Encuesta entre 700 productores dio que se fertilizaría el 74% de la superficie sembrada

El Campo

Desde “fertilizar o no” a las ecuaciones económicas

Los 7 mitos de la fertilización en soja

16|10|20 10:28 hs.

En Argentina, la soja se fertiliza con dosis bajas, en parte, porque a la aplicación de nutrientes en este cultivo la rodean algunos “mitos”, los cuales fueron abordados por Fertilizar Asociación Civil en un encuentro virtual con periodistas.


“Son conocimientos antiguos y que no permiten avanzar en un mejor tratamiento del cultivo”, dijo el presidente de la entidad, Jorge Bassi, y desarrolló “Los 7 mitos de la fertilización de soja”.

Primero 
“La soja no responde a la fertilización nitrogenada”. Esta premisa es verdadera, ya que “la disponibilidad de nitrógeno (N) en el suelo inhibe la actividad de los nódulos y es por esa razón que se desestima la incorporación de N a través de fertilizantes”. 

Sin embargo, Bassi apuntó que se trata de “una verdad relativa”, porque la nutrición nitrogenada del cultivo depende de la FBN (inoculación). “La soja requiere de N y es a través de la inoculación que debemos garantizar ese nutriente indispensable”. 

Segundo 
“La soja no responde a la fertilización fosfatada”. Esto es falso, “si falta fósforo en el suelo, se limita el rendimiento”, dijo Bassi. Por el contrario, afirmó que “hay respuestas, bastante generalizadas ya, a la fertilización fosfatada superiores en algunos casos, al 20% en rendimientos”. 

Tercero 
“El Azufre (S) y los micronutrientes no son necesarios”. Esto también es falso, ya que “al igual que las gramíneas, la soja requiere de un balance de nutrientes y las evidencias actuales indican importantes respuestas a la fertilización con S, y a los micronutrientes Zinc (Zn) y al boro (B)”. 

Cuarto 
“No vale la pena fertilizar la soja con antecesor maíz”. Esto no es así. “La soja necesita un nivel de nutrientes para optimizar rindes. Sin dudas la rotación con maíz es saludable ya que permite balancear un nutriente como el carbono (C), pero claramente esto no es suficiente para maximizar el rendimiento en soja. Es fundamental cubrir los requerimientos de los nutrientes mencionados y es difícil lograrlo sin fertilizar la soja”. 

El presidente de Fertilizar enfatizó que “no es el antecesor, es el diagnóstico de suelo el que indica el nivel de nutriente a aplicar”.  

Quinto 
“Fertilizar soja en campo alquilado no tiene repago”. Falso. “Se puede lograr un repago más que interesante en el mismo año de la fertilización”. El consejo es el mismo del caso anterior, tener un diagnóstico del lote y concretar una fertilización balanceada y con la suficiente disponibilidad de nutrientes. 

Sexto 
“Fertilizar con dosis bajas es más eficiente”. “Es el mito más desafiante que nos toca derribar porque el productor de Argentina se ha quedado en la aplicación de dosis bajas”. Hay una mala interpretación de la eficiencia, ya que analizamos la mitad del concepto “producimos más kilos de soja por unidad de nutriente”, pero nos olvidamos de analizar la otra mitad del concepto que es que “producimos pocos kilos de soja porque faltó más nutriente”. 

“Se debe comprender muy bien el concepto cuando hablamos de eficiencias ya que, hasta la sustentabilidad del sistema debe estar considerada dentro de la eficiencia”, dijo Bassi. 

Séptimo
“La nutrición de soja limita la producción de soja en Argentina”. Esto es verdadero. “La limitante nutricional es hoy la más importante”. La red de Fertilizar AC en campo de productores muestra evidencia de limitaciones al rendimiento de un 15% en promedio. Bassi describió que esta Red, donde se comparan diferentes sistemas, el manejo que hace el productor promedio logra resultados más cercanos al testigo sin fertilizantes que a los que lograríamos con manejos adecuados de la fertilización. 

Sin embargo, Bassi alentó que “hay un paulatino aumento del área fertilizada de soja, y es un progreso que queremos destacar, aunque en dosis de ‘arrancador’”. 

De una encuesta realizada recientemente por Fertilizar AC, entre 700 productores que hacen soja de primera en la región pampeana, surgió que fertilizaría el 74% de la superficie sembrada.

