La Ciudad

Salud

Artritis reumatoidea y Terapia Ocupacional

16|10|20 12:08 hs.

Por Noelia Bravo y Virginia Jensen (*)


Este es el tercer artículo que publicamos desde CER, Conociendo las Enfermedades Reumáticas. Sabemos que la mejor herramienta es el conocimiento, por eso abordamos diferentes temas para seguir informándonos sobre el tratamiento interdisciplinario de la Artritis Reumatoidea. 

Hoy es el turno de la Terapia Ocupacional (TO). Nuestros objetivos principales son la autonomía, la independencia y la seguridad máxima, que puede tener una persona en la realización de sus actividades de la vida diaria básicas (alimentación, vestido e higiene), las más complejas (compras, tareas de la casa, traslados), el trabajo y el disfrute del tiempo libre. 

La Artritis Reumatoidea (AR) es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta las articulaciones. El sistema inmunológico ataca sus propios tejidos (enfermedad autoinmune) y puede comprometer también órganos internos (enfermedad sistémica). Se manifiesta tanto en niños como en adultos. 

Su evolución se presenta por brotes y remisiones. En los momentos de mayor actividad de la enfermedad aumenta el dolor, la inflamación, la rigidez matinal, hay más dificultad para realizar las actividades, por eso es necesario aumentar el reposo. Luego hay momentos de remisión, donde parece que la enfermedad estuviese dormida. Los periodos de una u otra etapa son variables.



Cuando una persona se encuentra frente a un cuerpo distinto con síntomas nuevos busca darle un nombre a lo que le pasa (diagnostico), la rutina cambia, debe encontrar un equilibrio en este nuevo estado de salud. 

En el tratamiento de Terapia Ocupacional existen dos abordajes. En el consultorio se trabaja para disminuir el dolor, la limitación, las deformidades; aumentar la movilidad, la fuerza, el uso funcional, se puede equipar con ayudas técnicas o férulas. El plan de tratamiento se hace según una evaluación individual y revisa periódicamente si necesita modificaciones. 

El segundo abordaje muchas veces se pasa por alto pero es muy importante. Tiene que ver con la evaluación y modificación de los gestos, las posturas, de las formas en que usamos el cuerpo en las tareas cotidianas. Estamos acostumbrados a hacer las cosas de una forma, pero muchas veces no es la correcta. Si cumplimos al pie de la letra todos los ejercicios durante una hora en el consultorio, pero las 23 restantes sentimos dolor, usamos mal la fuerza, tenemos posturas que favorecen la deformidad, vamos a tirar por la borda toda la mejoría lograda con el ejercicio terapéutico. 

Es fundamental escuchar el cuerpo, trabajar junto con el terapista ocupacional para aprender a cuidarlo, saber que estoy haciendo mal en mi rutina cotidiana y de qué manera puedo corregirlo


Con un diagnostico con AR es fundamental escuchar el cuerpo, trabajar junto con el TO para aprender a cuidarlo, saber que estoy haciendo mal en mi rutina cotidiana y de qué manera puedo corregirlo. 

Aquí les propongo algunas sugerencias: 
Aprenda a manejar los tiempos en función de cómo se sienta, aumentar los momentos de descanso en los periodos de actividad de la AR e incrementar la actividad a medida que la enfermedad entre en remisión. Tomar pausas, descansos. 

Para hacer las tareas use las dos manos, reparta el peso entre varias articulaciones, use las más fuertes (hombro, codo en vez de mano). Use toda la mano para hacer las tomas de herramientas, no la punta de los dedos. 

Reparta las actividades, haga una tarea en varios pasos, en distintos momentos, en distintos días si es muy exigente. 

Cambie de posiciones para trabajar, sentado, parado, descansando el pie sobre un banquito, alternar entre varias. 

Esté atento al dolor, trate de evitar las actividades que lo provocan, suspenda lo que está haciendo si aparece dolor. 

Existen en el mercado muchas adaptaciones para las herramientas o mobiliario. Mangos engrosados, carritos para hacer las compras, atril para libros, alcanzador de objetos, baldes con ruedas y sistema de escurrido para lavar el piso; y podría seguir una lista interminable. Por suerte existen muchas opciones para comprar o tomar ideas y adaptar los elementos que uno ya usa. No significa que cambien todas las herramientas y muebles de la casa; pero tengan en cuenta que ante la dificultad de uso o la necesidad de comprar una nueva, deben ser seguros, livianos, durables, ergonómicos, y lo más adaptado posible a las capacidades funcionales que tiene quien lo va a usar. 

A veces no alcanza solo con modificar los tiempos, las formas de hacer las cosas o los elementos que usamos, y aparecen barreras en el ambiente (en la vivienda) que deja de ser amigable y presenta peligros de caídas o accidentes. El ejemplo más común es la existencia de bañera o escalera. Es muy importante estar atentos a estos riesgos y poder prevenirlos. 

Durante todo el proceso es fundamental entre el TO y el paciente analizar su realidad, sus intereses, sus roles, la evolución de la AR y la posibilidad de adaptación de rutinas de acuerdo a la necesidad, ni de mas ni de menos, lo justo en este momento, para esta persona.

Si logramos este equilibrio ganaremos tiempo para que su vida sea lo más autónoma, independiente y segura posible. Ganaremos en calidad de vida. 

(*) Noelia Bravo (M.P. 157.650) y Virginia Jensen (M.P. 1.196) son licenciadas en Terapia Ocupacional