Un reflejo de la precariedad en tierras ocupadas en Guernica, partido de Presidente Perón

Opinión

Sin Macartismos

Pekín - La Habana - Guernica

04|10|20 14:15 hs.

Por Roberto Barga


El conjunto de medidas anunciadas el jueves pasado por el gobierno nacional, podrían sintetizarse con el refranero popular en la mano: “quien tiene tienda que la atienda, y si no que la venda”. 

Sabe la administración Fernández que la falta de dólares puede ser su espada de Damocles y que enfrentar un proceso devaluatorio a un año de las elecciones de mitad de término, es sinónimo de derrota segura. A propósito de esto, es interesante ver la concatenación que existe entre las devaluaciones que han sufrido o provocado los distintos gobiernos y su consecuencia electoral. 

Alfonsín en el ’87, cuando se le escapó el plan Primavera, sentenció la suerte del radical Angeloz. Menem la sorteó, y eso explica en parte su cómoda salida del poder. De la explosión cambiaria del 2001 y, de sus consecuencias, mejor ni hablar. A comienzos del 2014 Kicillof devaluó 20% la moneda y esa es una de las razones de la posterior derrota de Daniel Scioli. Al ingeniero Macri le picaron los boletos en Wall Street en enero de 2018, y en mayo del mismo año comenzó un “sin vivir”, que concluyó con dos devaluaciones que lo noquearon en agosto del año siguiente, como es de público y notorio. Este gobierno ya devaluó de 63 a 82 pesos por dólar, sin contar lo que pasa en el paralelo o blue. El peronismo sabe de sobra que un golpe devaluatorio puede ser “game over”. 

Y por eso sale a atender su tienda, y es tal la necesidad de “verdes,” que le rebaja a los exportadores cerealeros el 3% de las retenciones si le liquidan granos en octubre. Otro tanto ocurre con las mineras. Ya no importa si esto desfinancia las arcas de un Estado exhausto. Tampoco importa que los sectores duros del frente gobernante sufran una nueva desilusión, basta escuchar a Víctor Hugo Morales y sus palabras al viento: “Es una derrota. Para que vendan hay que bajarle las retenciones. Son extorsionadores”, bramó el uruguayo de voz gardeliana… Qué se le va a hacer, la necesidad tiene cara de hereje. 

Pekín, La Habana, Caracas 
Pero no nos engañemos, esto que se presentó no es un plan económico y el Gobierno bien lo sabe. Hablando de planes, y en la búsqueda de un sendero de carácter estratégico, conviene recordar una serie de episodios que presentados de manera aislada no dicen mucho, pero que hilvanados en tiempo y espacio, hablan bastante. 

A saber: el presidente Alberto Fernández impulsa el grupo de Puebla, con clara participación de líderes identificados con los experimentos populistas (populistas, en tanto buscan el empoderamiento de las masas). 

Alberto no tuvo ni tiene contacto con Donald Trump. Todos saben que es de uso y costumbre por parte de la Casa Blanca recibir a todos los presidentes electos de Latinoamérica, si estos así lo desean. Tampoco habla con Bolsonaro, muy pronorteamericano este último. Está en veremos una reunión en Foz de Iguazú impulsada por el embajador Scioli. 

El affaire del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), con la fallida candidatura de Gustavo Beliz en detrimento del cubanoamericano Claver Carone, generó más de un roce con U.S.A. 

Esta semana, Carlos Raimundi, embajador argentino en la OEA, defendió al gobierno de Maduro y dijo que a Venezuela se la estigmatiza. 

Hace diez días Alberto Fernández tuvo un largo diálogo telefónico con el presidente de la República Popular China. El eje central de la conversación, estuvo ligado a destrabar un préstamo en Yuanes para fortalecer las reservas del Banco Central. También se habló de inversiones chinas. Según voceros oficiosos, los futuros nuevos acuerdos con la República Popular, incluirían el rescate de viejas obras como ser las centrales hidroeléctricas de la Patagonia, uno de los corredores viales a punto de ser re-estatizados por el gobierno argentino, y de otras obras de modernización en la infraestructura ferroviaria, cuya frutilla de la torta rondará en torno a la electrificación del corredor Buenos Aires-Mar del Plata. 

De prosperar, el acuerdo chino-argentino alcanzaría inicialmente desembolsos de 10.000 millones de dólares. 

Los hechos descriptos anteriormente, indican claramente que la administración Argentina no espera nada del eje Washington-Brasilia y jugará todas sus fichas a otro de resultados inciertos, que tiene como vector a Pekín, pero que incluye a otras capitales periféricas como La Habana y Caracas. 

Nos explicamos: desde esta columna no hacemos macartismo ni alentamos la grieta. Describimos o interpretamos hechos. Cuba jugó un papel preponderante en la custodia de la hija de la actual vicepresidenta argentina y La Habana impulsó a uno de sus lobistas para armar la agenda internacional de Alberto Fernández: Marco Enríquez-Ominami, una pieza central para los cubanos. La conexión con Caracas es periférica, pero se trata de no tener cortocircuitos con un aliado de China en Latinoamérica. 

 Luego pasará lo de siempre: ya podemos acordar con China, como hace 100 años lo hicimos con Inglaterra, pero si el intercambio estará sostenido por materias primas a cambio de valor agregado, seremos el mismo perro con distinto collar y otro dueño. 

De Guernica a Guernica 
Es fácil criticar a la clase política, pero difícil leer reconocimientos a ella. La semana pasada estalló el escándalo del diputado “chupador”. La rápida reacción del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, evitó que el episodio escalara y nos ahorró a todos un tiempo que se hubiera ocupado en ríos de tinta, con la oposición a la cabeza pidiendo renuncias y hablando de la vergüenza de nuestra clase dirigente. Massa esa misma noche le pidió la renuncia a Ameri y fin del episodio. 

Lo que no tiene fin es el escalamiento de la pobreza en la Argentina. El INDEC difundió los datos del primer semestre de este año: el 40,9 % de nuestros compatriotas son pobres. La indigencia se ubicó en el 10,5%. 

Pero si miramos los números del Gran Buenos Aires dan ganas de salir corriendo. El 47,5% de sus habitantes hoy son pobres. Y es en esa geografía donde vemos los retratos impresionantes de la marginación. 

Hay una barriada del partido de Presidente Perón que se llama Guernica, como el pueblo vasco que inmortalizó Pablo Picasso en esa obra excepcional que hoy se puede ver en el Museo Reina Sofía de Madrid. Picasso retrató, como sólo los genios saben hacerlo, el bombardeo cruel de la aviación nazi, que ayudó a Franco a ganar la guerra. 

Nuestro Guernica es otro bombardeo. Otras bombas caen sobre esos desheredados de la historia. El juez de garantías Martín Miguel Rizzo postergó el desalojo dos semanas. Hacinamiento, violencia, oportunistas, precariedad, llueven sobre sus cabezas, mientras esperarán otros quince días de vergüenza para saber cómo siguen sus vidas. 

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