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SÁBADO 13.07.2024
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Aguafuertes tresarroyenses de hoy y de siempre

Mañana absurda

Me desperté hoy a la mañana, desayuné y me duché. Tomé mi libreta, una lapicera y un abrigo ligero de verano, salí de casa, me dirigí hacia la Plaza Italia, caminando, sintiendo el frío en la cabeza por la brisa del viento contra mi pelo mojado, pero a la vez un poco de calor que me obligaba a achinar los ojos por el brillante sol reflejado en el suelo de la vereda. Llegué, me senté debajo de un árbol usando su dura corteza como respaldo para estar cómodo; tomé mi libreta, mi birome y mire alrededor. Usando mis piernas como mesa, empecé a intentar escribir, mirando qué estaba sucediendo; no se me ocurrió nada, vi gente grande pasar por la plaza con preocupación, no sé si preocupación de llegar tarde al trabajo, o preocupación de que les roben, o simplemente esas eran sus caras, pero lo dudo. También había niños y niñas, andando en bicicleta, jugando a la pelota, a las escondidas, a la mancha, y alguno que otro tirado al sol durmiendo; y yo intentando escribir algo, pero mi cabeza estaba en blanco, logré escribir unas pocas palabras, pero no me convencieron.

Hoy no es mi día, pensé. Intenté mirar el paisaje, describirlo, y justo en ese mismo momento llega un conocido y me pregunta -«¿Qué andás haciendo a estas horas por acá?» y le dije que estaba escribiendo aguafuertes tresarroyenses. Se me rió y siguió su camino, mi autoestima bajó demasiado, mis ganas eran nulas, mis músculos temblaban por el frío y decidí ponerme el abrigo. Me recosté en el suelo, quise intentarlo nuevamente, pude escribir un par de hojas. Pero al leer lo que había escrito, me pareció absurdo, ilógico y muy inexacto. Rompí las hojas y comencé todo desde cero.

Pasaron horas y no pude escribir una miserable frase, mi cuello estaba acalambrado, mi espalda dolorida y mis piernas incómodas no ayudaban con el tema. Decidí ponerme los auriculares, escuchar música e intentar hacer algo en la hoja en blanco. Funcionó: ese cielo azul con ligeras nubes grises, ese pasto verde chillón, esos niños felices de tanto jugar y ese sol brillante me inspiraron demasiado, pude describir todo, y expresar muchas cosas. Mi libreta tenía 32 páginas de las cuales use 30. Feliz de haber terminado decidí leerlo nuevamente para corregir errores, y de repente sentí una risa de fondo.., Era la misma persona que me preguntó qué estaba haciendo ahí en la plaza tan temprano, y otra vez me dijo «¿terminaste? ¿puedo leerlo? Y yo feliz, casi orgulloso de que había terminado le dije que sí. Él comenzó a leerlo, sus ojos brillaban y, sin quererlo interrumpir en su lectura, me recosté a esperar a que termine. Cerré los ojos, y escuché una risa que me despertó: era él, riéndose de lo que escribí, criticando mis faltas de ortografía, burlándose de mis frases. Me obligó a tomar mi libreta, empujarlo e irme corriendo a casa. Llegué, agarré mi libreta, comencé a arrancar hoja por hoja mientras las separaba para tirarlas directo al fuego ardiente junto con la lapicera, pero de repente pensé que esa persona era un idiota, que no apreciaba mi esfuerzo por lo que escribí, que no valoraba mi tiempo, ni siquiera fingiendo decirme que era bueno para hacerme sentir bien y que esas horas en la plaza no fueron horas perdidas, que era una mala persona. Decidí volver a juntar aquellas hojas para guardarlas y continuar otro día escribiendo y me quedé pensando que simplemente podría haber sido una mañana absurda…

 

Fragmentos de publicaciones locales

Plaza principal- Hoy que con tanto esmero se está cuidando la plaza -y dicho sea de paso va quedando muy bonita-, nos permitimos hacer un pedido al señor intendente ya que, hasta ahora, como cosa que pasa entre hombres la ha pasado por alto.

Ello es, que ordene se quiten las cadenas existentes en las calles diagonales y en su lugar coloquen si quieren conservarla cerrada, la plaza, los cruceros giratorios que se hallan en los boulevares, pues no es propio como hemos tenido ocasión de observar el último domingo desde nuestra imprenta, que las señoras y señoritas anden dando vueltas por las calles buscando donde entrar, pues es impropio que salten la cadena.

Doctor Benítez, hágalo por ellas, usted que es tan atento y cumplido.

 

Animales sueltos en la plaza- Niños y hombres dañinos, policía. Es inaudito lo que pasa entre nosotros. En ningún pueblo pasa lo que aquí. Hay dos clases sociales: una que representa el progreso, que trabaja por el ornato, por el embellecimiento del pueblo, por el fomento del comercio, agricultura, educación y placeres de la comuna. La otra clase, es la de los retrógados, ignorantes, egoístas, cangrejos del municipio, incapaces de hacer nada en beneficio de los demás si no les reporta beneficio pecuniario a su bolsillo. 

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