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El Congreso que yo vi

En 1913 apareció publicado uno de los libros más famosos de José Ingenieros, “El hombre mediocre”. El capítulo VII lleva por título “La mediocracia”. Parece escrito hoy. Reitero: este libro apareció publicado en 1913.

Dice Ingenieros: “En ciertos períodos la nación se aduerme dentro del país. El organismo vegeta; el espíritu se amodorra. Los apetitos acosan a los ideales, tornándose dominadores y agresivos.

“Entra en penumbra el culto por la verdad, el afán de admiración, la fe en las creencias firmes, la exaltación de ideales, el desinterés, la abnegación, todo lo que está en el camino de la virtud y de la dignidad”.

“Eso es la mediocracia: los que nada saben creen decir lo que piensan, aunque cada uno sólo acierta a repetir dogmas o auspiciar voracidades. Esa chatura moral es más grave que la aclimatación de la tiranía; nadie puede volar donde todos se arrastran. Conviénese en llamar urbanidad a la hipocresía, distinción al amaneramiento, cultura a la timidez, tolerancia a la complicidad; la mentira proporciona estas denominaciones equívocas. Y los que así mienten son enemigos de sí mismos y de la patria, deshonrando en ella a sus padres y a sus hijos, carcomiendo la dignidad común”, agregaba Ingenieros.

Con pasajes de alto voltaje político, la sesión informativa de este miércoles se convirtió en un verdadero duelo de tribunas, donde Marcos Peña se enfrentó a una tropa de diputados kirchneristas que reaccionaron con gritos, falta de respeto al lugar que ocupan y chicanas ante cada respuesta del jefe de Gabinete.

Pero Peña, asistió a la Cámara baja decidido a confrontar con el bloque del Frente para la Victoria-PJ, con alusiones permanentes a la herencia del anterior gobierno bajo la dicotomía entre pasado y futuro.

“Háganse cargo de algo, ¡no se puede con tanto cinismo!”, exclamó, en uno de los momentos más calientes de la sesión, y fue aplaudido por todo el interbloque Cambiemos que se puso de pie.

De izquierda a derecha, como si estuvieran en la tribuna de una cancha de fútbol, como un grupo de patoteros y no de diputados de la Nación, Marcos Cleri, Carlos Castagneto, Juan Cabandié y Adrián Grana -entre otros-encabezaron a los gritos la embestida contra Peña, cada vez que este respondía preguntas. “¡Lo que la gente necesita es comida! ¡Esa es la realidad, Peña!”, bramó el primero. También se escuchó a la camporista Mayra Mendoza: “¡Lo que tienen ustedes es desprecio por las manifestaciones populares!”, acusó.

El FpV-PJ como ya es costumbre desde que se inició el gobierno de Cambiemos empapeló sus bancas con distintos carteles, sobre la crisis de la empresa Sancor y la lucha de los trabajadores del hotel Bauen por la expropiación, reclamo que también fue compartido por el bloque socialista.

Como la última vez, se montó en el Salón de Pasos Perdidos una especie de “corralito” donde cerca de medio centenar de asesores se apostó con computadoras para asistir a Peña en tiempo real. La estructura ocupó, esta vez, más de la mitad de la sala.

Uno de los blancos del Jefe de Gabinete, durante la sesión fue el exministro de Economía Axel Kicillof, a quién le respondió ante tanta exigencia: “Ustedes destruyeron todos los instrumentos de navegación de la economía argentina, empezando por el INDEC. Dejaron un Banco Central sin recursos, dejaron un default, dejaron la economía más cerrada del planeta, háganse cargo. ¡Alguna vez háganse cargo de algo!”, disparó Peña.

Después, “a título personal”, se permitió una acusación perfectamente premeditada: ante las preguntas del titular del PJ José Luis Gioja, dijo sentir “pena” de que una persona “de su investidura” haya firmado el pedido de juicio político al presidente Mauricio Macri por el caso del Correo. Los aplausos del oficialismo estallaron, mientras Gioja atónito seguía sentado en su banca.

“La mediocracia es una confabulación de los ceros contra las unidades. Cien políticos torpes juntos, no valen un estadista” (…) Para obtener el favor cuantitativo de las turbas, puede mentírseles bajas alabanzas disfrazadas de ideal; más cobardes porque se dirigen a plebes que no saben descubrir el embuste. Halagar a los ignorantes y merecer su aplauso, hablándoles sin cesar de sus derechos, jamás de sus deberes, es el postrer renunciamiento a la propia dignidad”, decía José Ingenieros en su libro “El hombre mediocre”, escrito en 1913, que todos los argentinos deberíamos leer.

 

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