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Una maestría inolvidable

El verano fue a puro vértigo para Facundo. En sus vacaciones en la Argentina se enteró de que iba a ser padre por primera vez. En su regreso a suelo australiano presentó a fines de febrero, con mucha repercusión en el prestigioso congreso de la Corporación de Investigación y Desarrollo de Granos (GRDC según sus siglas en inglés), el trabajo de la maestría que está haciendo en la Universidad de Australia Occidental (University of Western Australia). 

Y mientras gestionaba su vuelta adelantada al país para acompañar a Carolina en su embarazo, el coronavirus empezaba a hacer méritos para transformarse en pandemia.
El primer lunes de marzo le aprobaron la papelería en la universidad para poder irse y dar la tesis en forma virtual y sacó pasaje para el miércoles.
El ingeniero tresarroyense se subió al último avión de Air New Zealand que aterrizó en Ezeiza.
“No quiero ni pensar qué hubiera pasado si sacaba pasaje para el jueves en lugar de para el miércoles. No sé qué hubiera tenido que hacer para volver”, dice Facundo, con la tranquilidad de estar en Balcarce disfrutando del crecimiento de Manuel en la panza de su mujer (tienen fecha para septiembre). 
El ingeniero por estos días está dedicado a escribir la tesis de su investigación sobre la resistencia a la mezcla de herbicidas por parte del raigrás, la maleza problema número uno en Australia y también en Tres Arroyos y su zona de influencia, que deberá defender por zoom o skype en alrededor de un mes.
“Me permitieron regresar porque ya había terminado de cursar y todo el trabajo de experimentación y ensayos, y sólo me quedaba escribir la tesis. En pocos días empezó a tomar mayor dimensión lo del coronavirus, y eso hizo que se aceleraran los tiempos para volver”, explica.

Futuro cantado 
Cortese es el apellido de Facundo. Y desde chico vio a su papá Fidel (actual presidente de la Región Sur del Colegio de Ingenieros Agrónomos y Forestales de la provincia de Buenos Aires) y a su abuelo Omar Etcheto trabajar en el campo. “Siempre supe que quería ser ingeniero”, asegura. 

Por eso después de hacer el secundario en la Escuela Agropecuaria no hubo conflictos internos que resolver: en 2008 se mudó a La Plata para recibirse de agrónomo. 
Ya con el título en la mano entró en Aceitera General Deheza para hacer su primera incursión laboral. Sumó mucha experiencia pero también miles de kilómetros. 
En un año trabajó en Santa Fe, Córdoba, Chaco y Salta y antes de llegar al año decidió regresar al pago chico. Llegó entonces un año de trabajo en Cerealera Tres Arroyos y el traspaso luego a Summit Agro, en donde llevó a cabo el desarrollo técnico. Presentó la renuncia cuando recibió la gran noticia de que había sido elegido para realizar la maestría en Australia. 
El desafío
Facundo fue uno de los 14 seleccionados por el programa BEC.AR, que apunta a la formación en el exterior de profesionales argentinos en áreas de ciencia, tecnología e innovación productiva que impulsa el Ministerio de Educación. La beca solventaba la cursada en la Universidad Occidental de Australia y los recursos para vivir dos años.
“La maestría yo la hice en el estudio de resistencia a herbicidas en la maleza raigrás. Que es una problemática nuestra, pero también es la maleza problema número uno en Australia”, cuenta.
“Elegí esa temática porque me pareció muy desafiante ya que en esa universidad hay un instituto de resistencia a herbicida que se llama AHRI, que es de alcance internacional”, agrega Facundo, que por ser hijo de una profesora de inglés, maneja el idioma a la perfección, uno de los requisitos exigidos por el programa BEC.AR. 