En ese mismo relevamiento, el 12% de los productores manifestaron realizar una fertilización anticipada con dosis altas de fósforo y azufre. “Son aquellos productores que innovan y apuntan a dosis de reposición, ajustando el momento de la aplicación. Esta es una estrategia que venimos difundiendo hace muchos años desde Fertilizar”, agregó Bassi. (Noticias Agropecuarias).  

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Estrategias para acortar brechas de rendimiento
El coordinador técnico de Fertilizar AC, Andrés Grasso, presentó información de los ensayos de la entidad sobre los efectos de las estrategias de nutrición en soja sobre el rendimiento, en el contexto de un deterioro en la disponibilidad de nutrientes en el suelo en casi toda la región agrícola de Argentina.

“En 7 campañas, la disponibilidad de fósforo (P) cayó de 23 partes por millón (ppm) a 16 ppm en 2018. El deterioro de la calidad de los suelos por pérdida de nutrientes nos obliga a ser más precisos con el diagnóstico y posterior manejo de nutrientes, ya que los cultivos se están desarrollando en ambientes más limitados”. 

En el caso de la soja, a nivel foliar “casi cinco de cada 10 plantas manifiestan niveles limitantes de fósforo; en el caso de azufre, tres presentan deficiencias a nivel de sus tejidos foliares. Incipientemente también aparece la deficiencia de potasio, especialmente en el Litoral”, apuntó Grasso. 

El nitrógeno y el zinc también estarían afectando los rendimientos, aunque en el primer caso es la adecuada e indispensable inoculación la que nos proveerá el nutriente. “El suelo es un sistema dinámico que se deteriora y afecta directamente la producción de los cultivos”. 

En este orden advirtió: “el rendimiento promedio de soja a nivel país está estancado desde hace años y uno de los factores que mejor explica esta situación es la provisión deficiente y desbalanceada de nutrientes”. 

Ensayos
Atento a esta situación, Fertilizar cuenta con una red de ensayos en ochos localidades con rotaciones que incluyen soja y evalúan la situación de las diferentes estrategias de nutrición a escala y en campo del productor. 

Allí se contraponen: un lote testigo, otro con el manejo habitual del productor y dos más, que, considerando como punto de partida el diagnóstico de suelo, uno busca lograr rendimientos promedios y el otro busca explorar altos rendimientos. 

“Después de cuatro campañas vimos que el productor, con su manejo actual solamente logra mejorar en un 7% al tratamiento testigo, esto es muy poco respecto a lo que podríamos lograr. Pero si comparamos ese productor con otro que sí realiza análisis de suelos y que apunta a producir más rendimiento y contempla aplicación de P y S y hasta micronutrientes, la diferencia es de un 15% de rendimiento, que en kilos son unos 630 en promedio. Esto es habernos quedado a mitad de camino, esto es haber perdido la oportunidad de ser mejores en rendimiento y en sustentabilidad.” El coordinador técnico compartió algunos resultados de la Red del grupo de investigadores de la Universidad Católica Argentina (UCA) y la Red Ridzo CREA Zona Oeste, que también reflejan las evidencias generales del aporte de las diferentes estrategias de fertilización a la producción de soja. “Los resultados son generalizados y contundentes, de esto ya no hay dudas”, destacó. 

En cuanto al análisis económico, el ingeniero agrónomo se enfocó en la pérdida de rentabilidad: “en el primer escenario de mejora (hacer diagnóstico de suelos y fertilizar en busca del rendimiento objetivo promedio), se están perdiendo alrededor de entre 45 dólares por hectárea (US$/ha) de ganancia y cuando se apunta a rendimientos altos, la diferencia es cercana a los 80 US$/ha”. 

Además de generar rendimientos y aumentos de rentabilidad, las correcciones en la estrategia de fertilización redundan en la mejora del suelo, “El fósforo se está recuperando en 1 a 1,3 ppm disponible. Logramos además balances positivos del nutriente que recuperan y mejoran el ambiente”.

“Reforzando los diagnósticos, entendiendo cómo funcionan los sistemas y pensando en mejorar los rendimientos, tenemos que rever la forma de decidir la dosis de fertilizantes en soja”, concluyó.