Opinión

Por José Mariano Pérez

Istilart y el Club A. Huracán (I)

11|10|20 18:22 hs.

La vida de Juan B. Istilart y el progreso del club estuvieron íntimamente ligados hasta que el vasco francés dejó este mundo, y aún tiempo después. Huracán fue fundado un miércoles 3 de enero de 1923. Dicho día, en la Biblioteca Sarmiento se reunieron una veintena de jóvenes que decidieron dar vida a una institución deportiva que en su inicio se limitó a la práctica del fútbol. 


Previamente al encuentro fundacional, los incipientes dirigentes se juntaban en el Hotel Vasconia, que se ubicaba en Lavalle y Moreno. Allí funcionaba un hospedaje y también un restaurante. A dicho lugar concurría a cenar con cierta periodicidad Istilart y fue mudo testigo de las reuniones que se llevaban a cabo tendientes a fundar Huracán. 

Formados los equipos de segunda y tercera categoría de fútbol, durante todo el año 1923 Huracán jugó de visitante y sus jugadores entrenaban, cuanto mucho una vez por semana, en algún terreno baldío o en la Plaza España. Paralelamente las autoridades del club comenzaron a buscar un lugar donde establecer su cancha. 

Istilart por esos años ya vivía en la casona de calle Suipacha al 300 que aún hoy está en pie. Frente a la misma, había un predio que le fue ofrecido en venta por su propietaria, la Sra. Catalina Fernández de Martínez. Luego de las negociaciones de rigor, el día 24 de febrero de 1923 se suscribió la correspondiente escritura de dominio mediante la cual, el poderoso industrial adquirió el predio de 20.450 metros cuadrados sito entre las calles Suipacha, Mitre, Constituyentes y Falucho. 

A principios de 1924, uno de los jóvenes dirigentes de Huracán se anotició que frente al chalet de Istilart había un terreno grande que podría ser apto para instalar allí la cancha de fútbol. Averiguaron quien era el dueño y se pusieron en movimiento para conseguir que el más importante industrial de la ciudad y la zona los recibiese. A través de doña Juana Zuviría de Poujol, dueña del Hotel Vasconia, logran el contacto e Istilart los invitó a que pasen por su vivienda, el próximo sábado luego del almuerzo. Los jóvenes más corajudos del grupo fueron al encuentro. Ninguno de ellos llegaba a los 20 años y el dueño de casa ya tenía 56. 

Istilart los recibe en su escritorio repleto de libros y papeles. Los observa detrás de sus grandes anteojos y escucha la petición del más decidido del grupo: el préstamo del terreno en cuestión para instalar allí la cancha de fútbol. La solicitud tuvo acogida y enseguida nomás, cruzaron la calle para visitar el predio. En la recorrida se observó que en la primer parte del terreno había máquinas viejas, motores, calderas, hierros y demás elementos que su fábrica había depositado allí. 

De la mitad del predio y hasta Constituyentes el suelo estaba más parejo y libre de herramientas. Istilart les sugiere que instalen la cancha en ese sector, colocando los arcos sobre Mitre y sobre Falucho. Les deja bien en claro que en caso de necesitar el predio, lo debían desocupar. Así comienza su ayuda a Huracán. 

Desde la planta alta de su casa, observa al numeroso grupo de jóvenes que especialmente los domingos y feriados se juntaban para acondicionar el terreno. El empuje y la ansiedad por tener su “field” propio, hizo que emparejaran parte del lote donde se hallaban los viejos motores. Istilart lejos de enojarse, dispuso retirar todos los elementos que allí había y permitió que los entusiastas huracanófilos llegasen hasta calle Suipacha con el suelo bien llano. 

Emparejado el terreno era necesario alambrarlo y poner una baranda cercana a la cancha. Los fondos no alcanzan, pero don Juan en conversaciones con los dirigentes, idea la forma que deben dar a la baranda para que sea sólida y a su vez, económica. Abre un crédito en su fábrica para que puedan pagarlo cuando se hagan de recursos y el 18 de mayo de 1924 se inaugura el modesto campo de deportes.