Un momento de la ceremonia de ordenación de Mauro Grosso en la Parroquia del Carmen

Sociales

Mauro Emmanuel Grosso, recientemente ordenado diácono

“La fe se transmite y en mi caso fue por mi abuela”

11|10|20 12:57 hs.

La fe siempre tiene aspectos para demostrar, y abrazarla más que un sentido. Algo que seguramente ayer, durante la ceremonia de su consagración como diácono debe haber sentido Mauro Emmanuel Grosso. 


Es que la situación era más que especial porque es muy común que en este tipo de ceremonias estén presentes, aparte de las jerarquías eclesiásticas, amigos, fieles de la comunidad pastoral y por supuesto integrantes de la parroquia. 

Algo que ayer no se pudo dar pero que no le quitó ni brillo ni significación al momento. Es que Mauro estuvo acompañado por sus afectos más íntimos, sus padres y una tía, sumado a ellos el padre Roberto Buckle y el padre Matías Burgui; el primero fue quién lo inició en el seminario y el segundo con quien compartió dos años en el seminario Santo Cura de Ars. 


Dos presencias muy especiales tuvo en la ceremonia: su familia y el padre Roberto Buckle (H. Arbasetti)


La noche anterior, estuvo con La Voz del Pueblo contando cómo y por qué se inició en el camino de Cristo. Mauro Grosso es originario de Pedro Luro, una localidad ubicada en el partido de Villarino a 300 kilómetros de nuestra ciudad.

“Yo soy del lugar donde el fuerte es la obra salesiana, de Don Bosco, de María Auxiliadora, toda esa fe transmitida por ellos. De chico fui a la escuela pública pero todo lo que tenga que ver con la catequesis está impregnado con ese carisma salesiano. Soy parte de una típica familia católica, no tan practicante, pero después yo continué con un grupo juvenil con el que iba a hacer oratoria salesiana a una capillita que recién se estaba levantando en un barrio de Pedro Luro. Ahí me picó el bicho de la caridad, de ayudar al otro pero nada más”.

Sueños 
Todos en la vida, más aún cuando se es chico tienen sueños, y el caso de Mauro Grosso era como el de todos, pero como su ámbito en la niñez había sido el salesiano “cuando empecé la catequesis quería misionar en África y ayudar. El padre Pablo fue el primero que me invitó a esa capilla que te contaba que está en un barrio de Pedro Luro, allí había integrantes de la comunidad boliviana que se estaban comenzando a incorporar al trabajo en el campo. Ellos venían con muchas necesidades materiales y económicas y eso a pocas cuadras de mi casa me impresionó mucho, porque en muchos aspectos tenía que ver con eso de mis sueños y el ayudar”. 

Algunas imágenes de la ceremopnia celebrada este sábado en la Parroquia del Cármen (fotos Horacoi Arbasetti)


La adolescencia la transcurrió allí pero no se le presentaba el sacerdocio como forma y estilo de vida. Posteriormente Mauro se fue a estudiar a Bahía Blanca y de a poco fue cambiando actitudes; “iba a misa pero nada más, me sentaba en el último banco y cuando terminaba me iba. Pero cuando me integré a una ONG todo cambió, porque trabajábamos en un barrio muy humilde de Bahía. Cuando empecé a ver las cuestiones de fe en la gente que lo habitaban, tan sencilla, tan humilde y que sacaban todo adelante sentí que algo podía hacer. Empecé a volver a la misa y ver al sacerdote como alguien que puede aportar eso que yo sentía. Así que eso fue el comienzo de mi vocación; la fe se transmite y en mi caso fue por mi abuela”. 

El período de la universidad le sirvió para replantearse un montón de cosas que tenían que ver con su fe y la práctica de la misma. Algo que fue a través del tiempo sumando para resolver el iniciarse en el sacerdocio.

Esto lo habló con los padres César y Roberto Buckle quienes le sugirieron que se tomara su tiempo y lo pensara mucho, invitándolo a participar en Acción Católica. “Ahí tuve que decidir si quería ser cura salesiano o diocesano; cuando me decidí, empecé el seminario en Mercedes, cerca de Luján, en el Santo Cura de Ars. Son ocho años, cuatro de filosofía y cuatro de teología, eso a nivel académico como carrera a la par del crecimiento en lo humano y lo pastoral. Un momento de la vida en la que se crece como sacerdote”. 

Su llegada a Tres Arroyos se da a través de la decisión del arzobispo y las necesidades de la Arquidiócesis con la coincidencia de haberlo nominado para la Parroquia del Carmen de nuestra ciudad reencontrándose con dos buenos conocidos, el padre Roberto Buckle que lo inició en lo pastoral y Matías Burgui con quien compartió dos años de seminario. 

A partir de ahora, como diácono, Mauro Grosso comenzará a recorrer el tramo final de eso que en muchos aspectos buscó desde niño y que de a poco se transformó en realidad.