las definiciones que me gusta mucho de educación es que educar es impactar”, indica Victoria Zorraquín. Habla por ello del “impacto de una vida en otra vida. No sólo del maestro en el alumno. El múltiple impacto de ese alumno con sus compañeros”. 

Compartir un espacio y una experiencia es clave. “Sin eso no hay educación. Con esto revalorizamos al docente, es como decir si no la computadora puede suplantar al maestro. Ya sabíamos que no, ya se probó que no y aunque esté ahí atrás tratando de hacer lo humanamente imposible para que ese chico se conecte, finalmente hacía falta otra cosa. El contacto, lo que no le podés preguntar en un zoom, que se lo mirás en los ojitos cuando entras a la mañana y sabes que le pasó algo”, reflexiona.