El tresarroyense presentó su trabajo en el prestigioso congreso de la GRDC

El ingeniero se instaló en julio de 2018 en la ciudad de Perth, en la costa oeste australiana y región que en lo productivo se caracteriza por ser el cinturón triguero del país, donde se siembran alrededor de ocho millones de hectáreas con el cereal. “En lo personal fue una experiencia muy interesante. Vivir en un país desarrollado, ver cómo se trabaja, cómo se organiza, eso sumado a la dinámica que tienen las universidades, que están muy abiertas y reciben estudiantes de todo el mundo”, destaca el tresarroyense que vino de visita al país a fines de 2018 y a fines de 2019. 
Raigrás
Respecto a su maestría, Facundo estudió cómo el uso de mezclas de herbicidas impacta en el control de poblaciones de raigrás resistentes y también llevó a cabo un ensayo de competencia entre la maleza y el trigo. “No sólo evaluamos cuánto se controló el raigrás sino también cuánta semilla produjo. Porque desde la perspectiva de la resistencia a herbicidas es importante saber cómo se puede manejar ese parámetro”, indica el ingeniero.
En febrero, el tresarroyense presentó el trabajo de la tesis en el congreso de la GRDC, una institución similar al INTA, de investigación mixta y financiada por los productores orientada al estudio y a la extensión tecnológica.
“La institución organiza un congreso anual similar al que realiza acá Aapresid y nos convocaron a presentar el trabajo y por suerte tuvo buena recepción”, cuenta. 
El próximo paso es defender la tesis, “y aprobarla”, dice entre risas Facundo. En el mediano plazo se ve trabajando como asesor independiente, “haciendo algo también con mi viejo”, y por supuesto, ya con el pequeño Manuel en brazos.
 
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Cómo se produce en el
cinturón triguero australiano 
En los más de 20 meses que Facundo Cortese residió en Perth, en varias oportunidades tuvo la posibilidad de salir al campo y observar cómo trabaja el productor triguero australiano. “El cinturón triguero es una región muy grande, donde se siembran alrededor de ocho millones de hectáreas, y la principal limitante que tiene es la hídrica”, explica. 
“En Australia llueve bastante menos que acá, entonces el riesgo del productor es climático. Esto hace que los potenciales sean menores a los nuestros. El rinde promedio de trigo a nivel país allá es menor a los 2000 kilos”, indica. 
Una de las características distintivas de la producción agrícola australiana es la gran extensión de las superficies. “Todas las explotaciones son de escalas muy grandes y eso hace que los productores estén habituados a la incorporación de tecnología, ya sea cosechadores, tractores, y demás, y siempre maquinaria de gran tamaño”, dice. 
Otra de las diferencias que notó Facundo en los campos que recorrió es que la tenencia de la tierra en casi el 100% corresponde a quien produce. No es común la figura del arrendatario. De lo que no tienen ni noticias es de la inseguridad…
“Por lo general el productor vive en el campo y es común que ande arriba de las máquinas, y trabaje con el hijo, más algún empleado”, cuenta el tresarroyense. 
La producción de granos se basa netamente en los cultivos de invierno, debido a que en el verano no llueve no hay campaña de granos gruesos. “Tiene un régimen de lluvia Mediterráneo, en el que llueve sólo entre abril y octubre, entonces los principales cultivos son el trigo, la cebada y la colza”. 
Esto también los obliga a los que tienen explotaciones mixtas a tener que producir la mayor cantidad de pasto posible mientras dure la ventana de lluvias. “Las precipitaciones se presentan hasta octubre/noviembre, a partir de ahí tienen que usar esos recursos diferidos hasta que vuelva a llover, que puede ser entre fin de marzo y mayo, dependiendo el año”, dice. 
En el cinturón maicero la ganadería que se impone es la ovina, al igual que en el resto del territorio australiano. “Hay producción vacuna, pero está ubicada en zonas determinadas, y también existen muchos feed lots”, cuenta. 
Lo que le sorprendió a Cortese fue la excelente logística que tienen tranqueras afuera. “Cuentan con una red de acopios, que sería similar a lo que era nuestra Junta Nacional de Granos, que les permite tener una gran fluidez en el manejo y la comercialización de la mercadería”, dice. 
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